sábado, 15 de octubre de 2011

Formación de las nuevas barriadas del siglo XX en Sanlúcar de Barrameda

En el Estudio Social de los Barrios de Sanlúcar de Barrameda, publicado en 2003 por el Grupo Universitario de Investigación Social de la Escuela de Relaciones Laborales, Trabajo Social y Turismo de Jerez de la Frontera (GUIS), incluimos un capítulo donde se resume brevemente la evolución urbanística de Sanlúcar, centrándonos en la creación de las nuevas barriadas edificadas entre los años 40 y años 80 del siglo XX: cuarenta viviendas agrícolas en El Palmar (1943-48), barriadas de Los Ángeles (1958), Virgen del Carmen (1959-61), Jesús Nazareno (1961), San Lucas (1972), El Palomar (1974-89) y Huerta San Cayetano (1986-90).


 EVOLUCIÓN URBANÍSTICA DE SANLÚCAR DE BARRAMEDA
Barrio Alto y Zonas Sur- Suroeste
(Formación de las nuevas barriadas del siglo XX)

Sanlúcar de Barrameda se encuentra enclavada al suroeste de Andalucía y al noroeste de la provincia de Cádiz, en la desembocadura del Guadalquivir, cuyo río ha determinado gran parte de su devenir histórico. Desde la orilla izquierda, la ciudad se enfrenta al Parque Nacional de Doñana, que se prolonga hacia Sanlúcar en el pinar sagrado de La Algaida, en las húmedas marismas y blancas salinas, conformando parte del Parque Natural del Entorno de Doñana. En la actualidad, Sanlúcar cuenta con un término municipal de 165,29 Km y un censo poblacional de 61.088 habitantes. La ciudad disfruta del clima mediterráneo característico de la zona, cuyas temperaturas más extremas se ven aquí suavizadas por las frescas brisas del Atlántico.
El centro urbano se encuentra dividido longitudinalmente por una barranca natural, de unos 20 metros sobre el nivel del mar, que se extiende entre los extremos de La Jara y Bonanza, determinando el tejido urbano del centro histórico. Desde la antigüedad, manaban de este escarpe numerosos manantiales de aguas medicinales y ferruginosas, que además propiciaron el cultivo de ricas huertas en todo el cinturón periurbano de la ciudad.
Sanlúcar de Barrameda cuenta con una larga e interesante historia. Su actual configuración urbana es el resultado de las características físicas del territorio, de su trayectoria histórica y de las políticas urbanísticas de cada época.

De la época medieval al siglo XX (Barrio Alto - Barrio Bajo)

El núcleo poblacional más antiguo se situaba en la originaria isleta de La Algaida, en pleno Lago Ligustino y junto al santuario del Lucero de la Mañana, donde se desarrollaron las más primitivas etapas históricas, dándose cita en aquel lugar sagrado los más diversos pobladores tartesios, fenicios, púnicos, griegos, cartagineses y romanos. Durante la época hispano-árabe (711-1260), la población se concentra ya en la zona más alta de la actual ciudad, alrededor de la Plaza de la Paz, en el Barrio Alto. Aquí los andalusíes edificaron el Alcázar de las Siete Torres, algunos de cuyos restos se conservan integrados en el palacio ducal de Medina Sidonia. Esta fortaleza musulmana se situó dominando la barranca para defender más efectivamente la desembocadura del Guadalquivir. Con la conquista definitiva de Sanlúcar por Alfonso X (1264) y su posterior donación en señorío a Alonso Pérez de Guzmán, “Guzmán el Bueno” (1297), se organiza el villorrio cristiano que, en principio, se circunscribe al interior del Alcázar hispano-árabe. Poco más tarde, con la llegada de nuevos repobladores, se ampliará el caserío al mayor espacio que delimitaron las nuevas murallas levantadas por Guzmán el Bueno. A partir del siglo XIV empieza a transfigurarse esta primitiva fisonomía del Barrio Alto con la construcción de la Iglesia Mayor, el palacio de los Guzmán y el castillo de Santiago, ubicado en uno de los ángulos de la muralla, en la cota más alta de la barranca sanluqueña. De forma paralela al surgimiento de estos indispensables edificios medievales, se va arruinando el ya denominado por entonces como “Alcázar Viejo”.
En el interior del recinto murado se desarrolla la vida ciudadana hasta que progresivamente comienza a poblarse el Barrio Bajo (XV), en coincidencia con el aumento de población provocado por la plena participación de Sanlúcar en las más importantes rutas comerciales de la época, las del Estrecho y las Atlánticas. Así, al calor de la barranca y adicionada a la primera Sanlúcar Guzmana, se vertebra el Barrio Bajo, entre los siglos XVI y XVII, surgiendo esa otra Sanlúcar indiana y colonial que mira hacia el mar. La ordenación de estos terrenos bajos se inicia a partir del privilegio ducal, que permitía edificar en la Ribera (1478), aunque probablemente ya se había comenzado a poblar con anterioridad a esta fecha. A pesar de los intentos que se hicieron por limitar la expansión urbana del Barrio Bajo, no pudiéndose rebasar en principio la línea de las atarazanas (actual calle Regina), esta normativa cayó en desuso debido el intenso crecimiento económico, demográfico y urbano de la villa.
De esta forma, en el siglo XVIII Sanlúcar cuenta con dos barrios bien diferenciados: el Barrio Alto, cerrado y señorial, de trazado propiamente medieval; y el Barrio Bajo, edificado junto al mar mediante una trama más ordenada y regular. La mayor parte de ambos barrios integran en la actualidad el Conjunto Histórico-Artístico de Sanlúcar, declarado en 1973.
Así, la zona barrioalteña, asentada en “una planicie dilatada y llana”, que se extiende desde el filo de la barranca hasta El Palmar de San Sebastián, adopta una forma semicircular sin plan preconcebido, donde aún pervive la huella del trazado medieval, predominando “las calles desiguales en su giro y orientación” (Velázquez Gaztelu), que evocan el carácter defensivo de la antigua villa. En el centro, la Plaza Alta (Plaza de la Paz) actúa como primera reguladora urbana, desde donde se expanden los espacios urbanos más significativos de la Edad Moderna. De ella partieron las principales vías de comunicación –calles Caballeros, Luis de Eguílaz, Jerez y Monteros--, para desembocar en cada una de las cuatro Puertas abiertas en la antigua muralla. Las reformas quinientistas regularon en cierta medida estos espacios del Barrio Alto, alineándolos para facilitar el paso de carruajes, empedrándolos y ensanchándolos en aras de una mejor aireación y salubridad, aunque aún persisten algunos espacios irregulares y tortuosos, recovecos y callejuelas sin salida, como restos de su más primitiva disposición urbanística. La arquitectura y la propia toponimia del callejero se vinculan estrechamente a la influencia y mecenazgo de los Guzmanes, ennoblecidos con el Condado de Niebla (1368) y el Ducado de Medina Sidonia (1445).
A partir de la segunda mitad del XV y principios del XVI la presión demográfica desborda el recinto murado. Diversas puertas y portillos perforan la vieja muralla surgiendo senderos y escalerillas hacia el Barrio Bajo. Al mismo tiempo afloran cuatro arrabales a extramuros, junto a las antiguas Puertas de la ciudad, de las que toman su nombre --Arrabal de la Fuente, Arrabal de la Puerta de Jerez, Arrabal de la Puerta de Sevilla y Arrabal de la Mar--, los cuales darán lugar a la configuración de los más antiguos barrios sanluqueños. Cuando se originaron estos arrabales, eran pequeños núcleos de viviendas trazados de forma desordenada, que paulatinamente se fueron expandiendo para terminar algunos de ellos uniéndose entre sí, como ocurrió con el Arrabal de la Fuente --junto a la Puerta de Rota y centrado en la plaza de la Fuente Vieja-- y el Arrabal de la Puerta de Jerez, unificados en el popular “Pozo Amarguillo”.
El caserío barrioalteño se caracteriza por la elegancia y sobriedad propias de la tipología residencial bajoandaluza. El gran aporte popular se alterna con numerosas casonas de los siglos XVII y XVIII. Así, se mezclan en el Barrio Alto aquel primer urbanismo de carácter medieval con los elementos propios de la más señorial “ciudad-convento”, desarrollada en los siglos barrocos. Varios monasterios y templos, casi todos del siglo XVII, se insertan en la antigua trama urbana protagonizando destacados conjuntos espaciales (parroquia de Ntra. Sra. de La O; basílica de Ntra. Sra. de la Caridad; convento de las Descalzas; iglesia de San Miguel; antiguos conventos de los agustinos y jesuitas, etc.). La época ilustrada se encargará de embellecer aún más estos espacios barrioalteños con aristocráticos ejemplos de arquitectura civil. Y, ya a mediados del siglo XIX, adquirirá un gran protagonismo el entorno urbano del palacio Orleáns-Borbón, edificado en 1852 en el alto de la Cuesta de Belén, como residencia veraniega de los Duques de Montpensier. En las principales calles del Barrio Alto –Caballeros, Caridad, Luis de Eguílaz, Jerez o San Agustín--, se sitúan los más emblemáticos monumentos y las viviendas de mayor porte, pertenecientes a la oligarquía de la época, mientras que la zona más alta se caracteriza por el asentamiento de una población más modesta, en su mayoría jornaleros y pequeños propietarios agrícolas, cuyas sencillas casas, de una o dos plantas y sin ornamentación exterior alguna, siguen ocupando ese segundo Barrio Alto hasta sus estribaciones con El Palmar de San Sebastián. Estos límites del Barrio Alto quedarán fijados en el siglo XVIII manteniéndose prácticamente igual hasta mediados del siglo XX.
En las últimas décadas se han insertado puntualmente, en esta antigua trama urbana del Barrio Alto, algunas promociones de viviendas protegidas como las ejecutadas en el antiguo convento de los jesuitas (calle Luis de Eguílaz) o en el solar del antiguo Asilo de San Rafael (calle Descalzas).
El primer barrio que se formó a extramuros y que terminó siendo el más importante fue el arrabal de la Ribera o de la Mar, futuro Barrio Bajo. Comenzó a articularse a partir del siglo XV junto al antiguo puerto de Sanlúcar que, por aquellos años, vive momentos de esplendor, participando de los grandes descubrimientos geográficos y del intenso tráfico comercial con las Indias. Junto a este arrabal de la Ribera, surgen otros barrios relacionados con las marinerías --La Balsa, Archite, Los Gallegos--, que nacieron como núcleos aislados, para terminar fundiéndose en el siglo XVII y conformar el extenso Barrio Bajo. Al tiempo que la ciudad alta y fortificada va perdiendo su primitiva función defensiva, esta Sanlúcar moderna inicia su crecimiento abierto junto al mar, de forma ordenada y reticular, según los preceptos quinientistas. Así, el Barrio Bajo de Sanlúcar recorre longitudinalmente todo el centro histórico, desde la zona de El Mazacote hasta El Pino, componiendo otro gran fragmento de la biografía de la ciudad. Limitado en principio por la calle Banda de la Playa, cuya vía supone el límite de la antigua línea costera, en el siglo XVIII el Barrio Bajo se encuentra articulado mediante cinco calles maestras trazadas en paralelo a la costa --Carmen Viejo, Regina, Ancha, Bolsa y Trasbolsa--, todas encaminadas hacia el puerto de Bonanza, las cuales quedaron entrecruzadas por otras dieciocho calles, que desde la barranca se dirigen al mar. Esta Sanlúcar moderna quedará desde entonces centralizada en la Plaza del Cabildo.
Jalonan este espacio urbano del Barrio Bajo destacados monumentos de la Sanlúcar renacentista y barroca que, por su cercanía a los puertos y en el camino de Bonanza, se encuentran profundamente vinculados a los hechos del descubrimiento y colonización americanas. Estos templos, conventos, edificios públicos, recios palacetes y grandes casas de cargadores a Indias establecen un ritmo concatenado, a través de pequeñas plazuelas, patios conventuales y jardines privados, que termina por configurar una gran fachada urbana que mira hacia el Guadalquivir y al Atlántico. La destacada función comercial que cumplirá Sanlúcar, como ciudad portuaria, durante la Edad Moderna, resultó tan decisiva que todo este urbanismo del Barrio Bajo quedó orientado hacia el océano.
Así pues, el espacio urbano del Barrio Bajo quedó sistematizado de forma geométrica y uniforme, mediante una gran planta alargada que se presenta reticulada en manzanas regulares. Se prolonga aquí el conjunto arquitectónico de la Sanlúcar alta y señorial, de marcado carácter religioso, que sigue estructurando la severa ciudad-monasterio patrocinada por los Medina Sidonia, pero prevalecen los más modernos conceptos urbanísticos de las calles tiradas a cordel que se entrecruzan en ángulo recto. Algunas fachadas de templos y grandes casonas protagonizan hermosas perspectivas urbanas, al tiempo que articulan los entornos más inmediatos.
Por tanto, la conjunción de la Sanlúcar señorial del Barrio Alto y la Sanlúcar americana del Barrio Bajo suponen un excelente conjunto urbano, donde destacan los grandes volúmenes correspondientes a los más relevantes monumentos religiosos y civiles que, junto al gran despliegue de formas y tipologías residenciales, desde las más populares a las más aristocráticas, confieren a la ciudad de Sanlúcar de Barrameda una gran categoría histórica y artística dentro de la Baja Andalucía.
El reformismo borbónico efectúa importantes mejoras urbanas en la fisonomía sanluqueña. Se amplían algunas plazas y se embellecen las antiguas calzadas, convirtiéndolas en espaciosas y frescas alamedas, como las de Pescadería --construida en 1612 y renovada en 1715--, el paseo de la Aduana o La Calzada --abierto en 1594 y renovado en 1774--, el Campo de San Francisco el Viejo (1770) o el paseo de El Palmar de San Sebastián (1777).
Los cambios del siglo XIX no trastocaron la estructura esencial de la ciudad. Con el movimiento desamortizador desaparecen ciertos conventos, cuyos solares y huertas se reconvierten en bodegas y viviendas, mientras que algunas antiguas edificaciones reciben otros destinos. El espacio se completa con nuevas construcciones que, en general, respetaron la fisonomía y las proporciones de la ciudad barroca. Básicamente, el siglo XIX reformará la Sanlúcar Alta y Baja en fachadas, alineaciones de vías, ensanches, cerramientos de manzanas y plantación de arbolado, al objeto de mejorar el tránsito rodado y el aspecto urbano. Todas estas obras decimonónicas fueron minuciosamente inspeccionadas por las Comisiones municipales de Ornato, Obras Públicas y Fomento, que extremaron su celo para que se respetasen las "Reglas de Ornato Público", las cuales otorgaban gran importancia a la simetría en fachadas, según el gusto academicista de la época. Es significativa, en este sentido, la creación de la plaza de arquitecto municipal en la temprana fecha de 1853, cuyo cargo ostentaron destacados profesionales de la zona. De forma paralela, en la línea de las mejoras higienistas propias del XIX, se dota a la ciudad de las imprescindibles infraestructuras urbanas: se pavimentaron las calles, se acometió el alcantarillado de la ciudad y se remozaron numerosas casas y fachadas de los barrios antiguos. Todo ello coincide con la aparición de los nuevos servicios públicos, como los modernos sistemas de transporte: el ferrocarril, los barcos de vapor o el tranvía; se instalaron nuevas cañerías de hierro (1852); se acometieron obras de conducción y distribución de agua potable (1875) y se instaló el alumbrado de gas (1883), entre otras actuaciones, que hicieron más cómoda y agradable la vida en la ciudad.
En las últimas décadas del siglo XIX y primeras del XX se efectúan importantes transformaciones en Sanlúcar, las cuales suponen la penúltima adición urbanística de la ciudad histórica, que se desarrollará en dos fases constructivas. Este nuevo movimiento edificatorio fue producto de dos principales factores, que dinamizaron las estructuras socioeconómicas de la ciudad desde la segunda mitad del siglo XIX. Por un lado, la nueva función urbana de Sanlúcar, inaugurada por los Montpensier, como gran centro veraniego atraerá a un buen número de residentes durante la época estival que construyen grandes casonas de verano; y, por otra parte, la decidida burguesía surgida alrededor de la floreciente industria vitivinícola levantará nuevas bodegas en la ciudad. Así, veraneantes y vinateros edifican esa Sanlúcar costera y bodeguera que se asoma al río, al mar y a Doñana, superponiéndose a los terrenos facilitados por la progresiva retirada de la línea costera.
La primera fase constructiva de esta nueva ordenación urbanística se desarrolla en las últimas décadas del siglo XIX, insertándose aún sobre los antiguos solares de la ciudad barroca, especialmente en las calles San Juan, Bolsa, Trasbolsa y Banda Playa. Sin salir del centro histórico, se localizan novedosas formas arquitectónicas estrechamente relacionadas con los historicismos decimonónicos. Al mismo tiempo se edifican dos nuevos frentes bodegueros, situándose el primero en el Barrio Alto, al filo de la barranca (calles Luis de Eguílaz, entorno del castillo de Santiago y calle Sevilla); y el segundo en el Barrio Bajo, en la línea de la calle Banda Playa, quedando ambos orientados hacia las brisas de poniente, tan necesarias para la crianza de la manzanilla sanluqueña.
A partir de esta divisoria –calle Banda de la Playa-- se efectuará la segunda fase constructiva de estas transformaciones urbanísticas, durante las primeras décadas del siglo XX, en terrenos cedidos gratuitamente por el Ayuntamiento de Sanlúcar para urbanizar la zona costera. La actuación más destacada de esta época es la ordenación urbana del paseo de La Calzada, así como los frentes principales de las actuales avenidas de Bajo de Guía y Las Piletas, cuyas edificaciones se prolongarán intermitentemente por el litoral hasta La Jara. En estos espacios se construirá una colonia veraniega constituida por una serie de “hoteles” o villas de carácter aristocrático-burgués que, estilísticamente, se adscriben al regionalismo imperante en la época. Aparece aquí una atractiva arquitectura de recreo, de tipo civil residencial, relacionada directamente con los veraneantes altoburgueses de la primera treintena del siglo XX, estructurándose nuevos paisajes urbanos en la última línea de la ciudad, cuyo equilibrado conjunto terminará por definir algunos de los ámbitos más representativos de Sanlúcar.
Por tanto, la ciudad medieval y barroca se verá ampliada, durante las décadas de entresiglos, con este nuevo ordenamiento bodeguero y residencial que alcanza la línea costera. Estas edificaciones, a pesar de su diversidad funcional y estilística, respetaron los entornos donde se insertaron y completaron armónicamente la ciudad tradicional. Con posterioridad, se efectuará la última ordenación urbana en esta zona costera del Barrio Bajo, mediante nuevas construcciones derivadas del desarrollo turístico y económico de los años 60. Estas manzanas de viviendas unifamiliares y edificios de pisos, que hoy se levantan en los últimos terrenos cedidos por el mar, junto al paseo marítimo, irrumpieron modificando en gran parte el tradicional paisaje que definía la costa sanluqueña. Pues, en bastantes ocasiones, estas edificaciones fueron levantadas sobre la especulación de los terrenos litorales, atentándose contra la unidad urbana anterior y oponiéndose a una fisonomía racional y humanizada de la ciudad.
Por otra parte, desde las décadas de los años 40 y 50, surgen nuevos planes de ensanche y urbanización en otras zonas de Sanlúcar, los cuales afectaron principalmente a los vacíos urbanos existentes a ambos lados del paseo de La Calzada, cuyas zonas periurbanas se hallaban entonces ocupadas por tradicionales huertas y navazos. Así, en el primer “Plan de Ordenación General y Proyecto de Ensanche y Urbanización” (1949) se contempla ya una zona de ensanche urbano en los terrenos situados entre la “calle Banda de la Playa, Calzada de la Constancia, Avenida de Villamarta e Infantes de Orleáns y Calzada de la Pescadería”, donde se preveía principalmente la construcción de edificaciones veraniegas. Por tanto, las viviendas asentadas en estas nuevas zonas urbanas fueron diseñadas para la clase media-alta de la población y veraneantes, construyéndose casas unifamiliares y bloques de pisos amplios y de buena calidad. Desde entonces, estos dos extremos del Barrio Bajo han continuado ampliándose hasta la actualidad. Tras las sucesivas aprobaciones de los PGOU de 1979, 1987 y 1997, ha quedado consolidada con bloques de pisos y viviendas adosadas toda la zona del Cabo Noval, así como los alrededores de los ejes circulatorios conformados por la Calzada de la Infanta y avenida de la Pescadería, cuyos espacios aún se hallan en construcción, pudiendo calificarse de febril la actividad edificatoria efectuada en estos espacios durante la década de los años 90. Asimismo, en las últimas décadas se ha llevado a cabo la ordenación urbanística de la carretera de Bonanza, ocupada hasta no hace mucho por huertas y navazos, la cual se ha completado más recientemente con la redacción de varios Planes Parciales y edificación de nuevas promociones de viviendas en el “Alto de las Cuevas” y “Verdigones”, cubriéndose así los vacíos urbanos existentes entre Bonanza y el Barrio Bajo y entre éste y Bajo de Guía. Además, a ello hay que agregar las ampliaciones urbanísticas acometidas en los terrenos residenciales de La Jara.

Urbanización de la zona sur-suroeste. El Palmar de San Sebastián y las nuevas barriadas
Tras la guerra civil se inicia la ordenación urbanística de la zona más alta de Sanlúcar, situada al sur de la población y en las estribaciones del Barrio Alto. Entre finales  de los años 40 y finales de los 80 se edifica progresivamente todo este espacio, desde antiguo denominado Égido del Palmar de San Sebastián, el cual había permanecido durante siglos como cinturón periurbano de Sanlúcar en el que prevalecían los usos agrícola y recreativo.
En la década de los años 40 se manifiesta en Sanlúcar una gran preocupación municipal, tal como ocurre en el resto del Estado español, ante los problemas derivados de la escasez de viviendas que se detecta en la ciudad, así como por las precarias condiciones espaciales e higiénicas en que vivía una buena parte de la población sanluqueña, la cual se encontraba hacinada en casas vecinales del centro histórico. Muchas de estas viviendas se hallaban integradas en antiguos palacetes aristocráticos de los siglos XVII y XVIII --calles Fariñas, Alcoba, Bolsa, Trasbolsa--, cuyos interiores fueron fragmentados para componer los denominados “partiditos”, constituidos por una o dos habitaciones para cada familia, contando con aseos comunes y deplorables servicios higiénicos. Al mismo tiempo, se localizaban algunas zonas deprimidas, compuestas por grupos de chozas y chabolas, que se extendían principalmente en la franja costera situada entre Bajo de Guía y Bonanza.
Esta grave situación de habitabilidad obliga a los gobernantes municipales a adherirse a los nuevos planes de viviendas, puestos en marcha por el Estado en todo el territorio nacional, a través del Instituto Nacional de la Vivienda. Así, a partir de los años 40 se redactan varios proyectos y comienzan a construirse nuevas barriadas, en su mayoría de promoción pública, destinadas a las clases más humildes de la población. Para ubicar estas nuevas viviendas se eligió El Palmar de San Sebastián, debido a que buena parte de estos terrenos eran propiedad municipal, desde “tiempo inmemorial”, cuya circunstancia favoreció una más rápida puesta en marcha de los proyectos, puesto que la adquisición por parte del Ayuntamiento de otros espacios libres ubicados dentro de la población hubiesen retrasado notablemente la viabilidad de tales ejecuciones urbanísticas. Por tanto, será en esta zona donde se efectúe una de las más destacadas actuaciones urbanas de la época. La finca El Palmar de San Sebastián, así llamada por la antigua ermita del mismo nombre que allí había existido desde el siglo XVI, estaba situada a las afueras de la población y se encontraba atravesada por una artería principal denominada entonces “Paseo de las Acacias” o “Arrecife de los Palos” (actual avenida de Godoy y calle Palos), cuya vía constituía la prolongación de las barrioalteñas calles Mesón del Duque y Cruz del Monaguillo. Este paseo con alameda, que contaba con cien metros de largo por diez de ancho, había sido creado en el siglo XVIII como lugar de recreo, siendo muy frecuentado por los vecinos del Barrio Alto. Con anterioridad al establecimiento de las actuales barriadas, este paseo se hallaba enverjado y disponía de asientos a ambos lados para descanso de los paseantes, además de una pequeña casa para el guarda. El Palmar limitaba con las casas más modestas de viejo Barrio Alto, con la finca El Botánico y con las denominadas entonces carreteras de Jerez (actual calle Puerto) y carretera de Bonanza (actual avenida de la Constitución).
La superficie de estos terrenos municipales situados en El Palmar alcanzaban los 119.975 m2 (11,99 ha), encontrándose además ocupados por diversas huertas, recreos y pequeñas viñas de propiedad particular. La topografía de toda la zona era muy suave (0,4 %), detectándose una ligera pendiente hacia la ciudad. Por su parte, el firme se encontraba a muy escasa profundidad (0,50 - 1,50 m), caracterizándose este suelo de arenas finas algo limo-arcillosas por poseer una gran uniformidad y una compacidad entre media y alta. Estos factores físicos favorecieron la implantación de las nuevas viviendas, pues no fue necesario realizar movimientos de tierra de gran envergadura ni cimentaciones que requiriesen especial dificultad. En 1956 El Palmar se encontraba subdividido en ocho parcelas, de las que se había segregado en 1945 un solar (15.796 m2) destinado a construir las primeras viviendas para obreros agrícolas. Estos terrenos municipales sólo podían ser cedidos por el Ayuntamiento si redundaba en beneficio del bien público y previa autorización del Ministerio de la Gobernación (Archivo Municipal de Sanlúcar de Barrameda -A.M.S.B.-, Leg. 6462). Desde finales de la década de los años 40 hasta finales de los 80, se edifican sucesivamente en El Palmar cuarenta viviendas agrícolas (1943-48) y las principales barriadas de Los Ángeles (1958), Virgen del Carmen (1959-61), Jesús Nazareno (1965), El Palomar (1974-1989), San Lucas (1972) y la más reciente Huerta de San Cayetano (1986-90). Con posterioridad, este sector quedará ampliado por su lado suroeste mediante la ejecución del ordenamiento urbano contemplado en el Plan Parcial “Huerta Grande” (1990), a través del cual se ocupará todo el vacío existente entre la zona de Capuchinos - Huerta Grande y el casco antiguo. Además, por el lado sureste de El Palmar, se desarrollarán las ampliaciones urbanísticas existentes en el margen derecho de la avenida de la Constitución, entre las carreteras de Jerez y Trebujena y avenida de la Estación.
La edificación de las nuevas barriadas de El Palmar siguieron las normativas impuestas por el Instituto Nacional de la Vivienda, cuyo organismo, creado en 1939 junto la Ley de las Viviendas Protegidas, se encargaba de aprobar y gestionar todos los proyectos, que en su mayor parte eran tramitados por la Obra Sindical del Hogar y la Arquitectura, entidad que también ponía en marcha sus propios proyectos y dictaba Normas e Instrucciones complementarias para la edificación de viviendas. Con posterioridad, en 1954, la construcción de estas promociones se regirá por la nueva Ley de Viviendas de Renta Limitada, cuyo Reglamento fue aprobado en 1955. En un principio, se plasma en Sanlúcar una política donde aún predominan las viviendas unifamiliares de tipo rural –viviendas agrícolas de 1947 y las existentes en la barriada Virgen del Carmen--, cuya estructura se encuentra muy próxima a las casas de los nuevos poblados construidos por el Instituto Nacional de Colonización. Pero, poco más tarde estas concepciones derivarán hacia los nuevos diseños de bloques de pisos –bien de tipo cerrado con patios interiores y carácter marginal o bien de tipo abierto--, destinados a comunidades vecinales, manteniéndose vigentes estos cánones de habitabilidad entre las décadas de los años 50 y 80 con ligeras variaciones.
El I.N.V. dictó un Reglamento donde se regulaban los diversos aspectos relacionados con la construcción y gestión de estas barriadas. En general, los procedimientos constructivos, aplicados a estas viviendas de “tipo social” eran los “usualmente tenidos por buenos y más económicos en las viviendas de tipo modesto de la ciudad”, esto es, cimientos de hormigón; muros de fábrica de ladrillo; forjados de hormigón armado; azoteas de baldosín sevillano o cubiertas de teja curva sobre tableros de rasilla y tabiquillos; paramentos enfoscados con mortero de cal y cemento; enlucidos y pintados a la cal o pintura de silicato; solería hidráulica en pavimentos interiores; instalación eléctrica empotrada; instalación de abastecimiento de agua con tuberías de plomo; red de desagüe también de plomo; red de agua caliente con hierro galvanizado; y bloque de cocina y termo según el tipo adoptado por la Obra Sindical. Independientemente de este sistema constructivo, cada arquitecto añadía ciertos detalles ornamentales en las fachadas de los edificios, los cuales terminarán por personalizar a cada una de estas barriadas. Asimismo, el Instituto y la Obra Sindical establecieron una vivienda-tipo --programa mínimo más económico--, donde se limitaba la superficie y el precio final de cada vivienda, los cuales rondaban los 50 m2 de superficie construida y las 25.000 / 30.000 pesetas por vivienda. Respecto a las orientaciones, el I.N.V. fijaba para los dormitorios una orientación noreste-sureste, eliminando en lo posible la disposición norte, mientras que para los cuartos de estar se establecía una orientación hacia mediodía. En cuanto a las infraestructuras, en los años 50, la red de abastecimiento de agua se calculaba partiendo de un consumo de 600 litros diarios por vivienda de seis habitantes, es decir, 100 litros diarios por habitante (Bda. Los Ángeles), computándose de forma semejante los consumos de luz y red de alcantarillado. Por otra parte, la elaboración de los presupuestos se regía por las descomposiciones oficiales de los precios realizadas por el I.N.V., donde se tenían en cuenta principalmente los precios vigentes de materiales y jornales. Sin embargo, a veces se introducían variantes en estos precios, debido a diversas circunstancias como, por ejemplo, el excesivo coste que suponía el traslado de determinados materiales a pie de obra, especialmente el cerámico (Bda. Los Ángeles). Para la adjudicación de las viviendas (1943), se calculaban los ingresos anuales de los posibles beneficiarios, considerándose que el período laboral de un jornalero era de 315 días al año, ya que los días de paro se veían compensados por el trabajo que éste realizaba en terrenos propios o arrendados, previéndose una pérdida de 50 días al año por lluvias u otras circunstancias. De todo ello se deducían los ingresos anuales, al objeto de comprobar si los adjudicatarios podrían disponer del 20% estimado para el pago de las cuotas de amortización. De igual forma, el Instituto disponía de un pliego de condiciones-tipo para la contratación de las obras. Y todos los proyectos debían ser aprobados por la Delegación Provincial de Cádiz y por el I.N.V. y, más tarde, por el Departamento de Programación del Ministerio de la Vivienda.
La mayor parte de estas nuevas barriadas construidas en El Palmar se acogieron a los beneficios económicos, directos e indirectos, que proporcionaba la Ley de la Vivienda de 1939 y sus respectivos reglamentos, todo ello gestionado a través del Instituto Nacional de la Vivienda, de donde fue primer Director General Federico Mayo y Gayarre, cuyo nombre sería adoptado para rotular diversas calles y barriadas de la época. Entre los beneficios indirectos se hallaban diversas bonificaciones fiscales, tributarias y de expropiación forzosa; y los directos consistían básicamente en otorgar al Ayuntamiento o entidad promotora un anticipo sin interés del 40% del presupuesto reintegrable en veinte años; un préstamo del 24% del presupuesto al interés legal del 4%, a reintegrar también en veinte anualidades; y una prima a la construcción del 20% del presupuesto. Por su parte, las entidades constructoras se obligaban a colaborar con una “prestación personal” del 6% del presupuesto. Y el Ayuntamiento aportaba el 10% del presupuesto, reintegrable en los primeros veinte años; abonaba al I.N.V. un 0,15% por derechos obvencionales; además de constituir dos hipotecas sobre los terrenos y edificaciones a favor del I.N.V. para responder a la devolución del préstamo y anticipo concedidos. Con la Ley de 1954 de Viviendas de Renta Limitada aumentaron estos beneficios de forma que, por ejemplo, los anticipos sin interés podían alcanzar hasta el 80% del presupuesto y una amortización de 50 años, pagando el 20% restante la entidad promotora o los propios beneficiarios.
La primera iniciativa municipal llevada a cabo en Sanlúcar, para resolver el grave problema de escasez de viviendas, fue tomada en 1942 por el entonces Alcalde, Tomás Barbadillo Delgado, quien solicitó autorización a la Comisión Municipal Permanente (12-08-1942), para iniciar las gestiones necesarias a fin de comenzar a construir diferentes tipos de viviendas en varias zonas de la ciudad. Para realizar esta propuesta, el Alcalde se fundamentaba en los beneficios que otorgaba la reciente Ley de la Vivienda de 1939, así como el Reglamento de 8 de septiembre de 1940 y la Ley de 9 de noviembre de 1940, destinadas a solucionar el problema de la carestía de vivienda generalizado en todo el país. En tal sentido, el alcalde sanluqueño propuso la urbanización y construcción de nuevas casas en tres principales núcleos de la ciudad: “en los terrenos situados entre la Avenida del Ejército y Cerro Falón, en forma de viviendas individuales para maestros, funcionarios, etc.; en los terrenos propiedad del Ayuntamiento del Palmar de San Sebastián para obreros del campo; y en forma de bloques de viviendas, en lugar apropiado que se busque, para marineros, cerca del barrio en que le es necesario habitar”. En respuesta a estos proyectos, la Comisión Permanente (19.08.1942) aprobó la construcción de 120 viviendas, de las cuales cuarenta estarían destinadas a maestros, funcionarios, etc.; cuarenta para obreros agrícolas y las cuarenta restantes para pescadores (A.M.S.B.; Leg. 1751/1). Dentro de este contexto, la Comisión Permanente (23.12.1942) autorizó también al Alcalde para que gestionase con el Banco de Crédito Local un préstamo de diez millones de pesetas con un mínimo de amortización de treinta años, cuya cuantía estaría destinada a la ejecución de un Plan General de Mejoras para el conjunto urbano, donde se integraban diversas obras de infraestructuras y la construcción de viviendas protegidas. Estos proyectos ya habían sido elaborados y presupuestados, considerándose de imperiosa necesidad “el alcantarillado, red interior de distribución de aguas, aumento de caudal disponible por traída, pavimentación, grupos escolares, adquisición de terrenos para viviendas protegidas y construcción de un hotel para veraneantes” (A.M.S.B., Leg. 7037).
Inmediatamente a la adopción de estos acuerdos municipales, y en el marco del citado Plan de Mejoras, el Ayuntamiento procedió en 1943 a encargar al arquitecto José Delgado Lejal un proyecto para construir cuarenta viviendas en El Palmar, las cuales estarían destinadas a obreros agrícolas (A.M.S.B., Leg. 1751). Denominadas en principio como “Viviendas del Palmar”, el proyecto definitivo de estas “40 Viviendas Protegidas para Obreros Agrícolas” fue aprobado provisionalmente por el I.N.V. en 1944. Este mismo año se convocaron dos subastas para la contratación de las obras, pero la primera fue impugnada desestimándose por el I.N.V., de forma que se procedió a una segunda convocatoria, en la que resultó como único postor la sociedad Construcciones Hidráulicas y Civiles, S.A., a la que fue adjudicada, dando comienzo las obras en marzo de 1945 (A.M.S.B., Leg. 7037).

Estas viviendas fueron construidas sobre una parcela (15.796 m2), situada en El Palmar, al suroeste de la población, cuyo solar se hallaba ubicado en el punto de encuentro entre las dos carreteras de acceso a Sanlúcar desde Jerez de la Frontera y El Puerto de Santa María, además de limitar con la actual avenida de la Constitución y con la prolongación del Arrecife de los Palos. Esta faja de terreno fue segregada de los bienes de propios de El Palmar y cedidos gratuitamente por el Ayuntamiento a la Delegación Nacional de Sindicatos (A.M.S.B., Leg. 6462). El lugar elegido, aunque en las afueras del casco urbano, se consideró como muy adecuado por ser paso obligado para los jornaleros que trabajaban en la campiña, a quienes estaban destinadas las casas. Las viviendas se distribuyeron en seis bloques de seis casas cada uno, además de un séptimo bloque de cuatro viviendas. Estos bloques estaban compuestos por grupos de dos casas contiguas de una sola planta, quedando aisladas las situadas en los extremos. Entre cada par de casas se dejaron los pasos correspondientes para acceder a los patios posteriores, donde se construyeron cobertizos con cuadra y granero. La concepción individualista y unifamiliar de este tipo de viviendas, que tan sólo se volverá a repetir en El Palmar en un grupo de casas situadas en la barriada “Virgen del Carmen”, se aproximaba al tipo de vivienda rural que el Instituto Nacional de Colonización se hallaba implantando por aquellos años en los nuevos poblados agrícolas construidos en todo el territorio nacional.
Entre las consideraciones generales contenidas en este proyecto, el arquitecto alude a la prioridad que se había dado a este específico grupo destinatario de jornaleros y “mayetos”, ya que su nivel de solvencia económica garantizaba suficientemente la amortización de la inversión:
“Diversas circunstancias (...) han aconsejado comenzar por este grupo, ya que por otra parte este gremio, es el que actualmente goza de mejor situación económica, por los altos jornales que perciben y por existir entre ellos gran número de pequeños labradores o “Mayetos” que unen a su jornal, los beneficios de la explotación de pequeñas parcelas de terreno propias o arrendadas. Parece indicado por lo tanto que sean éstos lo que resuelvan el período de transición entre los alquileres a que están acostumbrados, que son muy bajos, y los que han de satisfacer por las nuevas viviendas que necesariamente han de ser más elevados” (A.M.S.B., Leg. 1751. Exp.1)
Se proyectaron dos tipos de viviendas, que coincidían con el programa mínimo fijado por I.N.V. La diferencia existente entre ambas tipologías radicaba en la entrada principal, accediendo algunas de estas casas (28) a un pequeño vestíbulo, con cuya dependencia no contaba el segundo tipo (12), el cual accedía directamente a la sala de estar-comedor. La superficie construida de todas estas viviendas fue de 64,54 m2, ocupando el cobertizo 12,90 m2. Además, veintidós casas disponían de una pequeña huerta para autoabastecimiento del beneficiario. Todas contaban con porche, vestíbulo (sólo algunas), cocina-comedor, tres dormitorios, lavadero, fregadero, despensa, W.C. y un patio posterior con cobertizo para granero y cuadra. Esta última dependencia se consideraba entonces indispensable, pues todos los jornaleros disponían de un burro, que utilizaban como medio de transporte para trasladarse a sus lugares de trabajo, algunos de los cuales se hallaban alejados varios kilómetros de la población (A.M.S.B., 7037. Exp. 2).

Entre las características constructivas de estas casas cabe destacar que sus cubiertas se proyectaron mediante un entramado de madera formado por dos armaduras o faldones y un pilar central para apoyar la cumbrera, quedando revestida al exterior con teja lomuda del país asentada con barro sobre un entablado de tablas de ripia, siendo el cielo raso de cañizo y dejando una altura libre de 3 m, si bien esta cubierta fue reformada posteriormente, constituyéndose incluso en base de litigio. En relación a la composición estética de los exteriores, se informa en el proyecto que “se ha pretendido, dentro de la sencillez que exige el tipo económico de construcción, y mediante detalles de arquitectura popular, darle un estilo que armonice con el estilo peculiar de la región”. Asimismo, el carácter “individualista y costumbrista” quedó enfatizado al disponer cada vivienda de entrada independiente, cuyo retranqueo en fachada permitía situar un pequeño porche de resguardo. Además, las jardineras de ladrillo visto, ubicadas en la entrada, facilitarían la colocación de plantas trepadoras que, formando emparrados, darían “carácter y alegría a la fachada(A.M.S.B., Leg. 1751/1).
El proyecto original de estas viviendas fue modificado en dos ocasiones. En marzo de 1945 Delgado Lejal redacta una primera reforma donde, a petición de la empresa constructora, se sustituían los entramados de madera previstos para las cubiertas por otros de hormigón, en base a la mala calidad de las maderas existentes entonces en el mercado, además de que el hormigón garantizaba una mayor perdurabilidad, evitándose al mismo tiempo los posibles problemas estructurales que se podrían generar por al alto grado de humedad que caracteriza al clima de Sanlúcar, el cual podría producir contracciones en la madera. La introducción de esta modificación no variaba el presupuesto ni el plazo de ejecución previstos en principio. Pero, al año siguiente, este mismo arquitecto elabora un segundo proyecto reformado (16-04-1946), donde se aumenta el presupuesto primitivo, debido a que las trazas originales tuvieron que ser readaptadas a la exacta configuración del terreno, que difería de la representada en los primeros planos, a más de tenerse en cuenta la subida de los precios del cemento y los jornales. A ello se sumaba la inclusión de 200 m de tubería, que se necesitaban para enlazar las viviendas con el arranque de un antiguo colector existente en sitio próximo, por no haberse ejecutado todavía la red general de alcantarillado, que en aquellas fechas se estaba acometiendo en toda la ciudad. Así, el nuevo presupuesto general ascendía a 1.689.047 pesetas, lo cual supuso un aumento del 22% respecto al original. El presupuesto de ejecución individual de cada vivienda se calculaba ahora en 27.232 pesetas, quedando aún dentro del margen permitido por el Instituto (A.M.S.B., Leg. 1751/2)
Estas cuarenta viviendas quedaron finalizadas en 1948, recibiéndose las obras provisionalmente en 1949 y de forma definitiva en 1950, a partir de cuya fecha el Ayuntamiento adquiría el carácter de Patronato sobre esta barriada. Las casas fueron sorteadas en mayo de 1949, procediéndose a su ocupación (A.M.S.B., Leg. 7037/3). En este mismo año se firmaron los contratos de adjudicación (junio de 1949), en régimen de amortización durante cuarenta años. Entre las principales cláusulas de estos contratos, se consigna que el precio de cada vivienda se estima en 42.600 pesetas. A cuenta de la amortización, cada beneficiario ya había aportado el 0,77 % del valor de la vivienda en concepto de cuota inicial. Durante los primeros veinte años, los adjudicatarios de las veintidós viviendas con huerta tendrían que pagar al Ayuntamiento, como entidad propietaria, una renta de 83 pesetas al mes (1,83 % de la amortización del préstamo y el 0,5% correspondiente al 10% de aportación municipal), mientras que los beneficiarios de las dieciocho viviendas sin huerto debían abonar una cuota mensual de 72 pesetas. Durante los segundos veinte años, las viviendas con huerta pagarían una renta de 72 pesetas y las casas sin huerto 61 pesetas (amortización del anticipo). Estas últimas cuotas eran inferiores a las de los primeros veinte años, ya que a partir de éstos las viviendas comenzaban a tributar los impuestos municipales. Además, los beneficiarios tenían que abonar una cuota mensual suplementaria de 7,30 pesetas por seguro de incendios y servicios de agua y alcantarillado, cuya cantidad podría ser revisada en atención a las variaciones que experimentasen tales conceptos, mientras que los gastos de luz y conservación de la vivienda correrían a cuenta del adjudicatario. Cuando se hubiese satisfecho la totalidad del importe, los adjudicatarios tendrían derecho a que se les otorgase la escritura pública de venta adquiriendo así la propiedad. Y, en caso de resolución del contrato por voluntad del beneficiario, éste no tendría derecho a liquidación alguna (A.M.S.B., Leg. 7037).
Muy ilustrativas de la época resultan las condiciones que se exigieron para adjudicar estas viviendas, las cuales fueron aprobadas por el Ayuntamiento en 1945. Entre ellas cabe destacar que los solicitantes tendrían que ser trabajadores del campo o pequeños propietarios agrícolas (“mayetos”), los cuales se ayudaban con su trabajo como jornaleros; se escogerían matrimonios con un mínimo de dos hijos; no se adjudicaría casa a quien ya fuera propietario de otra habitable; los adjudicatarios debían contribuir con una “prestación personal”, durante la ejecución de las obras, que podría efectuarse mediante la aportación de materiales (gravas, arenas, etc.), transporte de tierras u otros trabajos a los precios consignados en el proyecto; y los beneficiarios tendrían que aportar como garantía la propiedad del terreno o un aval de persona que se estimase suficiente. En la escala de méritos puntuables para adjudicar estas viviendas se establecieron las siguientes categorías: caballeros mutilados (5 puntos); excombatientes, teniendo preferencia los que fueron voluntarios (2 puntos); militantes de la F.E.T. de las JONS (depurados) (2 puntos); excautivos por su adhesión al Movimiento (2 puntos); padres de caídos por el Movimiento Nacional (2 puntos por hijo); padres de excombatientes (1 punto por hijo) (A.M.S.B., Leg. 7037). En consecuencia, la singularidad de estas condiciones restringía bastante el acceso a estas viviendas a aquellos jornaleros más necesitados que no contasen con avales ni pudiesen demostrar su adhesión al régimen.
Terminadas las obras, la Comisión Municipal Permanente (03-12-1948) aprobó los nombres de las calles de la nueva barriada que, “amparado en los nombres tradicionales de aquellos lugares y rehuyendo accidentalismos”, se designaron como “calle de los Palos” a la vía principal; “calle de San Sebastián” a la trasversal; y “calle del Almirante” a la lateral, cuyas denominaciones se correspondían, respectivamente, con los nombres del antiguo arrecife; con el del “pago” en que estaba situada; y con el de la antigua “Glorieta del Almirante” que existió en aquel lugar, donde había sido colocada la primera piedra de la nueva carretera de Jerez en 1806, coincidiendo con el recibimiento que hizo la ciudad a Manuel de Godoy como Regidor Honorario. En aquel sitio se levantó un obelisco de mármol y bronce, conformándose la denominada “Plaza del Almirante”, todo lo cual fue destruido en 1808 tras la caída de Godoy. En 1949 se nombró un guarda para esta barriada, a quien se le asignó un sueldo de trescientas pesetas mensuales y la última vivienda de la calle Palos (A.M.S.B., Leg. 7037/3).
Una tónica general, que se detecta en la edificación de estas viviendas protegidas, son los defectos en la construcción, pues serán numerosas las reclamaciones –a nivel nacional--, e incluso los pleitos judiciales, que se derivaron de estas deficiencias. Por ejemplo, en relación a las anteriores viviendas, las humedades en las techumbres comenzaron a detectarse desde el mismo momento de su adjudicación, manifestándose filtraciones que pudrieron rápidamente el cañizo donde se apoyaba la cubierta de tejas. Ante las reiteradas quejas de los vecinos, el Ayuntamiento solicitó en 1957 un dictamen al Secretario Letrado Municipal, Juan Sánchez Salamanca, así como un informe técnico al arquitecto municipal, en los que se afirmaba que los techos de estas casas no habían sido ejecutados conforme al Pliego de Condiciones Facultativas, donde se preveía que el apoyo del tejado debía hacerse sobre madera, mientras que el contratista lo hizo recaer sobre cañizos, de más rápida pudrición. En base a estos informes, el Ayuntamiento interpuso una demanda contra la empresa constructora, Compañía de Construcciones Hidráulicas y Civiles, S.A. (Sociedad HidroCivil), reclamándole la reconstrucción de veinticuatro cubiertas. Sin embargo, la sentencia  dictada en 1961 por el Juzgado de Primera Instancia de Sanlúcar desestimó en todas sus partes la reclamación municipal (A.M.S.B., Leg. 7037).
Cronológicamente, el segundo grupo de viviendas edificado en El Palmar fue la actualmente denominada “Barriada de Los Ángeles”. En 1958 se proyecta en otra parcela de estos terrenos municipales, segregada y cedida por el Ayuntamiento gratuitamente en 1957 al Instituto de la Vivienda, la construcción de 200 viviendas de Renta Limitada que, según la Ley de 1954, venían a sustituir a las anteriormente denominadas Viviendas Protegidas. La edificación y urbanización de la zona corrió a cargo de la Obra Sindical del Hogar y Arquitectura, dentro del “Plan de Construcciones 1957/58”, cuya entidad encargó el proyecto a Manuel Lacasa y Suárez-Inclán. Estas viviendas no se encontraban afectadas por ningún plan urbanístico pues, al situarse en las afueras de la población, este solar no estaba comprendido en el Plan de Ordenación Urbana de 1949. Esta barriada constituye la prolongación de la finca “El Botánico”, de la que quedó separada por una vereda o “cordel de ganado” (20,90 m de ancho), al tiempo que se situaba junto al campo de fútbol de “El Palmar”, que ya entonces se encontraba ubicado en el mismo lugar actual, del que la barriada quedó apartada por una calle de 10 m de ancho. Este solar tenía una forma sensiblemente triangular (7.351 m2) y daba frente a la carretera de Jerez (calle Puerto). El precio de m2 de terreno se estimó entonces en 66,80 pesetas, por lo que el valor de la parcela fue fijado en 491.046 pesetas. Como consecuencia del encarecimiento de materiales y mano de obra en Sanlúcar, se descartaba el tipo de casa rural llevado a cabo con anterioridad, de manera que “la composición de la masa de edificaciones se ha estudiado de forma que se consiga la máxima economía, procurando concentrar los bloques, reduciendo al mínimo los testeros extremos y consiguiéndose un máximo de muros medianeros. Por consiguiente, se considera absolutamente irrealizable el sistema de viviendas rurales y se ha concentrado toda la edificación en tipo urbano”. Las doscientas viviendas quedaron distribuidas en siete bloques de cinco, cuatro y tres plantas, dándose una altura de 2,40 m por planta. En cuanto a la estética exterior, el arquitecto manifiesta que “en la composición de fachadas se ha procurado evitar la monotonía de las superficies lisas, resaltando 5 cm los muros de carga transversales y los forjados de pisos. La composición de recuadros conseguida se resalta aún más con las celosías también de recuadros con que se cubren las terrazas-tendederos” (A.M.S.B., Leg. 4596).
En la totalidad de este proyecto se contempla un solo tipo de vivienda, que constaba de vestíbulo, estancia-cocina, aseo, tres dormitorios con capacidad para dos camas normales y armarios, terraza-tendedero y parte proporcional de escalera, siendo su superficie total inferior a los 54 m2 edificados. Se optó por colocar las ventanas de los dormitorios a una cierta altura, a fin de aprovechar el testero correspondiente al cerramiento de fachada. En estos pisos se integró el “bloque aseo-cocina”, tipificado por la Obra Sindical del Hogar, pero se introdujeron ligeras modificaciones en la colocación de los aparatos, al objeto de conseguir una menor longitud de las tuberías. Respecto a las obras de urbanización, se acometieron las redes de abastecimiento de agua, alcantarillado y energía eléctrica, así como la instalación de un grupo elevador de agua. Además, se pavimentó el acerado alrededor de cada edificación y en los ramales de acceso a los portales, en cuyos aledaños se proyectó la plantación de árboles y uña de león en paños lisos de tierra vegetal (A.M.S.B., Leg. Leg. 4596).
Tres años más tarde, en 1961, el arquitecto Carlos Solís Llorente redacta dos nuevos proyectos, cuya ejecución configurarán la actual “Barriada Virgen del Carmen”, donde se construyeron un total de 288 viviendas de Renta Limitada “Subvencionadas”, cuya modalidad fue creada en 1957 y contaba, además de diversos beneficios y bonificaciones, con una subvención a fondo perdido, fijándose su renta en función de la superficie útil, la cual podía ser modificada anualmente conforme a las variaciones del coste de la vida. Todas estas viviendas fueron encargadas por “Cooperativa Sindical de Edificación Virgen del Carmen”, de donde adoptaría el nombre esta barriada, entidad que actuó como promotora (propietaria del solar), integrándose estos proyectos en su programa de construcción de viviendas para las distintas clases sociales de la ciudad. Por un lado, en un solar (2.710 m2) ubicado en el inicio de la carretera de Jerez, se edifican 24 viviendas gemelas. En un proyecto anterior, donde se planteaban cien casas de este mismo tipo (A.M.S.B., Leg. 4247), el mismo arquitecto alude en varias ocasiones al particular destinatario estas viviendas, las cuales habían sido diseñadas teniendo en cuenta sus “singulares” costumbres y modos de vida:
“Se destinarán a las clases más modestas de la ciudad, y teniendo en cuenta sus débiles economías, necesidades fundamentales y gustos y maneras de concebir ellos mismos sus propias viviendas al construir sus chozas y chabolas -a las que vienen a sustituir, elevándoles su nivel de vida el presente proyecto- se ha concebido el proyecto tipo de vivienda familiar que integra la Barriada”.
Según se afirma en esta última memoria, el tipo de vivienda proyectado era fruto de la experiencia de diez años de construcción con el “Patronato Social José Antonio” de la Jefatura Provincial de F.E.T. y de las JONS. Se trataba de edificar unas casas del tipo más económico, pero que al mismo tiempo resultasen atractivas (“populares”) para sus futuros usuarios. En su mínima categoría, cada una de estas veinticuatro casas, de una sola planta, consta de estancia con cocina, tres dormitorios, cuarto de aseo y corral posterior, siendo la superficie construida de 47,92 m2. Se construyeron tres bloques de ocho viviendas cada uno. Entre cada par de casas quedaron unos “corrales para el desahogo, totalmente indispensable en este tipo de viviendas por las costumbres de sus futuros usuarios”, los cuales gozaban de “mucha aceptación por las clases modestas de esta ciudad”. El presupuesto general contemplado en el anteproyecto fue de 1.502.133 pesetas (A.M.S.B., Legs. 4247 y 2413/74).

Aledañas a las anteriores se edificaron 264 viviendas y doce locales comerciales en la actual barriada “Virgen del Carmen”. Esta parcela (11.580 m2), situada frontera a la avenida de la Constitución, lindaba con otros solares de la Cooperativa Sindical de Edificación Virgen del Carmen, así como con terrenos de la Cooperativa del Campo “Virgen de la Caridad”. Como en el proyecto precedente, los servicios urbanos de luz, agua y alcantarillado se encontraban cercanos, por lo que su canalización no presentó gran dificultad. No existiendo planes urbanísticos que afectaran a la zona, se proyectaron diez bloques de tipo aislado y cuatro plantas de altura, los cuales quedaban separados por calles, al objeto de conseguir unos patios espaciosos y ventilados para “impedir que tiendan en las fachadas principales”. Estos bloques fueron clasificados, según su volumen de viviendas, en cuatro grupos de 16, 24, 48 y 64 pisos. Cada bloque contaba con dos crujías de pequeña luz y, por contar con las “condiciones óptimas de iluminación y ventilación”, se redujeron sus alturas a 2,50 m en planta baja y 2,30 m en las altas. “Se prescinde de la azotea comunal, base de litigios entre sus futuros propietarios”, de forma que estos edificios se cubrieron mediante tejado de escasa pendiente cubierto con teja lomuda. Se proyectó un sólo tipo de vivienda con una variante, para conseguir el cuarto dormitorio destinado a las familias más numerosas. Esta vivienda-tipo, compuesta por estancia-cocina con balcón a la calle, cuarto de aseo y tres o cuatro dormitorios, presentan una superficie construida de 52,77 m2. Los locales comerciales quedaron situados en la planta baja de los bloques más cercanos a la carretera. El avance del presupuesto general se calculó en 17.706.942 pesetas (A.M.S.B., Leg. 2413/75).
Poco después fue proyectada la actual barriada “Jesús Nazareno” (1965), donde se integraron 450 viviendas, cuya edificación estuvo promovida por la Obra Sindical del Hogar y Arquitectura, dentro del “Plan Nacional de Vivienda”. Para su construcción, el I.N.V. adquirió en El Palmar unos solares (46.000 m2 aprox.) a distintos propietarios –al precio de 250 Ptas./m2--, cuyos terrenos daban frente al antiguo Paseo de las Acacias (avenida de Godoy), el cual había sido renombrado como “calle Jesús Nazareno” en 1961, a instancias de la Hermandad sanluqueña de este título, pasando más tarde a denominarse con este nombre la totalidad de la nueva barriada. Por su parte, el Ayuntamiento urbanizó los terrenos, mediante la acometida de las redes básicas de agua, luz y alcantarillado, finalizándose la construcción de las viviendas en 1974. En los informes previos a su edificación, se hace constar que en esta zona no existían escuelas suficientes para atender a la población infantil que habitaría el nuevo sector, si bien en estas fechas ya estaba construido el primer centro escolar existente en El Palmar --C.P. “Virgen de la Caridad”--, reservándose en el Plan Parcial de El Palomar otro espacio para escuela pública, donde se levantaría el C.P. “Maestra Rafaela Zárate” (1977) (A.M.S.B., Leg. 8858). Como equipamientos sociales para la población de El Palmar, se edificarían con posterioridad el Hogar del Pensionista (1976), en calle Palos, y la cercana parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles, sobre un solar (2.080 m2) cedido en 1961 por el Ayuntamiento al Arzobispado.
Frente al anterior grupo de viviendas se construyó el “Grupo San Lucas”, quedando ambas barriadas separadas por la calle Duque Don Alonso. Este proyecto fue redactado en 1972 por José Mª Vázquez Reina a instancias del Patronato Municipal de la Vivienda, siendo ejecutado por la empresa “Paulino Modroño” (El Puerto de Santa María). Sobre un solar  de propiedad municipal (6.628 m2), donde antiguamente se hallaba la “Huerta Sumariva”, se edificaron 106 viviendas y 6 locales comerciales en unos terrenos ya urbanizados. La finca lindaba con unos solares de Bodegas de los Infantes Orleáns-Borbón, S.A.E., con Bodegas Caydsa y con el grupo de Viviendas de Magisterio, dando también fachada a la actual Calle Puerto. El proyecto se adaptó a las ordenanzas urbanísticas previstas para este sector en el Plan General de 1949, donde esta zona estaba calificada para uso residencial y edificación extensiva, por lo que se eligió un tipo de edificación abierta --frente a la edificación cerrada con patios interiores y ordenación introvertida, que era habitual adoptar para estas barriadas modestas--, cuya tipología se hallaba más acorde con el planteamiento de la mayor parte de los edificios colindantes. Así, se planteó una estructura de edificación modulada, mediante la construcción de siete bloques de cuatro plantas cada uno, cuya superficie total construida fue de 9.259 m2. El tipo de viviendas proyectado respondía a un idéntico programa, si bien las superficies variaban dependiendo de su ubicación en los distintos bloques, oscilando entre 82,13 m2 y 89,49 m2 edificados. Cada piso estaba compuesto por estar-comedor, terraza, tres dormitorios, cuarto de baño, cocina y terraza-lavadero. En las plantas bajas de algunos bloques se ubicaron los locales comerciales (73, 96 m2), así como unos porches diáfanos y las zonas de acceso. Una vez edificados los bloques (2.070 m2), quedaron 4.557 m2, cuyos terrenos se preveía destinar a zonas verdes, viales públicos y aparcamientos. El presupuesto general previsto en el proyecto fue de 29.378.245 pesetas (A.M.S.B., Leg. 6795). Estas viviendas fueron entregadas por el Patronato de la Vivienda en 1975 (A.M.S.B., Leg. 7606/1).
Pero inmediatamente a su recepción, entre 1975 y 1977, se reciben en el Ayuntamiento diversos escritos procedentes de la Comunidad de Propietarios del Grupo “San Lucas”, dirigidos al presidente del Patronato Municipal de la Vivienda, donde se relacionan las numerosas deficiencias detectadas en estas viviendas desde el momento de su entrega --grietas y falta de pretil divisorio en azoteas, desconchados en fachadas, escaleras agrietadas, carencia de solería en porches diáfanos, filtraciones en lumbreras, inundaciones en escaleras, falta de revestimiento en los rellanos de éstas, humedades en pisos altos, salideros en los bajantes, etc.--, habiéndose conseguido tan solo que se repararan los bajantes, tras numerosas visitas de técnicos y de la constructora, por lo que en 1977 los propietarios continuaban solicitando el arreglo de tales desperfectos por parte de la empresa constructora “Paulino Modroño” (A.M.S.B., Leg. 7606/1).
A principios de los años 70 el problema de la escasez de viviendas persistía en Sanlúcar, el cual se puso aún más de manifiesto durante el proceso de adjudicación de las 450 viviendas de la barriada “Jesús Nazareno”, para las cuales se habían presentado numerosas solicitudes. Así lo reconoce la Alcaldía en una petición dirigida en 1973 a la Comisión Provincial de Servicios Técnicos:
“se ha visto que este problema alcanza caracteres de alarmante, en cuanto que son varios miles las peticiones que ha habido que desestimar, no precisamente porque no estuvieran justificadas, sino porque no había posibilidad de adjudicación dado el número de viviendas disponibles”
En este escrito el Ayuntamiento solicitaba a la Comisión que realizase las gestiones oportunas ante el Ministerio de la Vivienda, para que éste determinase con carácter preferente –como había ocurrido en otras ciudades--, la construcción de al menos 800 viviendas en el Polígono “El Palomar”, cuyo Plan Parcial de actuación urbanística ya estaba aprobado, presentando estos terrenos capacidad para albergar unas mil viviendas. Esta petición municipal quedaba reforzaba con la reciente integración de Sanlúcar dentro de la zona declarada como “Comarca de Acción Especial” a efectos de los Planes Provinciales (A.M.S.B., Leg. 7144/9).
Ya en 1969 había sido redactado por Alfonso Fernández de Castro y Manuel Guzmán Folgueras el Plan Parcial del “Polígono El Palomar”, promovido por el Ministerio de la Vivienda, cuya zona adoptó el nombre de la antigua “Huerta del Palomar” allí existente. Este polígono se sitúa anexado a los límites del antiguo Barrio Alto, constituyendo su prolongación urbana. En este planeamiento, que afectaba a una superficie de 12,25 ha, se preveía la instalación en la zona de 1.162 viviendas, pudiendo quedar poblada por un total de 5.805 habitantes (densidad de 475 hab./ha). Además, se reservaban unos espacios para instalar una escuela primaria (12.475 m2) y un centro cívico (9.800 m2). En total, se proyectó edificar en El Palomar dos tipos básicos de viviendas: 452 viviendas unifamiliares, 505 pisos en bloques de cuatro alturas y 205 pisos en bloques de cinco alturas. Los edificios más altos se disponían en doble fila, quedando ubicados en la zona más elevada del polígono, al objeto de que articulasen una especie de “telón que protege contra el viento de levante”. La previsión de tan alto número de viviendas unifamiliares se fundamentaba en el habitual “modo de vida de Sanlúcar”, donde en 1969 existía un 80% de casas de dos plantas; un 10% de una planta; 8% de tres plantas y 2% de más de tres plantas, teniéndose en cuenta además que el deseo de los sanluqueños era vivir en casas unifamiliares, según los tanteos efectuados en la propia ciudad. En este Plan Parcial no se contempla ninguna vía de tráfico rápido en el interior del polígono, aunque se trazaron numerosas calles peatonales, que constituirían un eje verde de circulación pues, según los arquitectos redactores, aquí “los espacios libres podrán ser auténticamente verdes”, con poco que se cuide, ya que “la finca hoy está cuajada por limoneros”. En cuanto a las infraestructuras, ya existía abastecimiento de agua potable, pero el alcantarillado aún no se había efectuado, aunque en aquel momento se proyectaba la inmediata instalación de un nuevo ramal en esta zona. La línea eléctrica existente se consideraba suficiente, si bien para el nuevo polígono sería necesario ampliar las casetas situadas en la periferia. Ya en 1965 se había llevado a cabo, por parte de la Gerencia de Urbanización del Ministerio de la Vivienda, la propuesta de delimitación de este polígono de El Palomar, consignándose los precios máximos y mínimos de los terrenos para su expropiación, así como la relación de los propietarios y arrendatarios afectados (A.M.S.B., Leg. 8858). Esta Gerencia había sido creada en 1959 como un organismo autónomo, que se encargaba de adquirir suelo, generalmente mediante el sistema de expropiación, urbanizarlo según un Plan Parcial ya existente y cederlo finalmente al I.N.V. para la construcción de viviendas.
Al año siguiente de realizarse la petición municipal a la Comisión Provincial para edificar en esta zona, fue redactado el proyecto de construcción de 900 viviendas, locales comerciales y urbanización interior del polígono “El Palomar” (1974), el cual corrió a cargo de los arquitectos Julián Colmenares Juderías, Luis Gay Llacer y Álvaro Hernández Gómez (Madrid), estando promovido por Instituto Nacional de la Vivienda. Desde el punto de vista cuantitativo, esta promoción de viviendas protegidas ha sido la más importante entre las efectuadas en Sanlúcar. El polígono El Palomar, situado al suroeste de la ciudad, se encontraba afectado por el anteriormente citado Plan Parcial, encontrándose ya estos terrenos totalmente urbanizados, cuya obra civil había sido realizada por el Ministerio de la Vivienda (1972). En la redacción del proyecto fueron tenidas en cuenta toda la normativa dictada por el I.N.V., así como la contenida en la nueva Ley sobre Viviendas de Protección Oficial (1969-1970). Las principales vías de acceso al polígono estaban constituidas por las carreteras circundantes, hallándose este sector limitado por la actual avenida de la Constitución, avenida del Doctor Fleming, calle de la Zorra y calle Hugo de Homerique. Por tanto, morfológicamente, el perímetro del polígono se presentaba en principio muy irregular, si bien al construirse las viviendas quedaría plenamente integrado en la ciudad. La superficie total a construir era de 66.000 m2, afectando sólo a las zonas previstas para uso residencial y juegos infantiles, por lo que quedaban excluidas de esta extensión aquellas parcelas destinadas en el Plan Parcial a guardería infantil, uso sanitario, biblioteca, centro comercial y zona escolar, habiendo sido esta última ya construida (C.P. “Maestra Rafaela Zárate”), siendo este colegio el único edificio existente entonces en el polígono El Palomar.
Uno de los problemas con que se enfrentó la construcción de estas viviendas de El Palomar fue el hecho de que toda la red viaria interior del polígono había sido efectuada mediante aporte y terraplenado de tierras, lo cual dio lugar a que el acerado se encontrase más elevado, un metro como media, respecto a la cota del terreno. Tal circunstancia dio lugar a que se tuviesen que realizar movimientos de tierras de cierta envergadura (aporte y compactación), al objeto de elevar la cota del suelo hasta el nivel del acerado. Esta red viaria de distribución interior había sido ejecutada durante la fase de urbanización, distinguiéndose la mayoría de sus calles por terminar en fondos de saco, lo cual fue aprovechado para ubicar en ellas los aparcamientos, mientras que algunas otras vías quedaban abiertas hacia la calle de la Zorra y calle Palomar, por donde se garantizaba la comunicación del tráfico rodado entre la carretera de acceso al polígono y la ciudad. Por su parte, las redes de distribución general de los servicios –alcantarillado, agua y luz-- se encontraban totalmente terminadas, cuyas instalaciones se completaron la acometida de la red de distribución de agua a los bloques, canalización de la red eléctrica de Baja Tensión y reforzamiento del alumbrado público con la inclusión de luminarias en algunas calles peatonales, en las placitas y zonas ajardinadas existentes entre bloques, así como en las dos plazas con fuentes proyectadas. En cuanto a la jardinería, existían unos grupos de arbolado --palmeras y eucaliptos-- que se respetaron rigurosamente en el proyecto, completándose con la plantación de especies vegetales de gran porte y rápido crecimiento. Y, como complemento urbano, se incluyeron unos bancos alicatados en azulejos blanco y añil, mientras que los bancos situados entre bloques disponían de una estructura de tubo metálico que serviría como emparrado. Entre las instalaciones específicas, se proyectó la colocación de antena colectiva de TV, portero electrónico, telefonía, grupo de presión y pararrayos.
En cuanto a la urbanización interior, fue respetado el esquema director previsto en el Plan Parcial, consistente en situar los edificios de mayor altura, que eran la mayoría, ceñidos al perímetro del polígono cerrando el horizonte, reservándose las zonas centrales para los edificios más bajos, viviendas unifamiliares, plazas, zonas de juegos y comercios, cuya disposición favorecía la privacidad de estas zonas comerciales y de esparcimiento. En El Palomar se edificaron dos tipos básicos de viviendas: pisos de tres y cuatro dormitorios en bloques de cinco, cuatro y tres plantas (T-72) y viviendas unifamiliares de dos plantas y tres dormitorios, que también cuentan con patios anterior y posterior y un parterre a la entrada (T-82). Además de los distintos dormitorios, todas estas viviendas disponen de salón-comedor, cocina, vestíbulo, pasillo y baño. En el caso más general, los bloques se unen mediante un portal común, definiéndose así unas pequeñas placitas y zonas ajardinadas entre bloques. Por su parte, los locales comerciales quedaron ubicados en las plantas bajas de las viviendas o edificios exentos y las zonas de juegos infantiles se situaron como continuidad de los caminos peatonales. En resumen, se proyectaron 49 bloques de cinco plantas (392 pisos); 32 bloques de cuatro plantas (254); 4 bloques de tres plantas (64) y 190 viviendas unifamiliares (87 m2), construyéndose una superficie total de 72.905 m2 (A.M.S.B., Leg. 6431).

En el centro de este polígono de El Palomar, junto al C.P. “Maestra Rafaela Zárate”, se proyectó en 1989 la edificación de 80 viviendas de promoción pública, llevadas a cabo por la Dirección General de Arquitectura y Vivienda a iniciativa municipal, siendo redactado este proyecto por Antonio Villanueva Fernández (Cádiz), por encargo de la Consejería de Obras Públicas y Transportes de la Junta de Andalucía. Por hallarse incluido este solar (9.900 m2) en el Plan Parcial de “El Palomar” --Unidad de Actuación UA - nº 134--, estos terrenos se encontraban ya urbanizados. Precisamente en esta zona se habían levantado en 1983 50 viviendas industrializadas desmontables tipo “SANQUI” --Compañía Española de Ingeniería, S.A.--, para albergar a los afectados de las graves inundaciones producidas aquel año en Sanlúcar, las cuales fueron desmontadas para llevar a cabo las nuevas viviendas. El tipo de edificación planteado en el Plan Parcial para esta zona era de tipo abierto con grandes espacios libres. Sin embargo, para esta promoción se aplicó la ordenanza de manzana cerrada de cuatro plantas. La edificación presenta una fachada continua con dos cuerpos paralelos de cuatro plantas y doble crujía, quedando cerrado en sus extremos por otros dos cuerpos de tres alturas, a modo de “tapones” que cierran y completan el prisma rectangular, en cuyo interior se localiza un gran espacio central, donde se encuentran los accesos mediante galerías descubiertas. Con la adopción de esta tipología se intentaba mantener una continuidad urbana respecto a esta solución tan repetida en la zona con accesos entre los cuerpos paralelos, así como conseguir un espacio de ventilación y soleamiento de grandes dimensiones, y generar unos planos transparentes que recordasen en su interior a las “casas de vecinos” o “corrales” tan característicos del sur de Andalucía, a modo de “plaza-patio”. Puesto que la Consejería de Obras Públicas no permitía realizar aparcamientos subterráneos, éstos se proyectaron en superficie, uno por vivienda, según era preceptivo. En las zonas laterales e interiores se programó la plantación de árboles de crecimiento rápido y poco mantenimiento. Y en el espacio interior, como amueblamiento urbano, se dispusieron unos bancos de hormigón al objeto de establecer unas zonas comunes al aire libre. Se proyectaron ocho tipos de viviendas en función del número de dormitorios (entre uno y cuatro), teniendo la mayoría de los pisos tres dormitorios (36 viviendas). Las superficies construidas de estas viviendas oscilaron entre 54,13 m2 y 90,98 m2, siendo la superficie total construida de 5.890 m2 (A.M.S.B., Leg. 8633).
Durante estos años se construye también la barriada “Huerta de San Cayetano”, ubicada en el borde sur del núcleo urbano, limitando con la calle Carretería y callejón del Mono, en una zona que se hallaba muy desordenada y donde prevalecían las edificaciones unifamiliares y bodegueras. Este grupo de viviendas fue edificado sobre un solar de forma trapezoidal (4.617 m2), adquirido por la Consejería de política Territorial y Vivienda de la Junta de Andalucía, el cual había sido con anterioridad huerta del mismo nombre. Estos terrenos se hallaban afectados por un Estudio de Detalle aprobado en 1984 y las obras se efectuaron en tres fases (1986-1989), perteneciendo los proyectos a Mª Valvanera Cámara Eguinoa y Antonio Villanueva Fernández; Álvaro Mendicuti Rodríguez en colaboración con Manuel López Prieto; y Antonio Villanueva Fernández, respectivamente. En esta barriada se edificaron 175 viviendas en bloques de dos y tres plantas, las cuales presentan, según el número de dormitorios (de uno a tres), una superficie útil entre 36,40 m2 y 59,30m2  (A.M.S.B., Legs. 6822 y 7518).

Huerta Grande –  Arroyo de San Juan

En la revisión del PGOU de Sanlúcar de 1987 se delimitaba un área de suelo urbanizable programado, denominado como Sector P.P.-3 “Huerta Grande”, que contaba con una superficie total de 73.976 m2. Este espacio revestía una gran importancia urbanística para Sanlúcar por constituirse en punto de apoyo fundamental para el viario del Casco Antiguo pues, debido a su situación, el sector se configuraba como el más destacado eje conexión entre la zona de Capuchinos - Huerta Grande y el casco urbano. Tras la realización del Plan Parcial, redactado por Adrián Serrano Vargas (1990) y su posterior Modificación (1992) –ampliación del viario y reforma de las zonas edificables--, a cargo de José Mª de la Cuadra Durán y Fernando Visedo Manzanares, el vacío urbano que componía este sector quedó finalmente articulado mediante la apertura de la avenida del Quinto Centenario y su red secundaria, además del entubado del arroyo de San Juan. De forma excepcional, la iniciativa para redactar este Plan Parcial fue tomada por el Ayuntamiento, debido a que la Delegación Municipal de la Vivienda había adquirido una buena parte de estos terrenos (1989), estableciéndose un convenio con los propietarios afectados, aunque se mantenía el sistema de Compensación establecido en el PGOU. Así, el Ayuntamiento se convertía en el principal propietario (34.770 m2), al que seguía la familia León (28.296 m2) y otros diversos propietarios en menor proporción.
Este sector se encontraba configurado por un vacío urbano ubicado al suroeste del centro histórico, el cual se caracterizaba por su inaccesibilidad y hermetismo, dado que se hallaba encerrado entre el alto de Capuchinos y las traseras del borde del casco antiguo, que estaban ocupadas por pequeñas huertas, cuyas fachadas principales se abrían a las calles Divina Pastora, San Miguel, Ganado y Curtiduría. Así, la zona limitada al norte con las traseras de la calle Divina Pastora; al sur, con el cementerio, camino del Molinillo y colegio Huerta Grande; y al oeste, con diversos huertos y el convento de Capuchinos. La compleja morfología de la zona --topografía movida y clinometría acusada en lugares concretos--, y la existencia de los arroyos de San Juan y San Antón habían contribuido al hermetismo de este espacio urbano. Por tanto, los puntos de conexión con el entorno eran muy escasos, pues la única vía que atravesaba la zona, antes de su ordenación, era la procedente del camino del Molinillo, que desemboca en la carretera de La Jara. Asimismo, las infraestructuras eran casi inexistentes debido a su carácter de vacío urbano, si bien la urbanización de la periferia facilitó las conexiones necesarias en el momento de la actuación urbanística. Este sector se hallaba consolidado en gran parte por desordenadas edificaciones unifamiliares, siendo su uso tradicionalmente agrícola debido a la abundancia de aguas subterráneas existente en la zona.
Con la ordenación urbanística de este espacio se ha conseguido estructurar un nuevo tejido urbano plenamente conectado con el casco antiguo, mediante la apertura del nuevo acceso a la ciudad desde la carretera de Chipiona o avenida del Quinto Centenario (tramo de la Ronda Noroeste), de gran importancia para Sanlúcar por constituirse en su primera vía de circunvalación. Durante la década de los años 90 han sido edificados casi totalmente los dos frentes de esta avenida, cuyo proyecto de urbanización fue efectuado en 1990, estableciéndose también parte del parque urbano de la cornisa (A.M.S.B., Leg. 9135). Con posterioridad ha sido elaborado el Plan Parcial “Arroyo de San Juan”, a partir del cual se ha urbanizado toda la zona suroeste de la avenida Quinto Centenario, quedando protagonizado este nuevo sector por el volumen del I.E.S. Juan Sebastián Elcano.
En estos últimos espacios urbanos se han llevado a cabo recientemente algunas promociones de viviendas de protección oficial (V.P.O.), como las 27 viviendas proyectadas en 1992 en la zona Huerta Grande, acogiéndose a los beneficios ofrecidos por la Consejería de obras Públicas y Transportes de la Junta de Andalucía. Si bien las viviendas construidas en “Régimen Especial” han sido muy escasas en esta zona (A.M.S.B., Leg. 9124).

Ana Mª Gómez Díaz-Franzón

Fuentes: A.M.S.B. (Archivo Municipal de Sanlúcar de Barrameda)



Reseña bibliográfica.- Ana Mª Gómez Díaz-Franzón: “Evolución urbanística de Sanlúcar de Barrameda: Barrio Bajo, Zonas Sur-Suroeste y Huerta Grande”. En VV.AA.  (coord. RODRIGUEZ CARRION, José): Estudio Social de la Zona Sur de Sanlúcar de Barrameda. Grupo Universitario de Investigación Social. Escuela Universitaria de Relaciones Laborales, Trabajo Social y Turismo de Jerez de la Frontera. Universidad de Cádiz, 2003, pp. 37-67 

6 comentarios:

  1. Gracias Ana, muchas gracias por hacernos participes de tu gran labor en difundir la historia de nuestra ciudad. Saludos ReMa

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  2. Gracias a ti por leerlo e interesarte por estos temas. La labor social del historiador no tiene sentido sin la difusión de sus trabajos. Por suerte, la teconología de nuestros tiempos nos está ofreciendo excelentes medios como éste para cumplir esta tarea de divulgación.

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  3. muchisimas gracia por difundir la historia de nuestra sanlucar. ya que a mi me encanta leerlo y meterme en la piel de mis abuelos y mis padre.y saber como era realmente sanlucar de barrameda.me parece maravilloso y te felicito de todo corazon.saludos de una sanluqueña.hermi

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    1. Hola Hermi, comentarios como el tuyo me alegran y me animan a seguir haciendo cosas, a investigar y profundizar en algunas parcelas de la rica historia de Sanlúcar. Agradecida.

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  4. La Barriada del Pino "Ntra Sra. de la Caridad" fue terminada en 1958 y creo que fue los primeros bloques de piso que se construyeron, sin embargo no encuentro referencia de ellos aquí

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    1. Tienes razón, fue una de las primeras barriadas de Sanlúcar con bloques de pisos. Cuando me encargaron este trabajo, me indicaron que me centrara sólo en la zona del Barrio Alto y el Palmar hacia arriba, pues el estudio social que hizo la escuela de Relacione Laborales de Jerez se concentró en esta zona. También falta la llamada barriada de los Marineros y otras. Bueno, ese es el motivo por el que no aparecen todos los barrios. El trabajo no es exhaustivo y está por completar. No se si tendré ocasión de hacerlo. Me gustaría. De cualquier modo, los datos de la barriada del Pino están también en el Archivo Municipal. Saludos.

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