sábado, 11 de febrero de 2012

Los vinos medicinales en la antigua publicidad del Marco de Jerez


Comunicación presentada en III Simpósio Internacional de História e Civilizaçao da Vinha e do Vinho. Funchal-Madeira (2003). Publicado en Actas do Simpósio da Associaçáo da Vimha e do Vinho. Centro de Estudos de Historia do Atlántico (CEHA) Secretaria Regional do Turismo e Cultura. Funchal, 2004.


“el doctor había mandado que se le diera doble dosis de la nuez vómica, seguir con las cucharadas por la noche, las papeletitas por el día, y a sus horas el Jerez o Pajarete”
(Pérez Galdós: Fortunata y Jacinta, 1887; 261-262)

A través de la historia han sido numerosos los historiadores, científicos y literatos[1] que han exaltado las propiedades medicinales y nutritivas del vino en general y del jerez en particular. En consonancia con estas atribuciones, entre mediados del siglo XIX y primeras décadas del XX, cuando aún no se habían producido los actuales avances farmacológicos, algunos determinados vinos producidos en el Marco de Jerez, así como en otras regiones vitivinícolas españolas y europeas, se comercializaron como remedios medicinales y reconstituyentes.
Esta consideración del jerez o sherry como recurso terapéutico quedará plasmada diversos soportes y medios a través del tiempo. Por ejemplo, en los índices de algunos catálogos extranjeros de farmacopea, tanto americanos (1850) como ingleses (1851), el jerez aparece como un remedio medicinal más, asignándosele el término de Vinum Xericum[2].
Asimismo, en una antigua tarjeta publicitaria del caldo Trafalgar (J. M. Rivero. Jerez), ilustrada someramente con la figura de una botella, se recogen célebres frases pronunciadas por autoridades científicas en torno a las cualidades terapéuticas del vino en general, que aquí se utilizan a modo de eslóganes, junto a un texto más amplio donde se establecen las equivalencias nutricionales del vino respecto a diversos productos alimenticios:
            "El Vino es la más sana y la más higiénica de las bebidas. Pasteur"
“El alcoholismo es menos frecuente en los países consumidores de vino. Dr. Bertillón"
“Un litro de vino, además de sus cualidades como bebida higiénica y estimulante tiene un valor alimenticio equivalente al de 90 cls. de Leche, 370 grs. de Pan; 585 grs. de Carne; 5 huevos. Según resultado de análisis hecho por eminencias médicas”
Los vinos medicinales elaborados en el Marco de Jerez estaban compuestos a base de quinina, alcaloide obtenido de la corteza del árbol de la quina, cuyas propiedades febrífugas y antisépticas constituyeron durante siglos un remedio muy eficaz contra diversas enfermedades caquécticas e infecciosas como la malaria, el tifus o la gripe, hasta que a finales del primer tercio del siglo XX se obtuvieron productos similares de origen sintético. Debido a su composición estos vinos fueron llamados “vinos quinados”, “vinos para enfermos” e incluso “vinos milagrosos”; y en la comarca jerezana fueron denominados “Jerez Quina”, a cuyo genérico nombre suele agregarse casi invariablemente las cualificaciones de "Tónico, aperitivo y reconstituyente", pudiendo consignarse también otras propiedades específicas como "ferruginoso" o "digestivo".
Durante la época de la Restauración, los bodegueros y algunos farmacéuticos de la zona aprovecharon los vacíos existentes en la farmacología, así como las recomendaciones de los modernos médicos "higienistas”[3], para multiplicar la producción de los vinos quinados, al tiempo que proliferaban sus correspondientes imágenes publicitarias.
La elaboración de estos caldos energéticos comenzó a descender en las décadas de los años 40 y 50 del siglo XX, como consecuencia de la aparición en el mercado farmacológico de nuevos productos que atendieron de forma más eficaz las necesidades de los antiguos consumidores. Sobre la profusa elaboración de vinos quinados en el ámbito jerezano y la intensa labor científica desarrollada por algunos bodegueros en torno a la producción de los caldos medicinales, escribe José de las Cuevas:
"En muchas bodegas jerezanas, por ejemplo en Real Tesoro hay ya naves enteras dedicadas al vino de quina, donde junto al Pedro Ximénez cuecen cortezas y plantas medicinales. D. Cayetano del Pino y Vázquez dedicó muchos años de su vida y sus conocimientos de enólogo al estudio de estos vinos (...) también logró otra especialidad para diabéticos, el vino "Tasmán” y el primer “Chianti de Jerez Blanco”, por cierto servido en el Menú Real en el banquete ofrecido a S.M. Don Alfonso por el Ayuntamiento de Jerez el año 1904. Cayetano del Pino pretendía reunir no sólo las condiciones de tónico y de constituyente, sino al par, la de aperitivo y obtuvo el Monja Quina"[4]
Todavía en algunas notas de precios de los años 50 y 60 del siglo XX continúan comercializándose estos vinos quinados, tal como se puede constatar en una tarifa de precios de Luis Caballero perteneciente a 1952, donde se encuentra consignado el jerez quina Primera; así como en otra nota de precios de esta misma empresa, fechada ya en 1967, en la que se sigue anunciando el jerez quina Caballero. Aún en el Reglamento del Consejo Regulador de 1969 se contempla la elaboración en el Marco de Jerez de estos tradicionales vinos quinados o aromatizados con frutas, para cuya obtención debían cumplirse los requisitos establecidos en dicha normativa, pudiendo denominarse a este tipo de caldo “jerez quinado” y “jerez aromatizado”. Sin embargo, a partir de esas fechas, estos vinos se producen ya en muy escasas cantidades, habiendo desaparecido en la actualidad del ámbito productivo de la comarca.

Iconografía de los vinos medicinales. Correspondencias y funciones.
Los contenidos publicitarios que acompañan a estos específicos caldos medicinales se verán afectados por ese generalizado fenómeno de correspondencias iconográficas, que se produce habitualmente entre las propiedades organolépticas de cada tipo de caldo y sus iconos publicitarios. Por tanto, las representaciones gráficas de estos vinos quinados van a estar acordes con las cualidades reconstituyentes que se les atribuyen, siendo estas imágenes de signo religioso en su mayoría .
Tanto en el etiquetado como en la cartelería comercial o los anuncios ilustrados de estos caldos medicinales se plasman sobre todo temas extraídos de la religiosidad popular, aunque no faltan algunas representaciones de carácter sanitario, figuras infantiles y otros de diversa naturaleza, aunque en menor proporción. Así, a través de esta asociación publicitaria entre vinos medicinales e iconografía religiosa se establece una analogía simbólica entre las propiedades tónicas y efectos medicinales otorgados a estos caldos y los poderes taumatúrgicos asignados tradicionalmente a ciertos personajes del panteón cristiano.

jueves, 2 de febrero de 2012

En estado de sitio: el temor a la peste en el Cádiz de 1720.


         Por Manuel Toribio García             
         “¡es un maleficio sobre la ciudad!
            ¡Ay Cádiz! !Un maleficio  cae sobre ti!
              ¡Silencio, silencio!”
                Albert Camus, EL ESTADO DE SITIO.

    En 1948, Camus escribió una obra de teatro dedicada a una ciudad, un Cádiz mítico, cuyos habitantes están dominados por la Peste y la Muerte, dos poderes de añeja raíz apocalíptica que vienen a simbolizar la sujeción de los seres humanos a la tiranía. Venía a ser la traslación dramática de una novela publicada en 1947, titulada “La peste”, si bien en este caso ambientada en Orán. La obra está llena de frescura y vigencia, pues sigue siendo una alegoría de la degradación, de la pérdida de valores, del oportunismo del poder dominante en Occidente; pero también un canto a la esperanza, pues en la obra se deja entrever que otro mundo es posible. En el inicio del año 2012 la misma se ha representado en muchas ciudades andaluzas con motivo de los fastos del Bicentenario de la Constitución de 1812 y ha vuelto a tener un enorme éxito de público.
    Siempre he sido un admirador de Albert Camus y creo que su consideración de lo absurdo de la existencia abre unas vías insospechadas para indagar en nuestro propio conocimiento. Su novela autobiográfica “El primer hombre” es uno de mis libros de cabecera y cuando allá  por 1993 publiqué en la Revista de Historia del Puerto un artículo titulado “La epidemia de peste de 1676-1682” quise hacer un pequeño homenaje a Camus, si bien mi acercamiento al tema era desde una perspectiva exclusivamente historiográfica; pero luego, encontré en el Archivo Municipal de Sanlúcar de Barrameda documentación referida a otra epidemia de peste sufrida en tierras gaditanas y una curiosa ilustración que ahora quiero reproducir y comentar.
   El principal foco del brote de 1720 -el último además del que tengamos noticia en Europa Occidental- estuvo localizado en Marsella, que se vería infectada por la llegada en la primavera del navío GRAND SAINT ANTOINE tras una travesía por el Oriente mediterráneo a este puerto francés de una urbe con próspero comercio. En el barco hay signos evidentes de que la muerte se ha enseñoreado con parte de la tripulación, pero los comerciantes marselleses están interesados en la carga y se saltan la cuarentena preventiva. La irregularidad administrativa (y aquí seguimos el magnífico relato de los hechos que Mariano y José Luis Peset nos dejaron en su libro “Muerte en España”, Madrid, 1972) del Primer Magistrado que permite la descarga causa el contagio en Junio y en Agosto ya toda la ciudad está infectada. Se ve claro que priman los intereses mercantilistas, si Camus viviera hoy seguro que le encontraría partido al tema y nos dejaría alguna de sus reflexiones sobre la crisis del capitalismo actual tomando como excusa los hechos de Marsella.
    La peste no desaparecerá hasta justo un año después y hasta 1723 no  se reabre el comercio con Marsella. Se contabilizan alrededor de 50 mil víctimas.

    Mientras tanto, a España,  llegan las noticias de lo que está ocurriendo. El 3 de Agosto de 1720 aparece una Real Provisión sobre existencia de la peste en Marsella y las medidas para evitarla, en la que se ordena que los buques que viniesen de esa zona debían guardar cuarentena y llevar una patente de sanidad en la que se especificara origen, derrotero, carga y estado. Pocos días después, el 28 de Agosto se emite otra Real Provisión pidiendo rogativas a María Santísima, San Miguel, San Sebastián y San Roque; pues en la sociedad del Antiguo Régimen era frecuente acudir a lo trascendente, a la religión, a lo sobrenatural, cuando no se encontraba una explicación científica del mal y su curación.

          En el Archivo Histórico Municipal de Sanlúcar de Barrameda hemos encontrado información que permite ampliar estas noticias, así en el cabildo del 13 de Agosto de 1720 (folio 248 r y ss. del libro correspondiente a ese año) se lee una Cédula del Real Consejo de Castilla en orden a las guardas de la Peste de Marsella en que previene Su Majestad con noticias de que se está produciendo el contagio en Marsella y por lo tanto se impida a los bajeles procedentes de allí la entrada en las costas del Reino y por lo tanto la Ciudad acordaba que en lo que toca a su puerto se nombren diputados que visiten las embarcaciones que allí fondeen y a tal fin se comisiona a don Sebastián Páez de la Cadena Ponce de León y a don Manuel Fernández.
>> Continuar leyendo en blog Gyróbagus, de Manuel Toribio García

Requiem por "La Habana"



Cierra la taberna típica más antigua de Sanlúcar de Barrameda
Por Salvador Daza Palacios

Como si del año 1898 se tratase, debemos hoy lamentar y casi llorar por la pérdida de "La Habana". Este caso no se trata de aquella querida ciudad hermana, sino de nuestra taberna típica más genuina, que ayer [29 de enero de 2012] cerró sus puertas.
“La Habana” nació precisamente como modesto homenaje sanluqueño a aquella ciudad que fue durante tantos años española, tras el tristemente célebre “desastre del 98”. Allí,  entonces, fue la voladura del acorazado “Maine” provocada por sus propios dueños, los yankees, lo que precipitó la pérdida de la gran isla de Cuba y, con ella la última posesión colonial española en Ultramar. Aquí, ahora, problemas internos de la empresa familiar y la crisis económica, se han llevado por delante, por segunda vez, nuestra más preciada y añeja forma de entender la convivencia manzanillera.
Durante 112 años, se dice pronto, “La Habana”, de la familia Vázquez, durante cuatro generaciones, mantuvo la tradición más exquisita en el despacho de las manzanillas y caldos de nuestra tierra con una solera y una calidad encomiables. Un lugar espacioso, acogedor, ubicado en un lugar privilegiado, frente a uno de los monumentos más impresionantes de nuestra ciudad, la gran iglesia dominica fabricada en el siglo XVI enteramente de piedra, que permite degustar historia y arquitectura a través del paladar y de la vista.
>> Continuar leyendo en Blog Clérigos homicidas, de Salvador Daza Palacios

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Así lo ha visto Pepe Monforte en "Cosas de comé":

Cierra la taberna La Habana de Sanlúcar, uno de los despachos emblemáticos de manzanilla