domingo, 4 de junio de 2017

José Eduardo Lagomazzini Franzón (1888-1942). Sacerdote y poeta sanluqueño.

























Bella Reina, las manos agrietadas,
valen más que las manos enguantadas,
que venden a la Patria por dinero.

(José E. Lagomazzini Franzón: La ofrenda del campo, 25 de agosto de 1908).

José Eduardo Gregorio Lagomazzini Franzón nació en Sanlúcar de Barrameda el 12 de marzo de 1888. Fue bautizado en la iglesia mayor parroquial de Ntra. Sra. de la O por el sacerdote José María Arocha, con licencia del cura propio, Francisco Rubio. Actuaron como padrinos Eduardo Miquelli Botini y su tía Francisca Lagomazzini Mariscal. Fueron testigos del bautizo Manuel Asencio y José Arocha. José Eduardo fue confirmado el 14 de enero de 1894 en la parroquia auxiliar de San Nicolás por el Arzobispo de Sevilla, Marcelo Spínola y Maestre.[1]
Era hijo de José Lagomazzini Mariscal y Carmen Franzón Vicenti, naturales de Sanlúcar, aunque de orígenes genoveses. Su padre, de profesión hortelano, fue hijo de Felipe Lagomazzini Orcese, genovés afincado en Sanlúcar; y su madre, hija de Santiago Franzón Gilardón y Concepción Vicenti Botini. Éste último tuvo fábrica de fideos y almidón en Sanlúcar y era hijo, a su vez, del genovés Benito Franzón Bianchi. José Eduardo tuvo siete hermanos, que fallecieron sin descendencia. Éstos fueron Santiago (1879-1880); Concepción (1880-1923), soltera; María Clara (1883-1898), que falleció muy joven; Elena (Sor Guadalupe) (Sanlúcar, 1885-Jerez de la Frontera, 1969), religiosa dominica en el convento de Jerez de la Frontera; Eduarda (1890-1933), soltera; Miguel (1896-1920), soltero; y Teresa (Sanlúcar, 1893-Jerez de la Frontera, 1975), soltera, quien vivió con su hermano, el presbítero José E. Lagomazzini Franzón, hasta que murió, cuando marcho a vivir al convento de las dominicas de Jerez, donde estaba su hermana Elena. Sobre la genealogía e historia de la familia Franzón en Sanlúcar, se puede consultar en este blog  “Genealogía e historia de la familia Franzón de Sanlúcar de Barrameda”.
El padre de José Eduardo, José Lagomazzini Mariscal, falleció en 1918, a los 68 años de edad, en la “Huerta de En Medio”, también llamada popularmente “Huerta de Joselito”. Se le hizo funeral de la Hermandad del Carmen. Su madre, Carmen Franzón Vicenti, fallecería poco después, en 1921, a los 65 años de edad, en la misma huerta.[2]
De la toma de los Santos Sacramentos y el fallecimiento del padre del presbítero José E. Lagomazzini, dio buena cuenta El Correo de Cádiz, en su sección de noticias de Sanlúcar:
“Santos Sacramentos. A petición propia le han sido administrados los Santos Sacramentos al respetable señor padre del notabilísimo poeta D. José E. Lagomazzini Franzón, coadjutor de la parroquia de Santo Domingo”.[3]
“Necrología. Ayer por la mañana entregó su alma a Dios, fortalecido con todos los auxilios de nuestra sacrosanta religión, tras prolongada y penosa dolencia, sobrellevada con ejemplar resignación cristiana, el que fue muy respetable y anciano convecino el Sr. D. José Lagomazzini Domínguez (Mariscal) (q.a.g.g.), padre del virtuoso sacerdote y laureado poeta D. José Eduardo Lagomazzini Franzón, coadjutor de la parroquia de Santo Domingo. Reciba el hijo del finado y demás distinguida familia, nuestro más sentido pésame. El Corresponsal. (10-2-918)”.[4]
Esta familia vivió siempre en las huertas existentes en el margen derecho de la actual calle San Francisco. En 1905 residían en calle San Francisco, nº 5, en la denominada “Huerta de En Medio”, que fuera propiedad del presbítero Miguel Franzón Vicenti, tío del padre Lagomazzini. Respecto a los avatares de esta huerta se puede consultar el correspondiente apartado en este artículo.



En los años 70 del siglo XX, sobre el solar de lo que había sido la “Huerta de En Medio”, lugar de residencia del presbítero José E. Lagomazzini Franzón, se construyeron bloques de viviendas y el Ayuntamiento rotuló una de las nuevas calles de esta urbanización con el nombre de “Padre Lagomazzini”, en honor de este sacerdote y poeta sanluqueño, tal como se conserva en nuestros días.

Estudios elementales y eclesiásticos
José Eduardo Lagomazzini Franzón realizó sus primeros estudios en el colegio de los Padres Escolapios de Sanlúcar. Años después, siendo sacerdote y conocido poeta, dedicó unos versos a su antiguo colegio, con motivo de la celebración de lo los cincuenta años de la llegada de los escolapios a Sanlúcar:


DE OTRA EDAD
“Pequeño poema, evocación de mis tiempos de alumno en el colegio calasancio de Sanlúcar de Barrameda, dedicado a los Padres Escolapios de esta Ciudad, en las bodas de oro de la fundación de este centro docente.”
I
EL PATIO DE LAS PALMERAS
(ANOCHECER)
¡Qué placidez al contemplarte siento!
Lejos del mundo y su falaz mentira
tu augusta calma el trovador aspira.
Y tu ambiente de paz le infunde aliento.

El ocaso resbala manso y lento,
mi fatigado corazón respira,
y tus palmas parecen una lira
que tañe melodiosa el manso viento.

Yo aspire de tus flores la fragancia
en los ingenuos años de mi infancia,
en la risueña edad de mis quimeras...

Mi frente era más pura que el armiño,
y en mi sereno corazón de niño
más alta era mi fe que tus palmeras.


II
La Salve de los sábados
¡Oh páginas henchidas de ternura,
cuadros llenos de luz y de colores
de otro tiempo mejor, evocadores
de mi primera edad, toda ventura...!

Con nuestra voz de celestial dulzura
cantamos a la Virgen sus loores
como infantiles bardos trovadores
de la madre de Dios, bendita y pura.

Me aleje de mi pueblo idolatrado
y volví con el pecho lacerado;
entré en el templo de la Escuela Pía,

Y vi a los niños, y lloré a raudales
a1 escuchar sus voces celestiales
que la Salve cantaban a María.

Lagomazzini Franzón cursó la enseñanza media y Bachillerato en el Instituto General Técnico de Jerez de la Frontera, aunque se preparaba en Sanlúcar[5]. Ya entonces se reveló como alumno aventajado. Así lo demuestran sus excelentes calificaciones, algunas de las cuales fueron publicadas en el periódico El Guadalete de los años 1904 y 1905: en 1904 se reseñan en esta publicación los “Alumnos que en los exámenes de enseñanza privada verificados en el Instituto (de Jerez) han obtenido las primeras calificaciones”: José Lagomazzini y Franzón obtuvo Sobresaliente en las asignaturas de  “Psicología y Lógica” y “Fisiología e Higiene”. Este curso, José Eduardo fue compañero de Manuel Rubio Alpresa, Eduardo Cotro Florido y José Delgado Ñudi, entre otros sanluqueños, que también obtuvieron notables calificaciones[6].
En un solemne acto celebrado en el Instituto de Jerez, con motivo de la apertura del curso 1905-1906, al que asistió el alcalde jerezano, Julio González Hontoria, se entregaron los premios correspondientes a los alumnos que habían obtenido Matrículas de Honor el curso anterior. Entre ellos se hallaba José Lagomasini (este apellido aparece con distinta ortografía en los diversos documentos y publicaciones) y Franzón, que consiguió la calificación de Sobresaliente y Matrícula de Honor en la asignatura “Ética y Rudimentos de Derecho” (la misma nota en esta asignatura lograron los alumnos Eulalia Leal y Macedo y Manuel Illanes del Río). Durante aquel curso académico, otros tres sanluqueños, procedentes del colegio de las Escuelas Pías de Sanlúcar, obtuvieron igual calificación de Sobresaliente con derecho a Matrícula de Honor: Francisco España Viejo (Nociones de Aritmética y Geometría), quien también sería sacerdote en Sanlúcar, encargado de la iglesia de San Nicolás; José Delgado Ñudi (Aritmética) y Manuel Barba Brun (Psicología y Lógica).[7]
Con diecisiete años, José Eduardo Lagomazzini solicitó ingresar en el Seminario de Sevilla, en septiembre de 1905, alegando que ya tenía cursados los estudios de bachillerato, siéndole concedida la admisión por el Rector. Abonó los derechos de examen (2,50 pesetas), realizó el examen de incorporación al Seminario el 30 de septiembre y obtuvo la calificación de “Méritus”. Una vez admitido en calidad de alumno interno, se le asignó como tutor a Joaquín Moreno.[8]
Entre 1905 y 1911, Lagomazzini Franzón cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Sevilla, obteniendo la licenciatura en Sagrada Teología.[9] Además, entre 1911 y 1914 se graduó en Derecho Canónico en el mismo Seminario con excelentes calificaciones.[10]





En 1908, El Correo Español daba cuenta de algunas noticias procedentes de Sanlúcar de Barrameda, entre las que se hallaba la siguiente: “Para continuar sus estudios en el Seminario pontificio de Sevilla, marcharon los jóvenes de esta ciudad D. Rafael Cano, D. Manuel Barba, D. Manuel Cuadrado y D. José Lagomasini”[11]. Con posterioridad, Rafael Cano Márquez sería coadjutor de la parroquia mayor de Ntra. Sra. de la O; y Manuel Cuadrado Cabrera (1889-1948) coadjutor de Santo Domingo y encargado de la filial de San Nicolás.
En cuanto a las órdenes Sagradas, José E. Lagomazzini Franzón recibió la tonsura, primera de las órdenes menores, cuando tenía veinte años, de manos del cardenal Enrique Almaraz y Santos, Arzobispo de Sevilla, en las témporas de adviento, durante las órdenes generales que se celebraron los días 18 y 19 de diciembre de 1908.[12]
Los cuatro grados le fueron conferidos en 1909 por el mismo prelado, con veintiún años y siendo alumno de segundo curso de Teología, durante las órdenes celebradas los días 4 y 5 de junio de aquel año, témporas de pentecostés, recibiéndolos el primero de estos días[13]. El subdiaconado se le confirió en las témporas de adviento de 1910, con veintidós años por el mismo Arzobispo, durante las órdenes celebradas los días 21 y 22 de diciembre. Al carecer de beneficio o patrimonio eclesiástico, que le sirviese a título de su ordenación, lo hizo a título Servitii ecclesiae, presentando una solicitud al Arzobispo en la que se comprometía a servir a la Iglesia en cualquiera de los ministerios que se le encomendasen.[14]
De forma paralela, Lagomazzini Franzón cumplió con sus deberes militares. En 1910 presentó en el Seminario un certificado de la Comandancia de Artillería de Cádiz (28 de noviembre de 1910), donde constaba que había servido como artillero de 2ª.[15]
José E. Lagomazzini fue ordenado de presbítero con veintitrés años, cuando cursaba en el Seminario el primer curso de Derecho Canónico. Para ello debió solicitar dispensa de edad, pues no podía ordenarse hasta los veinticinco años. Emitidos los informes favorables del Rector del Seminario y del párroco de su feligresía, y examinado por el Tribunal Diocesano, fue ordenado de misa por el cardenal Almaraz en las órdenes que celebró los días 22 y 23 de diciembre de 1911.[16] Este mismo año fallecía su tío, el presbítero Miguel Franzón Vicenti.

“Huerta de En Medio”
El presbítero Miguel Franzón Vicenti, tío de José Eduardo Lagomazzini Franzón, fallecido en 1911, había dejado en su testamento una manda pía, en la cláusula tercera, por la que ordenaba a sus albaceas (los presbíteros Antonio Moreno Castro y Laureano Rubio Alpresa) que vendiesen la finca de su propiedad llamada “Huerta de En medio”, y “el producto que obtengan lo invertirán en papel del Estado que depositarán en la sucursal del banco de España de Jerez de la Frontera, y las rentas de ese papel las irá retirando a medida que se vayan venciendo, la persona que desempeñe el cargo de Capellán de la Iglesia de la Merced de esta población, invirtiéndolas hasta donde alcance en veinticuatro misas rezadas al año, doce en sufragio de las almas de los padres del testador y las otras doce por el alma del otorgante, y en dos jubileos cada año, también en sufragio de las almas antedichas y el sobrante si lo hubiere lo invertirá dicho capellán en el culto de su iglesia”).[17] Sobre el presbítero Miguel Franzón Vicenti, se puede consultar en este blog: “Genealogía e historia de la familia Franzón de Sanlúcar de Barrameda”.
Con anterioridad a 1905, en esta huerta vivía la familia del padre Lagomazzini y éste residió en ella hasta su muerte, acaecida en 1942. Se hallaba situada en la calle San Francisco, esquina a la Avenida Reina Victoria (actual Avenida de la Constitución).
Por la documentación existente en el archivo de la diócesis Asidonia-Jerez, publicada por el padre Narciso Climent Buzón, se sabe que la huerta fue vendida en 1912 por el albacea Antonio Moreno Castro -Laureano Rubio Alpresa renunció al albaceazgo-, en la cantidad de siete mil pesetas. El comprador era abogado de profesión y ocupaba un cargo en el Juzgado de Sanlúcar, aunque desconocemos su identidad. El importe de la venta fue entregado, al contado, a Moreno Castro, que por entonces ya era coadjutor de la iglesia auxiliar de Ntra. Sra. del Carmen[18], quién, en su calidad de albacea, debía proseguir los trámites testamentarios. Sin embargo, el cumplimiento de la manda se dilató varios años y fue motivo de una intensa actividad por parte del sobrino del testador, José E. Lagomazzini Franzón, entre febrero y marzo de 1919, quien intentó por todos los medios que se cumpliera la voluntad de su tío.
Cabe señalar que, a pesar de la venta realizada de la Huerta de En Medio en 1912, el padre Lagomazzini y su familia continuaron residiendo en esta finca. Se desconocen las condiciones a las que esta familia pudo llegar con el comprador, que les permitió seguir viviendo en la huerta tras la compraventa.
Seis años y medio después de la venta, en febrero de 1919, el Arzobispado se interesó por el asunto y solicitó copia de la cláusula testamentaria. El padre Lagomazzini se hizo cargo. Se entrevistó en Sevilla con el doctoral, José Moreno, para tratar el tema. Confirmó  con el capellán de la Merced que no estaba recibiendo ninguna renta del capital que debía estar invertido en Valores del Estado. Habló con el albacea, Moreno Castro, quien le explicó que de las siete mil pesetas tuvo que deducir los gastos de la venta (compra de papel, consultas y viajes); y que estaba pendiente de respuesta a las consultas que había realizado al director de la sucursal del Banco de España en Jerez de la Frontera, al director de la sucursal de Sevilla, a dos abogados y a dos sacerdotes, manifestando que “ya estaba cansado y molesto de ciertas demostraciones de desconfianza” y que no se había efectuado el depósito, “por buscar la mayor seguridad”. El padre Lagomazzini también se entrevistó con el comprador de la finca, quien quiso interponer una demanda judicial en un tribunal civil contra Moreno Castro, al que el propio Lagomazzini disuadió. Intervino en el asunto el Arcipreste Suárez. Le pidió explicaciones por escrito a Moreno Castro, quien respondió, alegando que la demora se debía a las distintas consultas que estaba realizando a dos abogados y dos sacerdotes, como el magistral de la Catedral de Sevilla, así como al director del Banco de España en Sevilla.
El padre Lagomazzini comunicó al Arzobispado que existían sospechas y rumores de que el capital, en manos el albacea, se estaba empleando en asuntos ajenos a lo mandado en el testamento. Existían otras opiniones contradictorias. El coadjutor expresaba su extrañeza ante aquella insólita dilación, dejando constancia que vería con sumo gusto que el capital de su tío se colocase en el erario arzobispal. Analizada la situación en el Arzobispado, se indicó a Moreno Castro, en marzo de 1919,  la conveniencia del ingreso (depósito) del papel del estado con el 4% de interés en el erario arzobispal, donde la Capellanía de la Merced podría cobrar por trimestres o anualidades. Moreno Castro adquirió entonces doce láminas de quinientas pesetas cada una en papel del Estado del 4%. No compró más por reservar algún dinero para gastos imprevistos, y comunicó al Arzobispado que en cuánto pudiera lo llevaría a Sevilla para hacer el depósito “enseguida”[19]. Aunque no sabemos más sobre este asunto, es de suponer que así se hizo.[20]
Cabe aclarar que en todo este relato se alude del padre Lagomazzini, incluso él mismo se define así, como el “pariente más próximo al testador”[21], el presbítero Franzón Vicenti, si bien aún vivían otros herederos directos, como algunos hermanos y sobrinos de este sacerdote.

Carrera eclesiástica
Una vez ordenado sacerdote, el 23 de diciembre de 1911, José E. Lagomazzini Franzón celebró su primera misa en la iglesia del convento de clarisas de Regina Coeli, el 6 de enero de 1912,[22] monasterio muy vinculado a la familia, pues en él profesaban sus tías Concepción y Ángeles Franzón Lagomazzini (Abadesa), y su prima Dolores Granados Franzón, además de haber estado su tía abuela, Sor Cecilia de la Cruz Lagomazzini Mariscal (fallecida en 1901).
En el Boletín Oficial del Arzobispado de Sevilla, Lagomazzini Franzón aparece por primera vez, en la relación de sacerdotes, en 1912, aunque sin estar adscrito a ninguna parroquia, al igual que en 1913[23], si bien este último año obtuvo su primer destino.
Una vez licenciado en Teología y graduado en Derecho Canónico, su primer destino eclesiástico fue como cura ecónomo de la parroquia de San Juan Bautista del pequeño pueblo de Linares de la Sierra (Huelva), en 1913[24], donde probablemente sólo estuvo unos meses, pues ya en 1914 aparece entre los curas adscritos a la parroquia del Sagrario de Sevilla[25]. Este último destino se contradice con el cargo de coadjutor de la parroquia de San Ildefonso de Sevilla[26] y/o filial de Santiago, que el mismo padre Lagomazzini afirmaba haber ejercido en una solicitud dirigida al Arzobispado, donde relacionaba sus destinos eclesiásticos[27].
En 1915 fue nombrado coadjutor de la parroquia de San Joaquín de El Puerto de Santa María[28], cuyo cargo alternaba en 1916 con el de Capellán del convento del Espíritu Santo, de las agustinas de Santi Spiritus de esta ciudad.[29]
El 6 de agosto de 1916 Lagomazzini Franzón tomó posesión del cargo de coadjutor de la parroquia de Santo Domingo de Sanlúcar de Barrameda[30] -iglesia erigida en parroquia en 1911-, a pesar de la insistencia con la que había solicitado este destino el padre José Sánchez Merino[31]. Y, a propuesta del párroco, Manuel López González, también fue nombrado miembro de la Junta de Fábrica parroquial[32]. El padre Lagomazzini ocupó este cargo hasta su muerte, en 1942.



La parroquia de Santo Domingo fue muy pretendida entre los sacerdotes de Sanlúcar y ciudades próximas. Así, al fallecer el párroco, Manuel López González, el 8 de septiembre de 1921, se postularon nueve candidatos que solicitaron al Arzobispo el cargo de párroco de Santo Domingo. Éstos fueron los párrocos de Manzanilla (Huelva), Santa María de Estepa (Sevilla), Ntra. Sra. de la Granada de Moguer (Huelva), y Ntra. Sra. de la Antigua de Almensilla (Sevilla); además de los presbíteros José E. Lagomazzini, Francisco Casado Ramos, Manuel Cuadrado Cabrera, Rafael Cano Márquez y José Núñez Camacho, quienes ejercían su ministerio en distintas iglesias de Sanlúcar.[33]
En su solicitud, el padre Lagomazzini expuso que no pretendía alegar mérito alguno, pero que “tan sólo a título de mera información” comunicaba al Arzobispado que había estado encargado de la parroquia de Linares de la Sierra por algún tiempo, había sido coadjutor en Sevilla (en la filial de Santiago), así como en la parroquia de San Joaquín de El Puerto de Santa María, y llevaba cinco años cumpliendo el cargo de coadjutor en Santo Domingo. En los dos últimos años había venido sustituyendo al cura propio en su “la larga y penosa enfermedad”, habiéndolo hecho tan sólo como “un acto de compañerismo”. La candidatura a párroco del padre Lagomazzini estuvo apoyada por un grupo de feligreses de la propia parroquia de Santo Domingo, que enviaron una carta a Miguel del Castillo, provisor del Arzobispado, para que intercediera ante el Arzobispo, Eustaquio Ilundáin y Esteban (Pamplona, 1862-Sevilla, 1937), a fin de que nombrase a Lagomazzini cura ecónomo de la misma. A estas peticiones se sumó el Alcalde de Sanlúcar, Leopoldo del Prado Ruiz, mediante un telefonema dirigido al provisor del Arzobispado, por considerar a Lagomazzini “un virtuoso y sabio sacerdote”.[34]
Finalmente, fue designado el padre Lagomazzini para encargarse de la parroquia, aunque con carácter interino, como “cura encargado”, hasta que fuese nombrado el nuevo párroco, cuyo cargo recayó en el doctor Alfonso Espinosa Mena (¿?-Sevilla, 1965), que tomó posesión del mismo en octubre de 1921.[35]
Durante aquellos días de interinidad, el padre Lagomazzini tuvo que llevar a cabo un doble trabajo, como coadjutor más el propio del párroco. Planteó al Arzobispado el problema de la distribución del obvencional: cuánto habría de cobrar de los ingresos parroquiales. Asimismo comunicó que, desde la muerte del párroco, estaba en la parroquia “de servicio permanente”, ya que hacía las semanas que correspondían al cura párroco y las del coadjutor. También gestionaba el archivo parroquial, en el que tenía que pagar a un sacerdote que le ayudase. Y, además, había tenido que adelantar algunas cantidades, dado que la parroquia no tenía un céntimo y arrastraba un gran déficit con el párroco fallecido. A ello se agregaban las deudas con algunos proveedores y otras personas, como el religioso capuchino que predicó la novena de la Virgen del Rosario (aún en 1925 no se le habían abonado las 200 pesetas que se le debían). Para solventar el asunto, se entrevistó con el Arcipreste Suárez, quien le indicó que podía percibir su parte de coadjutor y la parte del cura párroco, pues estaba realizando su trabajo. En nueva carta remitida al Arzobispado, el padre Lagomazzini informaba que se había entrevistado con el hermano del párroco, López González, y éste le comunicó que, por decisión de los herederos, de la asignación del culto parroquial se le había pagado el mes a los ministros de la parroquia y de la filial de San Nicolás: sochantre, sacristán y organista, agregando que no devolvería el sobrante de dicha cantidad “hasta que no se ajustase cuenta, pues era mucho lo que la fábrica parroquial debía a su hermano”.[36]
A pesar de la llegada de Espinosa Mena, el padre Lagomazzini Franzón tuvo que ejercer las funciones de párroco durante los numerosos períodos en que el párroco se ausentó de la parroquia en los ocho años que estuvo, casi siempre por motivos de enfermedad propia, así como por la de algún familiar u otras causas, como solventar una testamentaría en Algodonales, de cuya parroquia estuvo encargado antes de Sanlúcar. Siempre, al frente de la parroquia quedaba el padre Lagomazzini[37]. Tras el permiso obtenido en diciembre de 1928, Espinosa tardó en volver a la parroquia siete meses, tras los cuales pasó unos pocos días en Sanlúcar, para terminar marchándose definitivamente, en agosto de 1929. Durante este tiempo el cardenal Ilundáin ordenó al padre Lagomazzini que rigiese la parroquia (oficio de 23 de julio y decreto de 8 de agosto de 1929, por el que disponía que Lagomazzini quedase encargado del servicio parroquial, con obligación de aplicar la misa pro populo). El padre Lagomazzini aceptaba su cumplimiento “con la gracia de Dios”.[38]
Durante el último permiso del párroco, el padre Lagomazzini escribió a Espinosa (3 de julio de 1929), preguntándole por su prolongada ausencia, pero no recibió respuesta. Desconocía el motivo y se extrañaba, pues “lo consideraba un sacerdote digno”. Poco después recibió una carta de Espinosa, donde le pedía el total de los haberes del semestre que llevaba fuera de la parroquia. Lagomazzini, considerando que Espinosa había hecho diversos gastos y se trataba de una ausencia larga, respondió indicándole la conveniencia de que viniese a Sanlúcar, pues en la ciudad se solventarían mejor las explicaciones y deducciones. A esta segunda misiva tampoco respondió Espinosa. El padre Lagomazzini preguntó al Cardenal Illundaín sobre cómo debía actuar en esta cuestión de los haberes, entendiendo por lo decretado que dejase en suspenso el asunto. En cuanto al estado de la gestión económica, las cuentas de fábrica de 1927, aprobadas por el Prelado el 21 de enero de 1929, arrojaban un saldo a favor de 877´84 pesetas, desconociendo el coadjutor a cuánto ascendía el saldo de 1928, pues el párroco Espinosa no se lo había entregado, estando aún en su poder.
Espinosa Mena llegó a Santo Domingo el 6 de agosto con la parecida intención de permanecer en su parroquia. Al día siguiente celebró la misa y, a continuación, el padre Lagomazzini le rindió cuentas desde enero a julio de 1929, le entregó sus haberes, así como los correspondientes a la fábrica parroquial de los últimos siete meses. Espinosa ordenó a Lagomazzini que rebajara las nóminas de julio del coadjutor de San Nicolás y la suya como coadjutor[39]. Pocos días después Espinosa Mena se marchó de Sanlúcar definitivamente, aunque el padre Lagomazzini no se enteró hasta pasados unos días.
El coadjutor Lagomazzini Franzón informaba puntualmente al Arzobispado del acontecer de la parroquia. En una de sus misivas comunicaba que, aunque no podía afirmarlo en absoluto, consideraba que Espinosa había tomado en el Habilitado, en Sevilla, a su paso para Sanlúcar de Barrameda, en aquella última venida, en agosto de 1929, la consignación de julio perteneciente a la parroquia de Santo Domingo y que solía importar algo más de quinientas pesetas; que el señor Espinosa había llegado con ánimo de permanecer; que durante tres días se le esperó para celebrar la misa; que se había presentado en la parroquia un albañil, llamado por Espinosa, para arreglar en aquellas instalaciones una habitación mientras no se le presentase una casa conveniente; que el piso que ocupaba lo había desalquilado; que la parte del cementerio que correspondía a la fábrica de la parroquia no la había cobrado el señor Espinosa, permaneciendo en poder del gerente del mismo, etc.
Por tanto, además de los numerosos y dilatados periodos de ausencia del párroco, durante los ocho años que estuvo en Sanlúcar, el padre Lagomazzini volvió a hacerse cargo de la parroquia de Santo Domingo, de forma interina, en los primeros siete meses de 1929, hasta que tomó posesión del cargo de cura ecónomo, el 19 de agosto de 1929, el licenciado Laureano Rubio Alpresa (Villamartín, 1874-Sevilla, 1940), sobrino del que fuera Arcipreste de Sanlúcar, Francisco Rubio Contreras, para cuyo cargo había sido nombrado el 9 de agosto por el cardenal Ilundáin. De forma inmediata, se procedió a la rendición de cuentas por parte del padre Lagomazzini. En aquella fecha, tenía la fábrica de Santo Domingo la cantidad líquida de 783,44 pesetas.[40]
Además de sus funciones como coadjutor de la parroquia de Santo Domingo, el padre Lagomazzini, popularmente conocido en Sanlúcar como el “cura Joselito”[41], formó parte de otras entidades, como la junta directiva de la Orden Tercera, donde aparece en 1930 como maestro de novicios[42]. Asimismo, fue uno de los  primeros predicadores de la hermandad del Cristo de la Expiración y Ntra. Sra. de la Esperanza, en 1928[43].

Trayectoria poética
La obra poética de José E. Lagomazzini Franzón se encuentra muy dispersa, al hallarse sus poemas editados en distintas publicaciones y otros se conservan en colecciones privadas. Manuel Barbadillo realizó una notable recopilación de veinte obras suyas, fechadas entre 1908 y 1926, en su libro Olvidos históricos, donde recogió obras de otros poetas sanluqueños. Colocó en primer lugar los poemas del padre Lagomazzini, pues al referirse a estos escritores afirma que “el orden en que aparecen situados no indica ningún grado de selección ni de preferencia, aunque sería injusto no resaltar, entre todos ellos, al poeta y sacerdote José Eduardo Lagomazzini Franzón. Nobleza y justicia obligan”.[44]
El padre Lagomazzini debió empezar a escribir poemas desde muy joven, pues ya en 1908, cuando sólo contaba veinte años y era estudiante en el Seminario, publicó el poema En el claustro, en revista Ilustración Católica. La Hormiga de Oro, entre otros.
Por su condición de sacerdote, escribió bastantes poemas de tema religioso, aunque no faltan los asuntos de naturaleza, históricos, militares, costumbristas e incluso alguna coplilla taurina.
Con independencia de la calidad de su obra, de la que no se hará aquí análisis crítico, el padre Lagomazzini, como poeta, fue muy apreciado y considerado entre los escritores de su época, tanto en Sanlúcar, como en las ciudades próximas (Sevilla, El Puerto de Santa María, Cádiz). Buenas muestras de esta estimación son los poemas y palabras laudatorias que le dedicaron algunos escritores, como Rodríguez Ramiro, Barrios Masero, Manuel Barbadillo o Alejandro Zambrano, entre otros.
Asimismo, el padre Lagomazzini fue amigo personal del presbítero sanluqueño y escritor Pedro Ruiz Badanelli (Sanlúcar de Barrameda, 1899-San Fernando, Buenos Aires, 1985), teólogo, jurista y literato, que llegó a ser el primer obispo justicialista de la disidente Iglesia Católica Apostólica Argentina. En la primera misa cantada de Badanelli, el 22 de septiembre de 1925, tras ser ordenado sacerdote en Granada, que se celebró en la iglesia de San Francisco de Sanlúcar, propia de su antiguo colegio de Escolapios, José E. Lagomazzini Franzón será uno de los pocos invitados al acto (por motivos de luto), junto a José Rodríguez Ramiro (autor de la obra poética Del Rosal Mariano, con prólogo de Badanelli)[45]. También Badanelli predicó en varias ocasiones en la parroquia de Santo Domingo (Viernes Santo, fiesta del santo titular, Virgen del Rosario, etc), dónde era coadjutor el padre Lagomazzini.[46]
En 1908 está fechado uno de los primeros poemas localizados del padre Lagomazzini: La ofrenda del campo, dedicado a la “Reina de la Fiesta”[47], probablemente escrito con motivo de los Juegos Florales de aquel año. Este soneto será incluido posteriormente en la obra En pleno campo, escrita en 1917 y publicada en 1924.


LA OFRENDA DEL CAMPO
(A la Reina de la Fiesta)
Al dejar, para verte, mi alquería,
he cortado en la falda del otero,
un ramo de tomillo y de romero,
que impregna mi zamarra todavía.

Lo cogí en flor al despuntar el día,
cuando en la jara el trovador jilguero,
preludiaba su canto mañanero
desgranando caudales de harmonía.

No desdeñes mis yerbas olorosas,
porque tengo las manos sudorosas;
Dios bendice el trabajo del obrero.

Bella Reina, las manos agrietadas,
valen más que las manos enguantadas,
que venden a la Patria por dinero.

José E. Lagomazzini

25 de agosto de 1908.

En 1908 y 1909, Lagomazzini Franzón publica dos poemas en la revista Ilustración Católica. La Hormiga de oro, cuando aún era estudiante de Teología en el Seminario de Sevilla.
Poema En el Claustro. En Ilustración Católica. La Hormiga de oro, nº 31, Barcelona, 1 de agosto de 1908, p. 6.


Poema El consuelo de mis penas, publicado en Ilustración Católica. La Hormiga de oro. Barcelona, 2 de enero de 1909, p. 13.

Por las crónicas periodísticas, sabemos que en 1912, durante la celebración de una velada literario-musical, organizada en Sanlúcar por la Juventud Integrista, el presbítero José E. Lagomazzini leyó “dos inspiradas poesías, que el público escuchó con agrado y aplaudió con entusiasmo”[48], si bien desconocemos qué poemas eran, pues no se reseñan sus títulos.
En 1914, Lagomazzini Franzón firma en Sevilla el poema Alma Andaluza, dedicado a las tropas españolas que servían en África. Llama la atención la inserción de coplillas populares andaluzas entre sus versos. Se desconoce si esta obra fue publicada. La rescata Manuel Barbadillo en su recopilación.[49]


ALMA ANDALUZA
“Evocación de la Campaña del 11, dedicada a las tropas españolas que defienden en África el honor de la bandera”.
… Sonó la voz de tregua: piafaron los corceles,
volvían los soldados cubiertos de laureles,
y al ritmo de la música saltaba el corazón.
y allá en el campamento, besado por las olas,
izaban las alegres banderas españolas
los nobles centinelas llorando de emoción.

La tarde declinaba: los montes se esfumaron;
los campos de Melilla las sombras enlutaron;
dormido como un niño, dormido estaba el mar;
y un bravo sevillano, de fuerte alma bizarra,
dio al viento de la noche, al son de la guitarra,
las trémulas cadencias de un aire popular:

“No tengo padre ni madre,
Y cuando empiezo a cantar,
Son tan jondos mis pesares
Que hago a la piera llorar”

Era un alegre mozo de apuesto continente.
Serena la mirada, y el corazón valiente,
que a la africana guerra de voluntario fue.
Cruzado caballero de la gentil matrona
que no tuvo verdugo más cruel que su corona,
cuando en su pecho ardía la hoguera de la fe.

¡La Fe! que propagaron las tropas esforzadas
de nobles corazones cual hostias consagradas
por férvido amor patrio en aras del altar.
Indómitos guerreros que en su triunfal carrera,
dejaron con su sangre sellada la bandera
y diéronle estrechísimo abrazo al expirar.

Cantaron los barqueros sentidas barcarolas;
velaba el centinela las tiendas españolas;
dormido como un niño, dormido estaba el mar;
los pechos respiraban atmósferas de gloria;
de pronto rasgó el aire, cual grito de victoria,
la música argentina del canto popular:

«Dos vivas quiero yo dar:
¡Viva el general Marina!
¡Viva el cabo Luis Noval! ››.

La reina de la noche, la luna misteriosa,
el claro firmamento cruzaba silenciosa,
y a los reflejos pálidos de su argentada luz,
el aduar del moro surgía en lontananza,
pero vibró en el aire cual grito de venganza
la música guerrera del canto andaluz:

«No me llames, madre mía,
que mi madre no eres tú,
que mi madre es la bandera
clavada en el Gurugú».

Plegó sus negras alas el ángel de la guerra,
el humo del combate se evaporó en la sierra,
y fue un cuadro pletórico de luz y de color:
las olas, mansamente, rompiéndose en la orilla,
la luna que velaba los cerros de Melilla,
la paz con sus dulzores bañando el corazón.

Cesaron los cañones de vomitar metralla,
y un rayo de la luna quebróse en la muralla
besando la gloriosa bandera nacional.
la banda de oro y fuego, el mágico estandarte,
que frente a la soberbia legión de Bonaparte,
venció el orgullo indómito del águila imperial.

El canto del soldado se deslizó sonoro
como un raudal de perlas por un caño de oro;
su voz vibrante y dulce de nuevo se escuchó:
y la cadencia trémula hirió blanda el oído.
Cual hiere la memoria recuerdo adormecido
y el eco en el espacio temblando se perdió:

“Yo tenía, yo tenía
Una cadenita de oro,
Y se me cayó a la mar
Y de sentimiento lloro”

Y recordó a la niña, la flor de sus vergeles,
que en andaluza reja, bordada de claveles,
le habló de los amores que fundan el hogar,
la niña que una tarde serena de invierno,
lo despidió, llorosa, jurando amor eterno…
Sonó otra vez, dulcísima, la voz popular:

“El árbol de mi queré
Tan jondo llegó a arraigá.
Que yo he querido arrancarlo
Y no lo puedo arrancá”.

De pronto, en la avanzada fantástica y desierta,
sonó imponente el grito de “centinela alerta”.
Calló el pobre soldado, su lengua se anudó:
una traidora bala le abrió mortal herida
y destrozóle el pecho y le arrancó la vida:
el postrimer suspiro mirando al cielo dio.

Besó la triste luna con rayo funerario
la herida que besaba bendito escapulario,
dulcísimo recuerdo que ella le dio al marchar:
en la remota playa las olas se rompían,
y en la apacible noche llorando se mecían
las trémulas cadencias del aire popular:

“Que yo he querido arrancarlo
Y no lo puedo arrancá


JOSÉ E. LAGOMAZZINI

Sevilla, 26 Febrero 1914

Coincidiendo con su destino ministerial como coadjutor de la parroquia de San Joaquín, en El Puerto de Santa María, en 1915, el padre Lagomazzini publica en la revista Bética la obra La torre de Doña Blanca. Tradición del Puerto, poema de signo histórico.[50]



Fiesta de las Espigas. Sanlúcar, 1917.
En 1917 se celebró en Sanlúcar de Barrameda la “Fiesta de las Espigas”, organizada por la sección de la Adoración Nocturna, fundada en 1904 por un grupo de piadosas señoras en la iglesia auxiliar de Nuestra Señora del Carmen con licencia del cardenal Spínola. Trece años más tarde, esta sección celebró la “Fiesta de las Espigas”, en la noche del 7 al 8 de julio de 1917. Tras visitar la Parroquia Mayor, esta fiesta eucarística tuvo lugar en el santuario de Nuestra Señora de la Caridad, por entonces sede de la sección adoradora. Asistieron las secciones de Jerez de la Frontera, Écija, Dos Hermanas, Alcalá de Guadaira, Carmona, Pilas, Cantillana, Paradas, Lebrija y Marchena, presididas por el Consejo Diocesano establecido en Sevilla. En total, unos cien adoradores que llegaron en tren portando sus banderas e insignias. La comitiva fue recibida por el Arcipreste Antonio Suárez, el presidente de la sección sanluqueña -Luis Otero Maceas- y otros miembros de la Junta de Gobierno local. La plática estuvo a cargo del Arcipreste y se cantó la misa de Perosi  por un nutrido coro de voces.
A continuación se procedió a la a procesión eucarística con el Santísimo bajo palio, que se dirigió a la ermita de Santa Brígida, situada en las afueras de la ciudad. Figuraban en la procesión caballeros y niños con velas; las secciones adoradoras con velas y banderas; cantores y músicos; comisiones del clero; escolapios, capuchinos, y Hermanos de la Doctrina. Tras el palio marchaba una sección de la Guardia Municipal en traje de gala, y la Banda de Música dirigida por el profesor Alberto Álvarez. Numeroso público se apiñaba en las calles para contemplar la procesión, ya que era la primera vez que se celebraba en Sanlúcar. En la explanada de la ermita, adornada con banderas y guirnaldas, se cantaron diversos himnos y motetes eucarísticos y se procedió a bendecir los campos con el Santísimo Sacramento, mientras sonaba la Marcha Real. [51]
Durante esta procesión eucarística se repartió entre el público unas hojillas con poemas del padre Lagomazzini y Manuel Barrios Masero. Desconocemos cuáles fueron estos poemas impresos de ambos autores.

Juegos Florales de El Puerto de Santa María, 1917.
En julio de 1917 se celebraron los Juegos Florales y Fiesta de la Poesía en El Puerto de Santa María, cuyo certamen poético ganó el padre Lagomazzini Franzón, que obtuvo el “Premio de S.M. El Rey”.


Padre Lagomazzini Franzón, ganador del Premio de S. M. El Rey en certamen poético de los Juegos Florales de El Puerto de Santa María, 1917. (Foto: La Unión Ilustrada).
Según el semanario de información gráfica La Unión Ilustrada: “Los Juegos Florales celebrados recientemente en el Puerto de Santa María, han resultado brillantísimos. El coadjutor de Sanlúcar Sr. Lagomazzini se reveló como un tierno y delicado poeta obteniendo del Premio del Monarca y siendo felicitadísimo. El mantenedor de la Fiesta, Sr. Peiró, canónigo de la Catedral de Cádiz pronunció un notable discurso que mereció aplausos”.[52]

Juegos Florales de El Puerto de Santa María, 1917. La reina de la Fiesta de la Poesía, Mercedes Sancho Peñasco (Foto: La Unión Ilustrada).
Aunque en la breve crónica periodística no se alude al título del poema premiado, todo parece indicar que se trataba del llamado En pleno campo, el cual sería publicado en 1924 en la revista Literatura Hispano-Americana, donde se afirma que esta obra obtuvo el “primer premio de S. M. El Rey en público certamen”. Esta revista contó desde aquel año con el padre Lagomazzini como nuevo colaborador literario:
“Nuevo colaborador. Desde el presente número contamos con la valiosa colaboración del eximio y laureado poeta sanluqueño D. José E. Lagomazzini. El poema En pleno campo que insertamos hoy, obtuvo el primer premio (de S. M. el Rey), en público certamen, y por sí solo es suficiente para acreditar la firma de su autor, sí esta no gozara ya de justo renombre. Sea bienvenido el nuevo colaborador.”[53]


Revista Literatura Hispano-Americana, 1924.

Certamen Concepcionista. Sevilla, 1917.
Certamen Concepcionista. Sevilla, 1917 (Foto: La Unión Ilustrada).

Con motivo del III Centenario del Voto Concepcionista de Sevilla, celebrado con grandes fastos en la ciudad hispalense, la Academia de Buenas Letras de Sevilla organizó un concurso poético o Certamen Concepcionista, que se celebró en la iglesia de la Universidad. El acto estuvo presidiendo por el nuncio de Su Santidad, el cardenal Almaraz, y el Obispo de San Luis de Potosí. Actuó como mantenedor del acto Diego Tortosa, canónigo de Madrid. Y asistieron algunos niños vestidos al uso del siglo XVII. En este concurso, el padre Lagomazzini Franzón obtuvo el Premio del Papa, consistente en una medalla de oro otorgada por Su Santidad, Benedicto XV (1854-1922).[54]


Certamen Concepcionista. Sevilla, 1917 (Foto: ABC)
Así describió el acto el semanario La Unión Ilustrada: “En la Universidad de Sevilla, se ha celebrado el certamen convocado con motivo del III Centenario del voto concepcionista. Presidió el acto el Nuncio de Su Santidad, con el Cardenal y Obispo de San Luis de Potosí. La iglesia de la Universidad, donde se realizó el acto, apareció brillantemente exornada. Asistieron niños de la aristocracia vestidos a la usanza del siglo XVII, representando a Murillo, Martínez Montañés, Vázquez de Leca y Miguel del Cid. Se procedió al a adjudicación de premios, y a continuación don José Eduardo Lagomazzini y Franzón, Coadjutor de Sanlúcar de Barrameda, agraciado con el primer premio, consistente en medalla de oro de Su Santidad, leyó la poesía premiada siendo ovacionado. Por último, el Cardenal pronunció frases de gratitud a las autoridades y demás personas que prestaron relieve con su asistencia al acto. Ensalzó la importancia de las fiestas del centenario del voto Concepcionista, en el que se ha demostrado que en Sevilla late intensamente, el amor y el fervor por la Reina de los Cielos, la Inmaculada Concepción. A la fiesta asistió numeroso y distinguido público que salió altamente satisfecho del acto, felicitando unánimemente a los organizadores de tan inolvidable velada.”[55]
Lamentablemente, hasta el momento no hemos localizado la poesía premiada, que probablemente fuese la titulada Oda a la Inmaculada.

Homenaje de la ciudad de Sanlúcar de Barrameda al padre Lagomazzini, 1918.
La obtención de este galardón en el Certamen Concepcionista por el padre Lagomazzini fue muy celebrada en Sanlúcar. En la primavera de 1918 se dedicó, en su honor, la “Fiesta de la Flor”. El Correo de Cádiz lo anunciaba: “Por iniciativa de nuestro querido amigo, el reputado artista, D. Manuel Escobar, se celebrará este año en esta población, la llamada “Fiesta de la Flor” en honor del laureado poeta D. José Eduardo Lagomazzini Franzón, coadjutor de la parroquia de Santo Domingo, cuyos productos se destinarán a fines benéficos”.[56]
Además, el día 26 de agosto de 1918, el pueblo le Sanlúcar tributó un homenaje al padre Lagomazzini con motivo del triunfo obtenido en el Certamen Concepcionista, al que asistió el Obispo de la Diócesis. El acto tuvo lugar en el patio del colegio de los padres escolapios (actual colegio de La Salle) y la ciudad obsequió al presbítero un cáliz, que estrenó al día siguiente en la iglesia de San Francisco, cuya misa predicó Laureano Rubio Alpresa.[57]
El programa del homenaje estuvo compuesto por una recepción; presentación al Obispo de las autoridades y personalidades asistentes; concierto de la Banda Municipal de Música; varios discursos; y otras actuaciones musicales. Concluyó el acto con la entrega al padre Lagomazzini del cáliz regalado por la ciudad.[58]
Tres días después de la celebración, el sacerdote quiso agradecer este homenaje tributado por la ciudad y publicó el poema A Sanlúcar (ofrenda de gratitud) en el periódico local El Profeta.[59]


A SANLÚCAR
(Ofrenda de gratitud)

En la locura de su amor ardiente
por ti el bardo luchó, Reina adorada,
en la espantosa lid encarnizada,
a los rayos de un sol incandescente.

Con mano firme y corazón valiente
blandió sereno su tajante espada,
y en medio de la tierra ensangrentada
ganó el laurel para ceñir tu frente.

Hoy que en la paz del trovador se inspira,
por ti descuelga su dorada lira,
Sultana, hija del sol, Puerto Lucero;

Y en un ramo de pálidas violetas
el último de todos tus poetas
rinde a tus pies su corazón entero.

José E. Lagomazzini

29 de agosto de 1918

Durante el acto de homenaje, algunos poetas leyeron obras en honor del padre Lagomazzini, como Manuel Barrios Masero:


A JOSÉ E. LAGOMAZZINI
¡Poeta, Dios te salve!

¡Salve el cantor a la mayor belleza:
la visión que admiró Pío Noveno!
El Genio con espíritu sereno
ha posado un laurel en tu cabeza.

Hoy tu pueblo amoroso, con firmeza
quiere aclamarte de entusiasmo lleno,
y al ofrecerte este homenaje ameno,
es para enaltecer a tu grandeza.

El cáliz que tu pueblo te ha ofrecido
será un recuerdo para ti querido
que vivirá en tu pecho dulcemente.

Cuando en el Santo Altar lo alcen tus manos,
piensa en tu pueblo y luego, reverente,
ruégale siempre a Dios por tus hermanos.

Manuel Barrios Masero

29 Agosto 1918

Asimismo, el padre escolapio Luis Soto, dedicó otro poema a Lagomazzini, fechado pocos días después del homenaje, que fue recogido por Manuel Barbadillo.


A mi querido amigo el afamado poeta
JOSÉ EDUARDO LAGOMAZZINI

¿Me vas mi lengua, a mentir?...
¿Me vas a ser traicionera
Tú, mi pluma, al escribir?...
Hoy cantar yo bien quisiera
y lo que siento decir.

¡Y no es poco lo que siente
mi corazón dolorido,
tan alegre y sonriente
mientras del amor mecido
fue de un ser, que llora ausente!

¡Más no ignoras, caro amigo,
a quien dedico mi canto
que más a unirte conmigo
ha venido en ti el quebranto
de nuestra amistad testigo!

De mil amores cantar
quisiera todas tus glorias
y en tu loor entonar
himnos de claras victorias,
pero, ¡déjame aún llorar!...

En vano mi alma afanosa
en pos del númen divino
se lanza, cual mariposa
tras el néctar peregrino
con que le brinda la rosa.

Más de una vez alentada
decidió templar la lira
de mi musa alborotada;
pero hoy… ¡qué triste suspira
de mi mano al ser pulsada!...

Y con todo muy osado,
deponiendo mi tristeza,
mis penas dejando a un lado,
aunque con poca destreza,
cantaré al amigo amado.

Y falto de inspiración;
que ilumine esta mi frente,
me acojo con ilusión
al genio claro y potente
del poeta campeón.

El resuene en mi canción
y a mis notas preste aliento,
que quiero sea la expresión
de la ventura que siento
latir en mi corazón.

Pues de tu dicha la mía
no consiente separarse,
como me asocié en el día
en que vi el dolor cebarse
en ti con loca porfía.

Hoy mi musa es tributaria,
de tu esclarecido nombre;
de tu gloria literaria,
la que más ensalza al hombre
pretende hacer fiel sumaria.

Y sea tu gloria mayor
y me consta que así es,
ese cariño y amor,
que de los amigos ves
volar en tu derredor.

Ese gozo de que henchidos
están tantos corazones
como son los reunidos
se hallan bajo unos blasones
de todos bien conocidos.

El placer, que alegres vierten
pupilas admiradoras
de las bellezas que advierten
en tus coplas trovadoras
y aún mayores las presienten.

Y uniendo a la admiración
claro ejemplo de largueza,
al par que su corazón
te han brindado con firmeza
otro inapreciable don.

Don que si ya no tuviera
un mérito incalculable
crecido lo recibiera
del prelado venerable
que en tus manos lo pusiera.

Acepta sin vacilar
ese obsequio, este homenaje...
tú, bien sabes apreciar,
eres de noble linaje,
cuanto en sí llega a encerrar.

Sigue, amigo, con ardor
el camino de la gloria,
que es la gloria del Señor
la que busca en su victoria
ese tu genio creador.

Sch. P. 1-9-18.

Luis Soto

Manuel Barrios Masero publicaría al año siguiente, en 1919, en el periódico local El Profeta, un tríptico de sonetos titulado Los tres jardines (jardines del Alcázar de Sevilla, jardines conventuales y jardines de los cementerios)[60], que también dedicó al padre Lagomazzini. Así lo comentaba este periódico cuando publicó, poco después, la contestación poética del coadjutor de Santo Domingo:
“El Sr. Barrios Masero, que como saben nuestros lectores, dedicó un precioso tríptico de sonetos titulado “Los tres jardines” (Sevilla, noviembre 1919) a D. José E. Lagomazzini, con la dedicatoria “Para el laureado poeta Lagomazzini, que enaltece el nombre de nuestra patria chica con la magia sublime de sus versos. Ofrenda de amistad y admiración”, ha recibido de éste la siguiente contestación:”

CONTESTACIÓN
(SONETO)
En su jardín silente y escondido,
el trovador, del mundo retirado,
que vive ni envidioso ni envidiado
y entre rosales fabricó su nido.

Tus armoniosos versos he leído,
que su himno de amor, dulce, inspirado;
flores que en Tus jardines has cortado
y a mi cansada frente has ceñido.

El pobre bardo que tu verso admira,
para adornar las cuerdas de tu lira
manda a su musa que remonte el vuelo.

Hacia Sevilla, y presurosa lleve
catorce lirios de color de nieve
al inspirado autor de “Mari-Cielo”.

José E. Lagomazzini
21 Diciembre 1919.

En noviembre de 1919 está fechado el poema Salmo de amor, que recoge Manuel Barbadillo en su antología, anotando que obtuvo el “Primer Premio en el certamen de Cádiz”, aunque no hemos localizado noticias sobre este concurso gaditano.


SALMO DE AMOR
Preludio
Enciende con tu luz mi fantasía.
Dios del amor, belleza soberana,
fecundo manantial de poesía:
en la sonora lengua castellana
cantar, Señor, tu omnipotencia quiero
al compás de la cítara cristiana,
más armoniosa que el clarín de Homero.

Meditación
Fuente de amor, Sagrada Eucaristía,
volcán de amores que mi pecho inflama
más que la viva devorante llama
que en la gran nube de Ezequiel ardía:
Tú eres el mar de sangre redentora
que desarmó la diestra vengadora
del ofendido Dios; en el madero
bajo el fúnebre cielo del Calvario.

Por vez primera la vertió el Cordero
y corre caudalosa hasta el sagrario
para calmar la sed del mundo entero.
A tu calor se purifica todo:
adquiere el pecho impuro la fragancia
de los primeros años de la infancia:
se trueca en cielo el corazón de lodo.

Injerto que en el árbol carcomido
del viejo corazón, brotas lozano;
con la sangre de un Dios has florecido
bajo el cielo sin nubes del verano,
tan esbelto y gentil como la palma,
que en el espacio azul la copa mece,
y en el desierto abrasador ofrece
al fatigado corazón la calma
y frescura de eterna primavera;
que Dios en el camino lo ha plantado
para que con su fruto regalado
florida juventud al hombre diera.

Y, libre de la muerte y del pecado,
su corazón jamás envejeciera.
Pan de la gloria; confortante vino
que das al corazón paz y contento,
y al alma triste y peregrina aliento
para que no fallezca en el camino.
Tú cambias en dulzura su tormento,
Rey del amor; tu sangre redentora
de la cruz hasta el cáliz descendida.
Es el maná, Señor, que da la vida.
“La cena que recrea y enamora”.

Señor, estrecha más en fuerte lazo
al alma pura que por Ti suspira,
y ansiosa espera tu nupcial abrazo,
cual si fuera a escuchar en tu regazo
las claras notas de sonora lira.
Sólo en tu amor su cántico se inspira
y al palpitar tu pecho a cada instante,
te abraza más rendida y más amante,
y con la fiebre del amor delira.
contémplala, Señor, transfigurada
aI recibir con fervoroso anhelo,
en su pecho la Hostia Consagrada.
que la transporta de la tierra al cielo
en alas de tu amor alza su vuelo.

Y quiere unirse a Ti de tal manera,
para sentir tu amor, vivir tu vida,
cual dos pedazos de fragante cera
en el mismo incensario derretida.
Yo vi a Jesús en la Oración del Huerto;
el fulgor de la luna opaca y fría
bañó su rostro de livor cubierto:
entraba el Salvador en la agonía.

Las aves apagaron su concierto.
Quedó el jardín sombrío y solitario
y columbró Jesús, borroso, incierto,
el fúnebre contorno del Calvario.
Sudor de sangre por sus poros vierte,
que baña como un rio el polvo inerte...
Sobre el pecho reclina la cabeza:
en su horrible pavor ante la muerte
comulga el Salvador con mi flaqueza.
más cuando en el altar, sacramentado,
lo recibo en mi pecho enamorado,
eclipsada su gloria y su grandeza.

Me remonta el Señor hasta su altura,
disipa con su luz mi noche obscura,
y me da con su amor su fortaleza.
Ya difunde su luz la clara aurora,
mis granados en flor el viento mece,
la enhiesta cumbre de Gaazad se dora:
el sol en el espacio resplandece:
doncellas de Salen, venid ufanas,
circundadme de flores y manzanas
que mi pecho de amores languidece.

Entra el esposo en el jardín lozano...
¿no oía su voz de célica armonía?
Levántate del suelo, hermosa mía.
que salieron las flores del manzano,
ven a mi pecho, ven paloma mía,
pasó el invierno, y floreció el verano.
deja al alma en tu pecho adormecida
que quiere descansar en tu costado,
para oír el latido acompasado
en ese corazón que da la vida.

No la apartes de Ti, cuando dormida,
delirante y febril cante al esposo
su florida canción de primavera
que Tú le das la juventud primera
con tu voz dulce y tu semblante hermoso.
No la apartes de Ti, dueño amoroso,
duerme en caliente nido, con blanco lecho
y lechos de la calma de tu pecho
solo reina el invierno borrascoso…

No te alejes, Señor, la noche empieza:
su día es tu mirada luminosa.
y morirá sin duda de tristeza
si en tu imagen su vista no reposa.
Está enferma de amor. Traidora herida.
que abrió el pesar, profunda y dolorosa,
su pobre corazón lleva escondida,
y en Ti cifra su alivio y su ventura,
esposo celestial, rey soberano:
que la herida de amor “no bien se cura”
en expresión del serafín humano,
“Si no con la presencia y la figura”.
___

De mi sueño amoroso he despertado;
ya no temo al invierno crudo y frio;
si las llamas de amor me han incendiado,
¿quién vencerá mi inquebrantable brío?
Yo seré tu soldado, Jesús mío;
tu corazón mi corazón caldea,
y me arrojo al fragor de la pelea
a proclamar tu gloria. Y si el impío
en su rabia feroz llegar osara
s los pies del altar para insultarte,
su pecho pasaré de parte a parte
antes que llegue a profanar el ara.

Y si el odio, Jesús, con la piqueta
demoler quiere el templo sacrosanto
en que moras, mi Dios, tres veces santo,
yo volaré con ímpetu de atleta;
que siento en mí las fibras de mi raza
y le opondré mi pecho de poeta
con la sangre de un Dios que lo acoraza
y venceré en la lid. Yo soy más fuerte:
mi alma en tus amores encendida,
inyectará en los pechos nueva vida
y turbará el reposo de la muerte.

Y si en un golpe de mar caigo en la arena,
en el bendito puerto hospitalario,
con firme corazón y alma serena,
levantaré un altar, otro calvario,
con restos de mi nave infortunada;
y bajo el cielo oscuro, ennegrecido,
frente al cárdeno mar enfurecido,
elevaré la Hostia Consagrada…

José E. Lagomazzini Franzón

20 de noviembre de 1919.


También en 1919, el 17 de abril, está fechada la obra María en el Evangelio[61].

MARÍA EN EL EVANGELIO
“Stabant antem juxta crucen Jesu mater ejas” (Joan)

El bando proseguía llenando los espacios de harmonía,
su voz vibrante y pura resonaba,
y en alas de su ardiente fantasía
al otro mundo mejor se remontaba,
y con trémula mano el arpa hería...

Y apareció por fin la clara aurora,
y para siempre huyó la noche fría;
era una luz riente, precursora
del espléndido sol del mediodía.

Pasaron las figuras
y huyeron con sus hórridas negruras.
llego la edad feliz de la victoria,
el punto culminante de la historia,
de fuente perennal de las dulzuras,
anticipo dichoso de la gloria.

Era el Dios del amor el que llegaba,
el Dios que con su aliento estremecía,
que al mirar, solamente, aniquilaba,
y con fuego a Sodoma consumía.

Era el Dios abatido
de sangrientas espinas coronado,
que con el peso de la cruz rendido,
una vez y otra vez cae angustiado.

De caña era su cetro, más tan fuerte,
que desató la cuerda ensangrentada
con que la humanidad era arrastrada
por la negra carroza de la muerte.
___

¡Atrás!, Blanco cordero,
coronado de mirto en los altares
inmolado a los dioses tutelares
al golpe vengador del frío acero.
Cesad, rudos cantares,
roncas imprecaciones,
horrible palpitar de corazones
entre el humo asfixiante de la hoguera,
que ha mirado el Señor con faz severa
esas expiaciones.

Que María es la victima primera
que ha trocado la ira en bendiciones,
que María es la intrépida guerrera
que a los vientos levanta su bandera
cobijando amorosa a las naciones.

Jesús en el madero ya está inerte;
los sepulcros palpitan,
los muertos resucitan
en medio de una atmósfera de muerte.
Ya no verá María
la lumbre de sus ojos celestiales,
ya siente el estertor de la agonía,
y un bosque de puñales
le ha clavado el dolor con mano impía.

Tu corazón lo traspasó una espada:
pero aunque el mundo de pavor se llena,
a las pies de la cruz ensangrentada,
la Virgen Madre apareció serena
alzando aquella Hostia consagrada...

Serafines del cielo,
venid al mundo, desplegad el vuelo;
contemplad este cuadro funerario,
y entonad con las arpas de la gloria
un canto de victoria
a María en la cumbre del Calvario.

José E. Lagomazzini

17 de abril de 1919.


En el mismo año de 1919, durante la Semana Santa, el padre Lagomazzini publicó un soneto titulado El Calvario en el periódico El Correo Español[62]:



En 1920 Lagomazzini publicó el soneto Las flores del almendro en la revista donde vieron la luz sus primeros poemas de juventud, La hormiga de oro, Ilustración Católica[63]. Este poema pertenecía a la obra completa Las flores del campo, escrita en 1917, por la que obtuvo el primer premio en La Fiesta de la Poesía de El Puerto de Santa María de aquel año, que sería publicada en 1924 en la revista Literatura Hispano-Americana.



Este mismo poema aparecerá también reproducido en el más reciente libro de García Tejera sobre la poesía gaditana de los siglos XIX y XX, donde se alude a José Eduardo Lagomazzini Franzón mediante una breve reseña: “Apenas tenemos datos de este sacerdote y poeta, a quien destaca Barbadillo (1977) como uno de los más apreciables poetas sanluqueños y del que ofrece una amplia selección de composiciones”.[64]

Juegos Florales de Sanlúcar de Barrameda, 1920.

Juegos Florales. Sanlúcar de Barrameda, 1920 (Foto: Colección Santiago Pérez del Prado).

En el certamen literario de los Juegos Florales, celebrados en Sanlúcar, en  1920, José Eduardo Lagomazzini obtuvo el primer premio, recibiendo la “Flor Natural” por su poema Los nocturnos de un poeta, presentado bajo el lema: “Mientras el odio ruge la fe canta”, de signo religioso; Manuel Barbadillo Rodríguez obtuvo otro premio por Un cuento andaluz[65]; y Manuel Barrios Masero logró la Copa de Plata ofrecida por el Conde de los Andes por su poema Loa a la mujer andaluza. Se presentaron al concurso otros autores, con obras firmadas bajo lema y plica, como  José Rodríguez Ramiro o Alfonso Ambrosy, quien acudió con un poema donde se loaban las marcas más conocidas de manzanilla de Sanlúcar, cuya obra fue muy difundida en la época.[66]




Copia mecanografiada con anotación manuscrita del poema premiado, Los nocturnos de un poeta, que el padre Lagomazzini envió a la Reina de las Fiestas, Mercedes López-Spínola y Vila. (Colección Santiago Pérez del Prado).

LOS NOCTURNOS DE UN POETA
FANTASIA MUSICAL:
PARA EL PLANO DE LA REINA DE LA FIESTA
Lema: “Mientras el odio ruge, la fe canta”.

1º Nocturno. Las tres cuerdas de mi arte

I
Fe
¿Añoráis al través de la distancia
vuestra edad infantil, sencilla y pura?
Era una flor de virginal frescura,
una azucena de sutil fragancia.

Con su fuego voraz la intemperancia
manchó su estola de sin par blancura
y arranco de su frente la tersura
llevándose el perfume de la infancia.

Sólo puede calmar tan hondo duelo
la fe, que generosa y compasiva
ofrece al corazón paz y consuelo;

Y es para el hombre la graciosa oliva
por donde el alma triste mira al cielo
desde la cárcel en que está cautiva.

II
Esperanza
¿...Oís del ronco trueno el estampido?
El castillo feudal ha retemblado,
la borrasca mi frente ha flagelado,
y el huracán mi alma ha sacudido.

Yo vi el severo torreón caído
y la pena mi pecho ha lacerado;
me senté en los escombros fatigado
y abrazado a mi lira me he dormido.

Ya se viste de flores la pradera,
y empiezan las pintadas abubillas
a cantar en mi verde sementera;

Muy pronto volverá la primavera.
y otra vez las azules campanillas
nacerán en la misma enredadera.

III
Caridad
Sumergido en la noche de la muerte
el mundo sin amor se encuentra helado,
dormido en las tinieblas del pecado
sin que nadie del sueño lo despierte.

Su glacial frío el Salvador advierte,
y con el peso de la cruz cargado
sube al monte a morir crucificado,
para dar nueva vida al mundo inerte.

En la cumbre del Gólgota sombrío
débil rayo de sol, pálido, incierto.
fundir no puede el hielo del desvío…

Pero Jesús, ensangrentado y muerto.
para ahuyentar del corazón el frio.
muestra el volcán de su costado abierto.


2º Nocturno.- Los tres regalos del mártir.
IV
La Cruz
(A la Reina, en su dolor)

Tu corazón es un nidal desierto;
el invierno con todos sus rigores
del árbol de tu amor secó las flores,
y la nieve sus ramas ha cubierto.

Yo te vi caminar con paso incierto
bajo la enorme cruz de tus dolores,
tu corazón, perdidos sus amores,
era campana que doblaba a muerto.

Dirige al cielo tu oración, y espera…
el mártir sus dolores te regala
como encendida flor de primavera;

De su infinito amor haciendo gala,
para que nunca el cenegal te hundiera,
te dio su cruz como si fuera un ala.

V
La corona de espinas
Las notas de mi lira, cadenciosas,
en la noche serena se perdieron,
y manos compasivas me ciñieron
una corona de nevadas rosas.

Mis lágrimas brotaron silenciosas,
y mi vieja hopalanda humedecieron;
por vez primera al trovador pusieron
bajo un dosel de palmas victoriosas.

Creó pronto el aplauso de la gente;
el ángel de mi guarda sonreía
al verla desfilar indiferente…

Y alzando un crucifijo, me decía:
tiene mayor encanto y más poesía
una espina sangrienta de tu frente.

V1
La Eucaristía
(A la Reina)
¿...Oíste la confusa gritería?
El mundo loco de placer sediento
tc brinda con su amor, y sólo es viento
que tu ardoroso corazón enfría.

¿Escuchas la pausada melodía
que hiere al corazón de sentimiento?
No detengas tus pasos un momento.
es el canto lascivo de la orgia.

Baña la iglesia la riente aurora,
pon un velo a tu frente soñadora.
ven al sagrario y hallarás la calma:

Ahí está Dios, tu verdadero amigo,
y en esa hostia de sabor a trigo
su une en lazo estrecho alma con alma.

3º Nocturno.-Los tren salmos de cítara
VII
Salmo de amores
Atraviesa campiñas y arenales
el viejo trovador con paso lento
y al aire da su conmovido acento.
y a su canto florecen los rosales.

Al pie de los castillos señoriales
el triste anciano se paró un momento,
por si en sus alas le traía el viento
la trova de los bardos provenzales.

Para olvidar un punto sus dolores
tocó en el arpa su canción de amores,
la fatiga lo rinde, su sien arde;

Se sentó en una piedra el peregrino.
y llorando en el polvo del camino
lo sorprendió el lucero de la tarde.

VIII
Salmo de dolor
El ciego portugués había emigrado,
que de su casa lo arrojó la guerra.
Y cantaba tonadas de su tierra,
las dulzuras tristísimas de un fado.

Una preciosa nieta iba a su lado,
único ser a cuyo amor se aferra,
que en su mirada dolorosa encierra
la nostalgia de un ángel desterrado.

Olvidé al ciego de infantil semblante;
sólo una tarde de noviembre, oscura.
oí el canto más dulce, más vibrante...

Era la niña con su voz más pura,
que un óbolo pedía suplicante
para dar a su abuelo sepultura.

IX
Salmo de gloria.
La crónica este caso refería:
“Cansadas del trabajo que tuvieron
un sábado las monjas no asistieron
a cantar el oficio de María.

La tarde melancólica caía,
y los lirios sus cálices rompieron;
poco a poco sus pétalos se abrieron,
que con su lluvia el surtidor hería…

Iba a cerrar la noche, y desde el coro
se difundió por claustros y jardines
un canto celestial dulce y sonoro:

En torno al facistol diez serafines,
al compás de sus citaras de oro
cantaban a la Virgen los Maitines…”.

X
La última nota
(Ofrenda a la Reina)
Reina gentil, estrella refulgente,
cuerpo de mora y corazón cristiano,
desciende de tu solio soberano,
y el laurel inmortal ciñe a mi frente.

A tu honor consagré, Reina clemente,
los tres nocturnos que toqué al piano
con insegura y temblorosa mano:
es la oración del corazón creyente.

Reina, mi humilde inspiración se agota,
y aún queda por tocar la última nota,
de tan dulce y tan honda melodía.

Que mi mano jamás podrá tocarla,
ni mi lengua cantar, porque al vibrarla,
¡mi corazón del pecho saltaría!

José E. Lagomazzini
26 de agosto de 1920.

Poco después de celebrarse el acto, el padre Lagomazzini envió una copia mecanografiada, anotada y firmada, del poema ganador a Mercedes López-Spínola y Vila, Reina de los Juegos Florales, que acompañó de una carta manuscrita.[67]



Carta remitida, junto al poema ganador, por el padre Lagomazzini a Mercedes López-Spínola y Vila, Reina de los Juegos Florales de 1920. (Colección Santiago Pérez del Prado).

Al parecer, el padre Lagomazzini mantuvo una estrecha vinculación con Pura Vila, Vda. de López-Spínola, madre de la reina de estas fiestas, que se distinguió por ser una destacada patrocinadora de diversas obras educativas y caritativas en Sanlúcar[68]. Así, por ejemplo, en junio de 1929, José E. Lagomazzini, a petición de Pura Vila, solicitó al Arzobispo Ilundáin autorización para administrar la comunión en domicilio a su hija, Mercedes López-Spínola y Vila, que se hallaba próxima a dar a luz, “tan pronto como saliese de tal estado y con la frecuencia posible, como se había hecho en dicha casa en casos análogos”. Sin embargo, el permiso le fue denegado respondiendo Ilundáin que no podía conceder lo solicitado, puesto que dicha persona estaba sana y sólo en caso de que estuviese enferma de cuidado podría administrársele la comunión en su casa, “con tal que fuese llevado el Santísimo públicamente por el sacerdote desde el templo”[69]. Por otra parte, Leopoldo del Prado Ruiz, abogado y alcalde de Sanlúcar en varias ocasiones, suegro de Mercedes López-Spínola, intercedió ante Arzobispado en 1921, siendo Alcalde, para que se le concediese al padre Lagomazzini el cargo de párroco de Santo Domingo, como ya se ha comentado. Asimismo, el sacerdote remitiría a Pura Vila los poemas manuscritos que leyó en el acto de conmemoración del I Centenario de la llegada a Sanlúcar de los Hermanos de San Juan Bautista de la Salle, celebrado en 1930.

En octubre de 1920, el padre Lagomazzini, publicó en el periódico local El Profeta un soneto titulado La ofrenda de un poeta[70], a modo de contestación literaria, como había hecho en otras ocasiones, al tríptico que le había dedicado unos días antes el también poeta sanluqueño Antonio Rodríguez Ramiro.


LA OFRENDA DE UN POETA

Al Sr. Rodríguez Ramiro por su tríptico
21-10-1920

Un trovador de juvenil talante
que de los bosques de Provenza vino
se detiene un momento en el camino
al escuchar tu voz dulce y vibrante.

No tiene perlas ni joyel radiante
para premiar tu cántico divino
y en su pobreza el bardo peregrino
te regala su rosa más fragante.

Te saluda y prosigue su jornada
con la frente de espinas coronada,
pero un alivio llevará al poeta.

Enmedio de su vida dolorosa,
la música vibrante y harmoniosa
del tríptico inspirado del “Profeta”.

José E. Lagomazzini
Sanlúcar, 31 octubre 1920


El mismo año de 1920, Lagomazzini Franzón publica el poema A la Divina Pastora en la revista El Adalid Seráfico, de los padres capuchinos, en cuya iglesia de Sanlúcar se venera una hermosa imagen de la Virgen de la Divina Pastora, que por aquellas fechas procesionaba anualmente, al tiempo que se celebraba la Velada de la Divina Pastora en la explanada del convento capuchino. Fechado el 2 de mayo de 1920, este poema fue recitado en la explanada del convento, a la salida de la Virgen, por la niña María Pepa de los Reyes Martín (sic)[71]. El poema sería reproducido de nuevo en la revista Sanlúcar de Barrameda, editada por la Imprenta Santa Teresa, en su primer número editado en 1965.

A LA DIVINA PASTORA

¿A dónde vas, Madre mía,
Pastora llena de gracia,
desde tu humilde convento
en la tarde tibia y mansa?

He dejado mi rebaño
que entre los lirios descansa
lejos del mundo enemigo,
en la paz de mi cabaña;
y salgo por las ciudades
cruzando calles y plazas.
Yo, la Reina de los Cielos,
revestida de zagala;
buscando por todas partes
la oveja descarriada
que diz bebiera en la fuente
de los amores que matan.

Sanlúcar, noble Sanlúcar,
la de la riente playa,
la de los campos de égloga,
revístete de tus galas,
sube radiante a las torres
y echa al vuelo tus campanas,
que ha bajado a visitarte
la Pastora de las almas.
Ninguna humana belleza
a su belleza se iguala;
sus ojos son de paloma,
sus labios vendas de grana,
y siempre tras sus ovejas
no se rinde ni descansa
en el fuego del verano
ni en el rigor de la escarcha.

Pastora de Capuchinos
Gentilísima zagala,
sal de tu alegre convento
cruza mis calles y plazas;
pero al salir de tu iglesia,
en la anchurosa explanada
donde está la cruz bendita
que ofrece paz a las almas,
oye la trova un momento
que los pájaros te cantan
en las copas rumorosas
de las floridas acacias.
Baja de tus soledades
que el pueblo ansioso te aguarda
para arrojar a tu paso
lirios y rosas tempranas,
y contarte sus sentires,
y las penas que lo embargan,
para que Tu, Virgen pura,
enjugue todas sus lágrimas.

Y cuando el pueblo bendigas
y a tu convento te vayas
a los sones de la música,
como Reina soberana,
antes de entrar en tu iglesia,
en la anchurosa explanada
donde está la cruz bendita
que ofrece paz a las almas,
a tus pies, Reina del Cielo,
quiero pedirte una gracia:
que las puertas de la Gloria
no se las cierre a mi alma.

En 1921 José E. Lagomazzini publica La plegaria de un naufragio en la Guía del Veraneante, editada por Alberto del Castillo y J. Luis González en Sanlúcar, que sería recogido más tarde en la antología de Manuel Barbadillo. El tema enlaza con la vocación marinera tan tradicional de Sanlúcar de Barrameda.

LA PLEGARIA DE UN NAUFRAGIO
“Vora la Mar”

I
La Salida

Tranquila estaba la mar
como la serena frente
de la virgen inocente
que reza al pie del altar.
Fue el marinero a pescar
y la barca aventurera
hendió las olas ligera,
por entre encajes de espuma,
cual abre al viento su pluma
la paloma mensajera.

Del sol el rayo postrero
pintó de grana las olas;
dulcísimas barcarolas
preludiaba el marinero;
y su canto lastimero
regaló tanto el oído,
llegó tan blando al sentido,
como el corazón anciano
llega al recuerdo lejano
del primer amor perdido.

La clara luna salía
con su escolta de luceros.
Y bogaron los remeros,
y la barca se mecía.
La borrosa lejanía
su blanca vela esfumaba;
todo en la noche callaba,
y, en la atalaya del puerto,
tan sólo quedó despierto
el poeta, que “soñaba”.

II
La borrasca

Cambió la brisa: silbaba
con furia salvaje el viento,
cayó el rayo; en un momento
el naufragio amenazaba.
La barquilla fluctuaba
en un mar embravecido;
el marino, estremecido,
pidió auxilio, pero en vano,
que el fragor del océano
ahogó su débil gemido.

El ronco trueno rugía;
dos tripulantes cayeron
y las olas los barrieron,
y el océano se abría.
La barca se deshacía
cual flor que el viento deshoja;
y a la siniestra luz roja
del rayo, que culebrea
última vez cabecea
y en el abismo se arroja.

A un carcomido madero,
juguete del mar airado
luchando desesperado,
se abalanzó el marinero.
Hizo el esfuerzo postrero
y una ferviente oración
elevó su corazón
a la venerada ermita
do está la imagen bendita
de la Virgen del Peñón.

III
La Estrella del mar

Y diz que se rasgó el cielo
y entre jirones de nubes
circundada de querubes,
vio a la Virgen del Carmelo.
Sintió calmarse su duelo
y absorto la contemplaba:
no era visión, no soñaba.
Ella le miró amorosa,
y en una nube de rosa
lentamente se alejaba…

Por los balcones de oriente,
alegrando el corazón,
cual risueña aparición
salió la aurora esplendente.
Un rayo de sol naciente
tiñó de violeta y rosa
la mar clara y silenciosa…
y en sus barquillos veleros
preludian los marineros
su tonadilla amorosa.

Y fue el pueblo en procesión,
a la mañana siguiente
a dar gracias reverente
a la Virgen del Peñón.
Y, llorando de emoción,
por las piedras del sendero,
iba el noble marinero,
que de rodillas andaba
y al altar se encaminaba
abrazando a su madero.

En 1922 el padre Lagomazzini escribió el Himno a la Virgen, dedicado a Nuestra Señora de la Caridad, Patrona de Sanlúcar, a cuyo poema puso música el sanluqueño Abelardo Sánchez Canela. La composición se estrenó en el patio del santuario de Ntra. Sra. de la Caridad con motivo de su festividad, el 15 de agosto. El célebre músico Joaquín Turina, que por aquellos años pasaba algunas temporadas en Sanlúcar y era amigo personal de Abelardo Sánchez, intervino en la dirección de la pequeña orquesta local que estrenó esta obra[72], no localizada.

En 1924 está fechado el soneto Nieve Purpúrea, perteneciente a la obra Rosas de Nieve (Paisajes de invierno), recogido por Manuel Barbadillo.

NIEVE PURPÚREA

Es augusta la noche: el cenobita,
a dura penitencia consagrado,
del mundo y sus placeres olvidado,
entre los mirtos del jardín medita.

Con visiones de amor Luzbel le invita
a que libe las rosas del pecado,
aunque tiene su cuerpo extenuado
y la faz, triste, en la oración marchita.

Sintiendo el monje, que, en la impura guerra
lo inflama la pasión de su delirio,
su carne azota, y a su cruz se aferra.

Y, absorto, como premio del martirio,
ve de su sangre, al salpicar la tierra,
en cada gota florecer un lirio.

JOSÉ E. LAGOMAZZINI FRANZÓN
1924


Juegos Florales de Sanlúcar de Barrameda, 1926.
En el marco de los Juegos Florales celebrados en 1926 en Sanlúcar, el padre Lagomazzini concurrió de nuevo al certamen literario, obteniendo uno de los diez premios otorgados por su poema presentado bajo el lema Omnia Sustinet (“obra de Eduardo Lagomazzini”)[73], del que parece ser parte el titulado El Ángel de la Caridad, fechado el 26 de agosto de 1926, el cual consiguió el “Premio del Sr. Conde de Bustillo”[74]. Este año José María Pemán logró el primer premio o Premio de Honor por el poema presentado con el lema “Cervantes”.

EL ÁNGEL DE LA CARIDAD

Bajó a la tierra en presuroso vuelo
en busca del dolor, y conmovido,
va con él por el mundo, siempre unido,
su llanto enjuga, y le señala el cielo.

Ciñe su pura sien cándido velo;
su corazón, de caridad henchido,
tiene en todas las penas un latido
y es fuente inagotable de consuelo.

Voló al combate a defender la vida
del soldado animoso, temerario:
lo vi inclinarse y restañar su herida.

Que besó cual bendito relicario;
y... llevaba una cruz, enrojecida,
con la sangre de un Dios en cl calvario.

José E. Lagomazzini
26 de Agosto de 1926


“Pórtico” al libro Vibraciones de mi lira, de Fray Gonzalo de Córdoba, 1928.


El padre capuchino y poeta Fray Gonzalo de Córdoba (O.M.C.), miembro de la Real Academia de la Lengua y muy vinculado a Sanlúcar, publicó en 1928 un libro de poemas titulado Vibraciones de mi lira, que está precedido por un “Pórtico” poético de José E. Lagomazzini. Fray Gonzalo, quien había publicado el año anterior su primer libro de poemas, Pinceladas Líricas, del que el padre Lagomazzini había comentado que “encuentra en las estrofas de este libro frescura juvenil, de exquisita fragancia”[75]. Según el diario ABC, a la segunda obra de Fray Gonzalo de Córdoba puso pórtico “el inspirado poeta D. José E. Lagomazzini”.[76]
Sobre esta nueva obra poética de Fray Gonzalo de Córdoba aparecerá un cometario literario en el semanario El Sol de Antequera, en 1928, que alude al “Pórtico” de Lagomazzini del siguiente modo: “Da comienzo la colección de versos con un prólogo del eximio poeta don José E. Lagomazzini, acertadamente llamado “Pórtico”, por su autor, que constituye toda una revelación de un mundo de bellezas, iluminado con torrentes de luz celestial y reflejado por manera sublime en los alados versos del altísimo poeta, tan espontáneos y tan divinamente inspirados, que pocos pueden seguirle a tales alturas. / Después de este “Pórtico”, que reúne la belleza y el profundo encanto, que dan a las fachadas de las catedrales ojivales, sus atrevidas agujas y delicadas filigranas, sus cresterías y sus rosetones…”[77]



PÓRTICO
AD LUMEN ARDENS
A Fray Gonzalo de Córdoba, para su libro "Vibraciones de mi Lira"

Dichoso tú que respiras
la santa paz del convento,
si para el mundo cerrado,
a la virtud siempre abierto.

Desde tu elevada celda,
de tan sonoro silencio,
al infinito se toca:
¡se ve tan próximo el cielo!

El oro tibio de ocaso
entristeció en sus reflejos
las rosas, y en los cipreses
ha dado el último beso.

Cerró la noche; la luna
nieva en los claustros desiertos,
y a su sonrisa, la fuente
dice su cántico nuevo...

Es el instante propicio
de tu ascensión a lo bello,
y, bajo el sol de la gracia,
abre tu espíritu el vuelo.

No te detengas un punto
en las flores del sendero,
ni en la terrena hermosura,
de tan falaces destellos.

En vano, por cautivarte,
te tiende, el ángel protervo
traidores lazos; tus alas
hienden más alto hemisferio.

Un esplendor jubiloso
te lleva con sus reflejos
a cimas inaccesibles
en busca del foco eterno.

Sube a la cumbre más alta,
que ya esclarecen tu genio
los rayos primaverales
que bajan puros del cielo.

Tu corazón de poeta
enardecen con sus fuegos;
la fe tu alma remonta,
vibra de amores tu pecho.

El resplandor que te envuelve
trueca tu alma en espejo
cuyo cristal reproduce
lo más hermoso y excelso.

El Amor, como al de Umbría,
puso en tu frente un destello
y, al empaparte de Cristo,
marca indeleble te ha puesto.

Siempre en su llama abrasado,
Amor te inspira, por eso
el arco de oro en tu diestra
despide notas de fuego.

Y suena todo harmonía,
dulce y vibrante, en su acento:
tus himnos del cielo vienen
y tornan también al cielo;

y de la altura nos llega
la música de las versos
como el canto de la Patria
en la noche del destierro.
___

Traspasa, ráudo, las nubes,
acércate al sol eterno;
más blanca siempre tu estola,
más luz absorbe en tu pecho.

Sólo a tus claras pupilas
de par en par se han abierto,
incrustadas de sardonias
las áureas puertas del cielo:

está a la vera de Cristo,
que es el dechado perfecto,
María, Virgen y Madre,
que irradia encanto supremo;

los mártires y los vírgenes
vienen en pos del Cordero,
y empuñan las verdes palmas,
lirios de candor eterno;

siguen los monjes y ascetas,
que sus febriles anhelos
y sed de amor apagaron
en el Corazón abierto;

el penitente Francisco
no llora; sus ojos ciegos,
por el raudal de sus lágrimas,
se han convertido en luceros;

sus llagas vierten rubíes,
su mano lleva por cetro
rosas de púrpura y nieve
que en el zarzal florecieron;

y todos cantan a Cristo
por un dorado sendero:
llevan su luz en la frente
y su señal en el pecho.

Una falange de artistas
beben los puros veneros
al sumergirse en las llamas
de tan amoroso incendio.

Desprendidos de la tierra
dar vida y forma pudieron
a las gloriosas visiones
de sus divinos ensueños;

y la materia rebelde
se les rindió sin esfuerzo;
cincel, granito y colores,
sonidos, cuerdas y versos.
___

Ya tornas de las alturas;
¿por qué desciende tu vuelo?
Mora en la tierra el pecado:
Luzbel ensancha su imperio.

Rinde adoraciones muertas
el mundo, en vértigo ciego,
en sus antros a la carne
que se revuelca en el cieno.

Por un camino sin flores
desfila triste cortejo:
¡en un sudario de sombras
va la Belleza, que ha muerto.
___

Alborea. Los capullos
esponja el alba a su beso,
se enciende el cándido lirio
y el cáliz abre en silencio.

Es la hora, Fray Gonzalo,
que la sangre del Cordero
más puras tus níveas alas
torne en su lago sereno...

La torre esbelta se dora;
más apagado, más lejos
se escucha el pérfido arrullo
de las palomas de Venus;

y en el cristal de tu celda,
cuando te rindes al sueño,
rayo de luz matutina
llama tu espíritu al cielo.

José E. LAGOMAZZINI
Sanlúcar de Barrameda, Agosto de 1928.


Años después, en 1972, en una entrevista realizada a Fray Gonzalo de Córdoba por el escritor sanluqueño Eduardo Domínguez Lobato, publicada en el diario ABC, este último se referirá al padre Lagomazzini como: “un fenomenal poeta incomprensiblemente en el olvido”.[78]

Centenario de Luis Martínez de Eguílaz. Sanlúcar de Barrameda, 1930.
Con motivo del centenario del nacimiento del dramaturgo sanluqueño Luis de Eguílaz, en 1930, se conmemoró esta efemérides en la ciudad, presidida por su alcalde, Ramón de Soto y Díaz, mediante un amplio programa de actividades: limosna de pan a los pobres; procesión cívica; solemne misa de difunto en la Parroquia Mayor; edición de un periódico conmemorativo titulado El Centenario de Eguílaz; representación por aficionados locales de la obra de Eguílaz Los Crepúsculos; entre otros actos. También se organizó una velada literaria, donde leyó su discurso el abogado sevillano Manuel Blasco Garzón y se dio lectura a diversos de trabajos literarios escritos para la ocasión; y finalmente, se celebró un banquete en el restaurante "Miramar" en honor del orador Blasco Garzón.[79]
Manuel Barbadillo Rodríguez escribió un artículo en prosa poética titulado “Recuerdo”; Manuel Casanova, el texto “Dinamismo y Localismo”, enviado desde Zaragoza; Y, entre otros, José E. Lagomazzini escribió el poema Non omnis moriar, que según Climent Buzón es “un canto laudatorio en el que exalta el triunfo del arte del poeta sobre la oscuridad de la muerte, a la que ordena que “torne al medroso abismo del arcano” y deje de rondar “la gloria del poeta”, porque nunca morirían los tipos creados por Eguílaz, pues esparcían “claridad consoladora que reanimaba la conciencia humana”, purificando la escena española “con las virtudes de la esposa buena”. Terminaba el poema con un grito a la muerte”…[80]

Non omnis moriar
(A Eguílaz)
¿Adónde vas envuelta en un sudario?
¿Por ventura a mi pueblo te encaminas.
al dejar los cipreses del osario
y la yedra crespón de tus ruinas?
No pases del espacio en que dominas,
detén, ¡oh muerte!, la huesosa planta
que aquí sentar no puedes tus reales;
apaga, pues, los cantos funerales
que parecen gemir de tu garganta.
No levantes la diestra, será en vano,
torna al medroso abismo de tu arcano,
que un poder más que el tuyo omnipotente
irguióse en tu camino frente a frente.
Y la segur te arranca de la mano.
de ti se burla, con desdén te reta,
tu eres la noche, póstrate y adora
la Majestad del día triunfadora
y no rondes la gloria del poeta.
___

¡Sol rutilante de la patria escena!
para ensalzar Sanlúcar tu memoria,
que fulgura en el cielo de tu historia
a impulsos del amor que la enajena.
Recorrió paso a paso sus vergeles
cantando sus canciones más floridas
y tejió mil coronas encendidas
con llamas de capullos y claveles
y en el ansia febril de sus amores
llegó el camino con raudal de flores,
taló palmeras y cortó laureles.
___

¡Oh, que fecunda tu copiosa vena
de inspiración! Tu genio peregrino
pudo alzar un palacio diamantino
al arte Eguílaz en La patria escena
la luz que irradias de esplendor la llena.
No morirán los tipos que has creado,
cuya belleza admira el mundo entero,
que siempre tu pincel iluminado
lleva el arte glorioso prisionero
un vivo resplandor marca tus huellas
que convierten las llores en estrellas
y da a tu ruta inextinguible brillo
que ofusca el ojo y como sol destellas
en tu cuadro «una virgen de Murillo».
___

Y esparces claridad consoladora
que reanima la conciencia humana,
secas el corazón que sangre llora
con los cendales de la fe cristiana.
Y bajo tu influencia bienhechora
el alma triste y vacilante espera
recobrar con tus auras nueva vida,
como tierra cansada florecida
al soplo de la tibia primavera.
Y tu Musa gentil en raudo vuelo
para anegarse en resplandor del cielo
a las cumbres intrépidas se lanza.
Y eleva el corazón Musa bendita
cuando fenece y se marchita
yo saludo en tu frente la esperanza.
___

Tienen tus obras juventud florida
que crece sin cesar como la palma
que dan frescura en el desierto al alma
y a gozar de su sombra la convida;
Es la rosa de púrpura encendida,
que si el viento la azota el sol la hiere,
nunca en la rama se marchita y muere
y aunque el embate del Simín recibe
es el encanto del jardín ameno
porque guardó su purpino seno
la gota matinal que la revive
y se destaca peregrina y bella
color más vivo en el ocaso toma
también el tiempo resbalo por ella
sin conseguir debilitar su aroma
___

Y purificas española escena
con las virtudes de la esposa buena
que siempre en Dios el pensamiento fijo
mientras liba el esposo en otras flores
restana el manantial de sus dolores
junto a la cuna en que sonríe el hijo
madre, esposa ejemplar que reza y hora
y de los cielos el favor implora
viendo al marido sumergirse en cieno
y mantiene el espíritu sereno
al rayo de la fe consoladora.
Peregrina comedia, eterno drama
en que renace el fuego del cariño
al avivarse la dormida llama.
en el rescoldo del amor de un niño.
Después... resuena el canto de victoria,
más vibrante su nota se derrama
y en el hogar, como dosel de gloria,
el árbol de la Cruz tiende su rama.
Preclaro Eguílaz, la ciudad te aclama.
y ese triunfo como propio siente.
que también reverberan en tu frente
los tornasoles que te dio la fama.
___

Al escuchar mi acento si despiertas
de tu sueño eternal coge la pluma.
torpe materialismo nos abruma
que cubre los jardines de hojas muertas
del triste otoño la amarilla espuma
muestra en tu pecho la robusta fibra
empapada en tu sangre donde brota
fecunda inspiración y en cada nota
amor alienta la belleza vibra
y pródigo derrama su tesoro.
¡Ah¡, no es lazo de amores la cadena
tan reluciente que parece de oro
a la simple mirada y es terrena
que el vuelo paraliza, el alma oprime.
Diz que en el vicio la pasión redime,
¡extraña libertad, triste victoria!
¡qué se recuerda, Eguílaz, tu memoria
cuando se ve la escena envilecida!
hoy... se levanta pedestal de gloria
al deshonor de la mujer caída.
___

Y tú, noble ciudad, del cielo encanto.
que arrullaste su cuna soberana.
que en la pupila tiene la mañana
y al resplandor del mar llevas por manto,
Sanlúcar, flor gentil de Andalucía,
alégrate, que aún vive, patria mía,
el hijo que de gloria te ha cubierto.
¿No ves la luz de su sepulcro abierto?
¿No oyes la voz del genio soberano?
mientras que vibra el Arte castellano,
no llores por Eguílaz, que no ha muerto.
___

No  tiendas, no, la descarnada mano
para tocar ni su despojo humano;
detén, ¡oh muerte¡, la huesosa planta:
¡no fue tuyo jamás, era cristiano!
La eterna Cruz sobre su tumba canta.


Josu E. Lagomazzini

XXV Aniversario del colegio de La Salle. Sanlúcar, 1930.
También en 1930 se celebró el XXV Aniversario de la llegada a Sanlúcar de los Hermanos de San Juan Bautista de La Salle y la fundación de su colegio del Sagrado Corazón, que se hallaba inicialmente en la calle San Agustín. El colegio pasaría más tarde al edificio de la calle Ángel, donde estuvieron los escolapios, junto a la iglesia de San Francisco. En los actos conmemorativos de estas bodas de plata, José Eduardo Lagomazzini leyó tres poemas en honor del fundador, San Juan Bautista de la Salle, hasta ahora inéditos.[81]
La Asociación de AA.AA. del colegio organizó el programa de actos, que se desarrollaron en los días 25 y 26 de octubre. El Arcipreste Suárez bendijo la nueva capilla del Sagrado Corazón de Jesús, el altar, el Sagrario y el Vía Crucis instalados en la capilla. Se trasladó procesionalmente el Santísimo Sacramento bajo palio desde la Parroquia Mayor hasta la capilla del colegio, acompañado por la Banda Municipal de Música y un nutrido cortejo procesional, compuesto por alumnos, profesores, clero y otras organizaciones sanluqueñas, al que siguió la celebración de la misa solemne y sermón. Se colocó en el patio una lápida conmemorativa dedicada al fundador (Francisco Picazo Núñez) y otros bienhechores de la escuela, como Ana Linares, Vda. de Vila, Caridad Picazo Núñez, Condes de Bustillo y Ayuntamiento de Sanlúcar.
El día 26 se celebró una velada literaria en el patio del colegio, a la que asistieron unas tres mil personas. Se tocó la sinfonía Clotilde de Nevers y la fantasía de La del Soto del Parral. Manuel Molina García –presidente de la asociación de antiguos alumnos- realizó un resumen histórico de La Salle en Sanlúcar; pronunciaron varios discursos Manuel Barrios Masero, José Rodríguez Ramiro, Manuel Barbadillo Rodríguez y José Monge Bernal; y leyeron algunos poemas Juan Manuel Barba Mora y José Eduardo Lagomazzini Franzón.[82]

Poemas manuscritos del padre Lagomazzini, leídos en la velada literaria del XXV aniversario de La Salle en Sanlúcar, en 1930, remitidos por el autor a Pura Vila, Vda. de López-Spínola. (Colección Santiago Pérez del Prado).

LAS TRES CORONAS DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE
I La de Apóstol.
Igual que la violeta entre las flores,
tu profunda virtud vivió escondida;
hoy tu alma, de gloria revestida,
difunde por doquier sus resplandores.

Dejando las riquezas y los honores,
buscaste a Dios y a la niñez querida:
el ideal supremo de tu vida
fue el choque y la fusión de dos amores.

Han quedado tus huellas en el mundo;
tienen tus hijos tu cristiano celo,
única fuerza que su paso mueve.

Y, como en ti, su corazón fecundo
es el remanso que refleja el cielo
y donde el niño la pureza bebe.

II
La de Maestro.
Cuando al niño envolvía la ignorancia
en su medrosa lobreguez, tu mano
alzó la antorcha del saber cristiano
y sus reflejos derramó en la infancia.

Tu gloria no se esfuma en la distancia
pues vive tu recuerdo más lozano
en tus “Escuelas”, templo soberano
donde se aspira tu sutil fragancia.

No cayó en el desierto del olvido
tu palabra de amor. Han florecido
tus ímprobos trabajos y desvelos;

Y, al sol primaveral de tus doctrinas;
produce la niñez rosas divinas
donde baja el rocío de los cielos.

III
La de la gloria

¿Cómo puede olvidarse tu memoria
si llegan a las almas de la altura
los rayos que despide tu hermosura
para inundar el mundo de tu gloria;

Si, tras rudo combate, la victoria
ciñe sus lauros a tu frente pura,
y se ve dibujada tu figura
con tintas rutilantes en la Historia?

En la patria de eternos resplandores
¿qué trono se consagra a tu realeza
y en qué grupo de santos compresores (sic)?

Te llaman por tu fe, los confesores.
el Ángel, por tu lirio de pureza
por tu pluma de oro, los doctores.

José E. Lagomazzini
En las bodas de plata de las Escuelas Cristinas, en Sanlúcar, 6 de octubre de 1930.


Década de los años 30 del siglo XX
En la década de los años 30, el padre Lagomazzini publicó varios poemas en el Carnet o Guía del verano de Sanlúcar, editado por la Imprenta Santa Teresa para las temporadas estivales. En 1932, bajo el título genérico Paisajes del camino, aparecen en el carnet de este año dos poemas: Flores del Almendro (publicado con anterioridad) y Allí vive el poeta.



En 1933, el poeta publica La primera nevada en el carnet de este año.



Y en el carnet de 1935 el padre Lagomazzini publica el soneto Acuarela otoñal.




Poemas sin fecha
Se han localizado algunos poemas de José E. Lagomazzini, que no están fechados, los cuales fueron recogidos por Manuel Barbadillo en su antología, como Romance de la Palma, donde el autor ensalza la figura del padre y loa los parabienes de la huerta, cuyo entorno natural conocía bien por haber vivido toda su vida en las huertas sanluqueñas; Al “Paíto”, simpática coplilla dedicada al novillero sanluqueño de la época, José Bernal, apodado “Paíto”; y Al cruzar la vida, de evocaciones existenciales.


ROMANCE DE LA PALMA
Tú también, insigne palma, no eres aquí forastera.

Mi padre reza el rosario
al pie de la esbelta palma
que, al resplandor de la luna,
es una fuente de plata.

La dulce música llega
del canto suave del agua
que saca el burro en la noria
bajo las frescas acacias.

Un paraíso es la huerta,
su deliciosa fragancia
al mismo tiempo deleite.
es del sentido y el alma.

Prosigue el reza de mi padre
y, al terminar su plegaria,
tiene un remanso en los ojos,
es más radiante su cara.

Porque en nombre de la Virgen
un ángel del cielo baja,
que con su cetro de oro
toca su frente cansada.

Noche serena en la huerta,
noche de mayo galana:
mi pecho en su relicario
tu casto perfume guarda.

Tras las faenas del día,
los verdes zagales cantan,
que su cansancio en el cuerpo
pesa muy poco en el alma.
__

Yo no contemplo en el mundo
aquella faz venerada,
donde el arado del tiempo
abrió tan hondas sus gavias.

Ya no sonríe la huerta
que fue su amor y esperanza;
con el sudor de su frente
está la tierra formada.

Ya no sonríe la huerta
que ya no cae en sus plantas
la tibia luz de sus ojos,
rayo de sal de mi  casa.
___

Yo recogí de sus manos
como herencia consagrada
el Cristo a quien tantos besos
su boca trémula daba.

Yo oí, cuando la congoja
negó a las últimas ansias,
que, en sus lechos de agonía,
dos moribundos se hablaban.

Yo sé que vive mi padre
¡ah! no es la muerte la nada,
sino un “adiós, hasta luego”,
breve descanso en la marcha;

Y se llegará al instante
que sus cenizas heladas
oigan la voz imperiosa
que a nueva vida las llama.
___

Y cuando voy a su tumba
que con la cruz se engalana,
donde las rosas y lirios
tejen perpetua guirnalda,

miro la enseña bendita
que sobre la muerte canta,
y vierto copioso llanto,
mas son tranquilas mis lágrimas,

que el ángel de los que sufren,
con la oración perfumadas,
recoge en un cáliz de oro
y sube al Cielo a llevarlas.
__

Cuando retorno a mis lares,
contemplo la esbelta palma
que riza el verde penacho
al puro beso del aura.

Y su rumor mu parece
las claras notas de un arpa
que dice: “corta es la vida,
y eterno el amor aguarda”.



AL “PAÍTO”
Ni el famoso trianero,
ni el célebre Joselito,
tienen el garbo y salero
del simpático torero
que se apellida el “Paíto”.

¿Qué importa alguna risita,
o el silbido de un babieca,
o alguna mujer que grita,
si al toro dc enmedio quita
como si fuera manteca?

¿Quién le aventaja en bravura?
¿quién no se asombra y aterra
al contemplar su figura
cuando torea un miura
o... cuando cava la tierra?


AL CRUZAR LA VIDA
(Paisaje)
Éxodo…
I
Soy el bardo peregrino
que en mi penosa carrera
cruzo el monte y la pradera
luchando con el destino.

Al dolor mi frente inclino
y sólo mi fe sincera
es la flor de primavera
que perfuma mi camino.

No tengo hogar que me aguarde
cuando declina la tarde
por eso es triste mi canto.

Y mi corazón suspira
en las cuerdas de mi lira
empapadas en mi llanto.

II
Sonata
En mi cántiga florida
vive con fuerte latido
cuando ha visto y ha sentido
mi alma al cruzar la vida.

Ilusión desvanecida
en las sombras del olvido
y eco en la era perdido
que abrió en un pecho una herida;

Amores de primavera
cabe la fuente parlera
ventura y desengaños,

que hirieron con vario son
las cuerdas del corazón
con el soplo de los años.

III
Nieve
Colérico el viento choca
en la deshecha enramada
y mi alma lacerada
a1 cielo piedad invoca.

Con la plegaria en la boca
cruzo la campiña helada
bajo la primer nevada
que el último sueño evoca...

El fuego mi padre aviva
y a los jóvenes cautiva
con sus relatos eternos.

Y dos pastores ancianos
calentándose las manos
conversan de otros inviernos

IV
El primer pesar...
Sacude el viento el ramaje,
cae la nieve silenciosa
como capullos de rosas
en el verdor del follaje.

Envuelto en su blanco traje
de invierno el campo reposa
y en la nevada copiosa
desaparece el paisaje.

Al pie de un árbol caído
a la orilla del sendero
lastimoso y aterido.

Divisa un pobre jilguero
deshecho el caliente nido
que hiciera en su amor primero.

V
Evocación
Ruda pasó la tormenta
sobre las rosas nevadas
que cayeron deshojadas
en el agua turbulenta.

Cae la tarde fría y lenta
y en sus ráfagas heladas
las ilusiones doradas
de mi corazón ahuyenta.

En su albergue la pastora
mejores tiempos añora
siente dolor infinito.

Al ver silencioso el prado
y sin flores y encharcado
el sendero favorito…


José E. Lagomazzini Franzón falleció en Sanlúcar, el 25 de abril de 1942, a los 53 años de edad, en la “Huerta de En Medio”, afectado de tuberculosis pulmonar.[83]
Dos años después de su muerte, en 1944, durante los actos celebrados con motivo de la VII Asamblea Eucarística Diocesana, en Sevilla, en la solemne sesión de apertura en la Catedral, donde se dieron cita las autoridades eclesiásticas y las propias de la orden de los capuchinos, organizadores del evento, “el joven don Luis Boado Escobar dio lectura a una bella poesía a la Eucaristía, del fallecido padre Lagomazzini. Seguidamente pronunció un bello y documentado discurso sobre la Eucaristía y la Orden Franciscana”.[84]
Con motivo del primer decenio del fallecimiento de Lagomazzini Franzón, en 1952, la revista Albricias, editada en Sanlúcar por Alejandro Zambrano, dedicó unas elogiosas palabras al poeta sanluqueño, acompañadas de dos sonetos del autor: Puesta de sol y La casa del poeta.

“El padre Lagomazzini. In memoriam”:
“Este año se ha cumplido el primer decenio del fallecimiento del fervoroso sacerdote Don José Eduardo Lagomazzini (q.s.G.g.), coadjutor de la parroquia de Santo Domingo.
Fue el 22 de Abril, cuando la Primavera no había alcanzado todavía el cenit de su floración alegre y taumatúrgica. Con él se abatió lo que era fundamento y sostén de su vida corporal: la materia. Lo otro, esa cosa sutil y etérea, que es el elemento vital de las almas escogidas, -la bondad y la ternura- viven en él y vivirán siempre, que por ser afectos que se nutren de lo inmortal, en la inmortalidad tienen su vivencia.
Quien era así, por fuerza tenía que ser poeta. Pero poeta entero, de una poesía que le brotaba libre y espontánea del corazón, al modo como la entendió Horacio, de quien era devotísimo. El Padre Lagomazzini jamás hubiera podido escribir dos pareados, de haber tenido que intervenir el cerebro en su composición.
Como muestra de ello, y como homenaje al que fue sacerdote ejemplarísimo y gran poeta, ALBRICIAS se complace en transcribir dos sonetos que la pluma del Padre Lagomazzini, guiada por su propio aliento cordial, puso en la levedad de dos cuartillas.
Que su alma viva en la paz.”[85]


***
                         Ana Gómez Díaz-Franzón
                         Historiadora

FUENTES DOCUMENTALES
AGAS. Archivo General del Arzobispado de Sevilla.
BOAS. Boletín Oficial del Arzobispado de Sevilla.
AHPC. Archivo Histórico Provincial de Cádiz.
AMSB. Archivo Municipal de Sanlúcar de Barrameda.

BIBLIOGRAFÍA Y HEMEROTECA
ABC-Madrid, 8 de agosto de1926; 13 de diciembre de 1927; y 26 de diciembre de 1928.
ABC-Sevilla, 22 de abril de 1972; y 22 de junio de 1944.
Albricias. “El padre Lagomazzini. In memoriam”. Sanlúcar de Barrameda, 1952
Anuario regional descriptivo, informativo y seleccionado de la industria, comercio, agricultura, profesiones, arte y turismo de la región de Andalucía y Norte español de África. Madrid, 1932.
BARBADILLO RODRÍGUEZ, Manuel: Olvidos históricos. Jerez de la Frontera, Gráficas del Exportador, 1977.
Bética. Sevilla, 15 de febrero de 1915.
Carnet del Verano. Sanlúcar de Barrameda: Imprenta Santa Teresa, 1932, 1933 y 1935.
CLIMENT BUZÓN, Narciso: Calles y plazas de Sanlúcar de Barrameda. Recorrido histórico. Sanlúcar: ASEHA, 2003.
-       Educando en silencio. La Salle (1905-2005). Sanlúcar de Barrameda. Ed. Comisión Centenario “La Salle San Francisco”, 2005.
-       Expiración y Esperanza. Historia y Retos de una Hermandad. Sanlúcar de Barrameda. Hermandad de la Esperanza, 2006.
-       Historia social de Sanlúcar de Barrameda. Del conformismo a la España como problema (1900-1923). Vol. 7. Sanlúcar de Barrameda: ASEHA, 2013.
-       Historia social de Sanlúcar de Barrameda. En la Dictadura de Primo de Rivera. En busca de nuestro pasado. Vol. 8. Sanlúcar de Barrameda: ASEHA, 2014.
CÓRDOBA, P. Fray Gonzalo de: Vibraciones de mi lira (Poemas). Pórtico de José E. Lagomazzini. Jerez de la Frontera: Tipografía El Santo Escapulario, 1928.
DAZA PALACIOS, Salvador: Cultura, sociedad y política en Sanlúcar de Barrameda: Historia de la Banda Municipal de Música (1852-1967). Sanlúcar de Barrameda: Pequeñas ideas editoriales, 2001.
El Correo de Cádiz. Cádiz, 28 de enero de 1918; 12 de febrero de 1918; y 28 de mayo de1918.
El Correo español. Madrid. “Desde Sanlúcar de Barrameda”, 5 de octubre de 1908; y 17 abril de 1919.
El Guadalete. Jerez de la Frontera, 11 y 12 de junio de 1904; 2 de octubre de 1905; y 24 de junio de 1905.
El Siglo futuro. Madrid, 31 de enero de 1912.
El Sol de Antequera, 11 de noviembre de 1928.
GARCÍA RODRÍGUEZ, José Carlos: Pedro Badanelli. La sotana española de Perón. Ed. Akron, 2008.
GARCÍA TEJERA, María del Carmen: Almáciga de olvidos. Antología parcial de poesía gaditana. Siglos XIX y XX. Cádiz: Universidad de Cádiz, 1999.
Guía del Veraneante. Carnet Oficial de Festejos. Sanlúcar de Barrameda. Julio de 1921. Editores: Alberto del Castillo y J. Luis González.
GUTIÉRREZ RUIZ, Antonio: Tradiciones religiosas de El Puerto. Editor Vision Net, 2007.
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Ilustración Católica. La Hormiga de oro. Barcelona, 1 de agosto de 1908; 2 de enero de 1909; y 17 de abril de 1920.
La Acción. Madrid, 17 de diciembre de 1917.
La Unión ilustrada. Málaga, 12 de julio de 1917.
Literatura Hispano-Americana. Suplemento ilustrado. Cádiz, julio de 1924.
PÉREZ DEL PRADO, Santiago: “La casa de hacienda”, en Blog Sanlúcar, recóndita ciudad.
PÉREZ DEL PRADO, Santiago: “Purificación Vila, Vda. de López-Spínola, Hija Predilecta de Sanlúcar”, en Blog Sanlúcar, recóndita ciudad.

***

NOTAS


[1] AGAS. Expedientes académicos. Leg. 109, Expte. 38. Certificaciones bautismal y de confirmación de José Eduardo Lagomazzini Franzón.
[2] Climent Buzón, 2013, Vol. 7, pp. 557-558.
[3] El Correo de Cádiz. Cádiz, 28 de enero de 1918.
[4] El Correo de Cádiz. Cádiz, 12 de febrero de 1918. El corresponsal confunde el segundo apellido de José Lagomazzini Mariscal.
[5] AGAS. Leg. 109, Expte. 38. Expedientes académicos. Certificación académica de José Eduardo Lagomazzini Franzón, expedida por el Instituto General y Técnico de Jerez en 20 de septiembre de 1905. Calificaciones:
1899-1900: 1º de Latín y Castellano; 1º de Geografía; y 1º de Religión (Sobresaliente); 1º de Matemáticas (Notable).
1900-1901: 2º de Latín y Castellano; 1º de Geografía e Historia; y 2º de Religión (Aprobado).
1901-1902: Nociones de Aritmética y Geometría; Geografía de España; Historia de España (Moderna y Contemporánea); Geografía Comercial; Aritmética; Geometría; Preceptiva y Composición; 1º de Francés; y 1º de Dibujo (Aprobado). 1º de Gimnasia (Certificado).
1902-1903: Historia Universal, Álgebra y Trigonometría (Aprobado); Francés de 2º (Notable); Cosmografía y Física del Globo, y Dibujo de 2º (Aprobado); Gimnasia de 2º (Certificado).
1903-1904: Fisiología e Higiene (Sobresaliente); Física (Aprobado); Psicología y Lógica (Sobresaliente, Matrícula de honor); Historia de la Literatura (Notable).
1904-1905: Química, Historia Natural, y Agricultura (Notable); Ética y Rudimentos del Derecho (Sobresaliente, Matrícula de honor).
Ejercicios realizados para obtención del grado de Bachiller, el 18 de junio de 1905: Primer ejercicio: Sobresaliente. Segundo ejercicio: Aprobado.
[6] El Guadalete. Jerez de la Frontera, 11 y 12 de junio de 1904.
[7] El Guadalete. Jerez de la Frontera, 2 de octubre de 1905 y 24 de junio de 1905.
[8] AGAS. Leg. 109, Expte. 38. Expediente académico de José Eduardo Lagomazzini Franzón. Solicitud de admisión en el Seminario de Sevilla (19 de septiembre de 1905); Concesión de admisión (28 de septiembre de 1905).
[9] AGAS. Leg. 109, Expte. 38.  Seminario Metropolitano de Sevilla. Expediente académico de José Eduardo Lagomazzini Franzón. Calificaciones:
Curso 1905-1906, Teología de 1º: Ontología, Cosmología, y Teodicea (Méritus).
Curso 1906-1907, 1º Teología: Teología General (Méritus); Lengua Hebraica (Beneméritus); Arqueología Sacra (Méritus).
Curso 1907-1908, 2º Teología: Teología Dogmática I; Teología Moral I; e Historia Eclesiástica I (Méritus).
Curso 1908-1909, 3º Teología: Teología Dogmática II; Teología Moral II; e Historia Eclesiástica II (Beneméritus).
Curso 1909-1910, 4º Teología: Teología Dogmática III; Teología Moral III, e Historia Eclesiástica III (Méritus). Sagrada Escritura I; Instituciones Canónicas I; y Sagrada Liturgia y Teología Pastoral, (Beneméritus).
Curso 1910-1911, 5º Teología: Cuestiones Selectas de Teología y Ciencias Afines (Beneméritus); Sagrada Escritura II (Meritísimus); Instituciones Canónicas II (Beneméritus); Patrología y Elocuencia Sagrada (Beneméritus); Sagrada Liturgia y Teología Pastoral II (Meritísimus).
[10] Curso 1911-1912, 1º Derecho Canónico: Instituciones de Derecho Canónico Público y Privado (Meritísimus).
Curso 1912-1913, 2º Derecho Canónico: Decretales, Derecho Romano y Patrio, y Penal (I) (Meritísimus).
Curso 1913-1914, 3º Derecho Canónico: Decretales, Derecho Romano y Patrio, y Penal (II) y Prácticas en tribunales (II) (Meritísimus).
[11] El Correo español. Madrid. “Desde Sanlúcar de Barrameda”, 5 de octubre de 1908.
[12] AGAS. Fondo Arzobispal, Sección II, Gobierno, Expedientes de Órdenes Sagradas, legajo 1410, Ramo 5, Núm. 6. Recibió la tonsura el día 18 de diciembre de 1908.
[13] AGAS. Ibídem. Legajo 1416, Ramo 4, Núm. 2.
[14] AGAS. Ibídem. Legajo 1412, Ramo 11, Núm. 11. La concesión del grado de diácono no consta en el expediente.
[15] Ibídem.
[16] AGAS. Ibídem, legajo 1413, Ramo 7, Núm. 7. Solicitud de dispensa de edad (9 de noviembre de 1911).
[17] AHPC. CA-8370. Testamento de Miguel Franzón Vicenti. Otorgado el 6 de septiembre de 1910. Notaría de José Luis Ruiz Badanelli.
[18] Anuario regional descriptivo, informativo y seleccionado de la industria... 1932, p. 93.
[19] Climent Buzón, 2013, Vol. 7, pp. 627-631.
[20] Ibídem.
[21] Ibídem, p. 629.
[22] Climent Buzón, 2013, Vol. 7, pp. 557-558.
[23] AGAS. BOAS de 1912 y 1913.
[24] Climent Buzón, 2013, Vol. 7, p. 588. Solicitud del padre Lagomazzini al Arzobispado del cargo de párroco de Santo Domingo (12 de septiembre de 1921). Este destino no consta en el BOAS.
[25] AGAS. BOAS, nº 782, de 1 de enero de 1914, p. 21.
[26] Climent Buzón, 2013, Vol. 7, p. 557.
[27]  Ibídem, p. 588. Solicitud del padre Lagomazzini (12 de septiembre de 1921).
[28] AGAS. BOAS. Nº 808, 1-1-1915, pp. 92-93.
[29] AGAS. BOAS, nº 832, 15 de enero de 1916, pp. 100-101.
[30] AGAS. BOAS. Nº 854, 2-1-1917, pp. 100-101.
[31] Climent Buzón, 2005, p. 97.
[32] Climent Buzón, 2013, Vol. 7, pp. 557-558.
[33] Climent Buzón, 2013, Vol. 7, págs. 588-591.
[34] Climent Buzón, 2013, Vol. 7, p. 588. Solicitud del padre Lagomazzini (12 de septiembre de 1921).
[35] Climent Buzón, 2013, Vol. 7, p. 591. El 19 de octubre el doctor Alfonso Espinosa tomó posesión de la parroquia, para la que había sido nombrado cura ecónomo el 23 de septiembre de 1921.
[36] Ibídem. Carta del padre Lagomazzini al Arzobispado (4 de octubre de 1921).
[37] En 1923, el párroco Espinosa Mena solicitó permiso para marchar a Cañete por enfermedad de su hermano; en diciembre del mismo año pasó veinticinco días en Atajate (Málaga), su pueblo natal, para reparar su “quebrantada salud”; en junio de 1924, “para dar las bendiciones nupciales” a su sobrino Francisco Espinosa del Río en Cañete la Real; unos meses después obtuvo otra licencia para solventar una testamentaría en Algodonales, de la que era albacea. En 1925 obtuvo permiso para pasar veinte días en la sierra, en Atajate (Málaga), “descansando de los trabajos parroquiales y reparando un poco su quebrantada salud”. En octubre de 1926 pasó otro mes de descanso en Atajate. En mayo de 1927 se ausentó de la parroquia veinte días para reponer su salud en Cañete la Real con su hermano, donde regresó en diciembre, tras la navidad, para pasar otros cuarenta días, con motivo de una bronquitis crónica. En la primavera de 1928, Alfonso Espinosa volvió a ausentarse veinte días de la parroquia, pasándolos en el cortijo de la Alcaidía, situado entre Algodonales y Olvera, con su sobrino Francisco Espinosa del Río. A mediados de diciembre volvió al mismo sitio para pasar otros cuarenta días, para reparar su delicada salud. Y el 16 de abril de 1929, Espinosa obtuvo nuevo permiso de dos meses. (Climent Buzón, 2014, Vol. 8, pp. 461-470).
[38] Climent Buzón, 2014, Vol. 8, pp. 461-470.
[39] Ibídem. Así lo hizo Lagomazzini. Entregó éste al coadjutor de San Nicolás las ciento veintidós pesetas que señalaba el habilitado. Dedujo también su nómina, ciento veintitrés pesetas con noventa céntimos, pues no le rebajaban por el concepto de uso de casa. En relación con las bulas del año, agregó Lagomazzini que tenía nota de las que él había distribuido, desconociendo cuáles había distribuido el señor Espinosa.
[40] Climent Buzón, 2014, Vol. 8, pág. 489-492.
[41] “José Lagomazzini, popularmente denominado en Sanlúcar como el cura Joselito, fue un excelente poeta”. (Climent Buzón, 2014, Vol. 8, p. 462).
[42] Junta Directiva de la Orden Tercera: fray Fabián Castilla, director; José Lagomazzini, maestro de novicios; Manuel Rodríguez Márquez, ministro; José María García, tesorero; Manuel Amigueti, secretario; y los presbíteros Francisco Casado y Rafael Cano. (Climent Buzón, 2014, Vol. 8, p. 650).
[43] Climent Buzón, 2006, p. 158.
[44] Manuel Barbadillo: Olvidos históricos, 1977, p. 173.
[45] José Carlos García Rodríguez, 2008; p. 35.
[46] Climent Buzón, 2014, Vol. 8, pp. 467.
[47] Recogido por M. Barbadillo, 1977.
[48] El Siglo futuro. Madrid, 31 de enero de 1912. Crónica de Barreda.
[49] M. Barbadillo, 1977.
[50] Bética. Sevilla, 15 de febrero de 1915.
[51] Climent Buzón, 2013, Vol. 7, pp. 638-640. La organización corrió a cargo del Consejo de la Sección Adoradora de Sanlúcar de Barrameda, el arcipreste Suárez, el capellán del santuario -Francisco Domínguez de la Cámara-, Luis Otero Maceas, José Colom Matheos, Antonio Sucre, el párroco de Santo Domingo –Manuel López González-, Domingo Saelices Pérez Marín, Francisco García de Velasco, Antonio Palma y Tomás Lunary.
[52] La Unión ilustrada. Málaga, 12 de julio de 1917.
[53] Literatura Hispano-Americana. Suplemento ilustrado. Cádiz, julio de 1924; pp. 27 y 36.
[54] La Acción, Madrid. 17 de diciembre de 1917; p. 2.
[55] La Unión Ilustrada. Málaga, 27 de diciembre de 1917.
[56] El correo de Cádiz. Cádiz, 28 de mayo de1918.
[57] Climent Buzón, 2005, p. 105.
[58] Climent Buzón, 2013, Vol. 7, pp. 557-558.
[59] M. Barbadillo, 1977, p. 175.
[60] Poema recogido por Manuel Barbadillo, 1977, pp. 238-239.
[61] Manuel Barbadillo, 1977.
[62] El Correo español. Madrid, 17 abril de 1919, p 4.
[63] Ilustración Católica. La hormiga de oro. Barcelona, 17 de abril de 1920.
[64] María del Carmen García Tejera: Almáciga de olvidos. Antología parcial de poesía gaditana. Siglos XIX y XX. Cádiz: Universidad de Cádiz, 1999; p. 213.
[65] Climent Buzón, 2013, Vol. 7, págs. 714- 716.
[66] Santiago Pérez del Prado: “La casa de Hacienda”, en Blog Sanlúcar, recóndita ciudad.
[67] Colección Santiago Pérez del Prado.
[68] Santiago Pérez del Prado: “Pura Vila, Vda. de López-Spínola, Hija Predilecta de Sanlúcar”. Blog Sanlúcar, recóndita ciudad.
[69] Climent Buzón, 2014, Vol. 8, p. 489.
[70] Manuel Barbadillo, 1977.
[71] Ibídem.
[72] Daza Palacios, 2001, p. 137.
[73] ABC-Madrid, 8 de agosto de1926; pp. 23-24
[74] Manuel Barbadillo, 1977.
[75] ABC-Madrid, 13 de diciembre de 1927; p. 30.
[76] ABC-Madrid, 26 de diciembre de 1928; p. 7.
[77] El Sol de Antequera. Sección “Bibliografía” 11 de noviembre de 1928; p. 9.
[78] ABC-Sevilla, 22 de abril de 1972; pp. 25-26.
[79] Climent Buzón, 2003, p. 384. A la cena en el restaurante Miramar asistieron nombres conocidos en la Sanlúcar de mediados de siglo XX, como Pedro Ruiz Badanelli, Antonio León Manjón, José Luis Acquaroni Fernández, Carlos Asquerino La-Cave, Constantino Pérez Barbadillo, Ángel del Río y Puerto, José Morgado Fuentes, Manuel Barrios Masero, Julio Asquerino Romo, el padre Lagomazzini, Eduardo Mendicuti Hidalgo, Alejandro Zambrano, y el homenajeado Manuel Blasco Garzón.
[80] Climent Buzón, 2014, Vol. 8, p. 599.
[81] Colección Santiago Pérez del Prado.
[82] Climent Buzón, 2005; p. 179.
[83] Climent Buzón, 2013, Vol. 7, pp. 557-558.
[84] ABC-Sevilla, 22 de junio de 1944.
[85] Albricias. Sanlúcar de Barrameda, 1952.



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