sábado, 23 de mayo de 2015

Hacienda El Charruado. Historia de una finca sanluqueña.


Texto publicado en formato papel en 2012; revisado y ampliado para esta edición digital en junio de 2015
Vista de El Charruado desde la carretera de Munive. Foto: Ricardo (Web Hacienda El Charruado)

Situada en una de las mejores zonas vitícolas del término de Sanlúcar de Barrameda, la tierra albariza y las brisas marinas garantizan en El Charruado la crianza de selectas vides, con cuyos frutos se han venido elaborando los excelentes vinos sanluqueños y, en especial, su famosa manzanilla.
Sobre una suave loma del actual pago agrícola El Charruado Pardo, antaño denominado pago de Doña Elvira, se extienden los límites de esta hacienda, que hoy ocupa un total de 41 aranzadas. En altozano asoma la majestuosa casa de viña, entre una vieja arboleda, dominando los terrenos que se han dedicado desde antiguo a viñedo, sembraduras y tierra calma.
Con entrada por la carretera de Sanlúcar a Rota, antiguo camino de Munive o del Administrador, El Charruado linda con otras dos históricas viñas: la hacienda Cuesta Blanca y El Maestre. Está última finca perteneció durante los primeros años del siglo XX a Carmen Giménez Flores, vizcondesa de Termens, llamada popularmente “La Infantona”, quien le otorgó esa llamativa imagen neomudéjar que hoy luce El Maestre.

Origen del nombre “Charruado”
El origen del nombre de esta hacienda, El Charruado, parece proceder de una antigua labor agrícola, propia de las viñas, que se efectuaba en fechas anteriores al siglo XIX, y se realizaba con la “charrúa” o arado francés, de tal forma que las tierras labradas mediante esta operación del “charruado” se denominaron “viñas charruadas”. Así lo explicaba el botánico Esteban de Boutelou en 1807:
“Usaban antiguamente los Sanluqueños, para preparar los terrenos que destinaban al plantío de viñas, de arados fuertes franceses, que nombraban charruas, de la voz francesa charrue. Uncían dos pares de bueyes robustos a cada uno de estos arados, que executaban una labor profunda e igual, substituyendo con mucho menor costo a el agostado que hoy practican con la azada. Duró por espacio de muchos años el uso de estos arados en Sanlúcar, de los cuales solo ha quedado en el día la memoria. El ahorro de jornales que resultaba al viñadero de la operación del charruado era un renglón de mucha consideración, que conocen generalmente todos aquellos cosecheros. (…) Los terrenos que antiguamente se prepararon y labraron con el arado francés, conservan hasta ahora el nombre de charruados (…) La duración de las cepas, su conservación, feracidad y producto en las viñas charruadas, es muy poco diferente en el día de las que se agostaron y corresponden a aquella época”.

Una historia centenaria
Como fue habitual durante el siglo XVIII en la baja Andalucía, esta finca estuvo en manos de la oligarquía mercantil procedente del comercio con América, cuyos sustanciosos beneficios se invirtieron en la compra de tierras y la agroindustria del vino. En el siglo XIX y gran parte del XX, la descendencia aristocrática y burguesa de aquellos cargadores a Indias, mantuvieron estas explotaciones agrícolas hasta que, casi siempre por motivos de herencia, quedaron fragmentadas en medianas y pequeñas parcelas, como ocurrió en este caso.


El Charruado antes la rehabilitación. Fachada lateral. Foto: Colección Familia Durán García.

La primera referencia documentada sobre El Charruado se remonta a 1824, cuando Juan Bautista Angioletti y Belloni heredó esta posesión de su madre, María de la Concepción Belloni. El padre de ésta, Juan Ángel Belloni, fue un importante comerciante con América. De origen milanés, se asentó primero en Cádiz y luego en Sanlúcar, hacia 1735, hallándose matriculado en la Carrera de Indias en 1751, aunque ya está presente en Veracruz en 1748. Siendo vecino de Cádiz, Belloni obtuvo la Carta de Naturaleza por Real Cédula en 1751, quedando así naturalizado español.


Sabemos que en 1750 Juan Ángel Belloni adquirió en el Barrio Alto de Sanlúcar, en lugar muy próximo a su casa (calle Luis de Eguílaz), un solar y el aledaño Coliseo de Comedias, donde construyó la bodega-granero que hoy se conoce como “Bodega Angioletti”, actual propiedad de Bodegas Barbadillo.
Es muy probable que, por esas mismas fechas, Juan Ángel Belloni comprase también la viña El Charruado, que bien contaría ya con la casa edificada, bien la construyó él mismo. Por tanto, el caserío de El Charruado se puede fechar, como mínimo, en la segunda mitad del siglo XVIII.
Juan Ángel Belloni tuvo tres hijos, Pedro, José María y Concepción, pero sólo sobrevivió su hija María de la Concepción Belloni, quien heredó tanto la bodega barrioalteña como esta finca El Charruado, por testamento de su padre (1773).
Concepción Belloni contrajo matrimonio con el gaditano Juan Bautista Angioletti, también de origen milanés y residente de Sanlúcar, cuyo padre, Antonio José Angioletti y Muñoz, ya natural de Cádiz, aparece igualmente matriculado en la Carrera de Indias en 1753 y obtuvo privilegio de hidalguía en la Real Chancillería de Granada en 1775.
El matrimonio Angioletti-Bellloni tenía su casona familiar en la calle de la Iglesia Mayor -actual calle Luis de Eguílaz-, que más tarde sería conocida como “casa de la marquesa del Pedroso” (en la actualidad convertida en pisos), por el título que ostentaron sus nietas y descendencia. Tuvieron tres hijos: Gonzalo, Juan Bautista y Pedro Angioletti y Belloni. En 1824 este último, que fue diputado de la Hermandad de Cosecheros de Vinos de Sanlúcar, heredó la bodega “Angioletti”. Por su parte, Juan Bautista obtuvo como legado la finca El Charruado.
Juan Bautista Angioletti y Belloni, vecino de Sanlúcar, ingresó en la Real Maestranza de Ronda en 1816. Además de comerciante y bodeguero, desempeñó un papel activo en la política local. En 1812 era diputado popular y llegó a ser Regidor del Ayuntamiento en dos ocasiones, como alcalde tercero (1823) y segundo (1838), por elección. Además, Juan Bautista Angioletti perteneció, por el sector de comerciantes al por mayor, a la primera Junta Económica del Consulado Independiente.
El Charruado antes la rehabilitación (c. 1980). Foto: Col. Familia Durán García.

El Charruado permanecerá en manos de Juan Bautista Angioletti y Belloni y de su esposa, Francisca Díaz de la Serna, hasta 1864, en cuya fecha, por fallecimiento de los anteriores, se procedió a la división de la finca entre sus ocho hijos. El grueso de la hacienda, por indiviso, pasó a ser propiedad de cinco hermanos, mientras que dos octavos –dos suertes de viña- fueron a parar a María de los Ángeles Angioletti y Díaz de la Serna y su hermana María Asunción Angioletti y Díaz de la Serna, respectivamente. Además, se segregó otra parcela para María Luisa Angioletti y Castelló, sobrina de Rosario Angioletti y Díaz de la Serna. Esta última, al ingresar en la comunidad religiosa de las Hermanas de la Caridad en Sevilla, cedió la parte que le correspondía a sus hermanos y el quinto de sus bienes a esta sobrina, hija de su hermano Juan.
Como compensación por no obtener parte proporcional en la casa, tanto María de los Ángeles como María Asunción gozaron de permiso para usar el agua procedente del aljibe existente en la casa, hasta que vendiesen sus terrenos a terceros. Asimismo, ambos terrenos quedaron libres de pagar cualquier rédito derivado de los dos capitales de censos con que estaba gravada la finca desde antiguo.
De esta forma, en 1864, la primitiva hacienda El Charruado quedó dividida en cuatro partes, que en 1988 fueron reunificadas y ampliadas, mediante las adquisiciones realizadas por su actual propietario, José Rodríguez Fábregas.
A)    La zona más extensa, donde quedó incluida la casa, fue inicialmente explotada por los hermanos Juan José, Luis, Antonio, José María y María Josefa Angioletti y Díaz de la Serna. Si bien, en 1867 María Josefa, siendo ya hermana de la Caridad en Sevilla, vendió su parte proporcional a sus cuatro hermanos, que realizaron una hipoteca sobre la finca para garantizar su pago, el cual aún no se había satisfecho en 1898, cuando murió María Josefa, haciéndose cargo de la testamentaría su sobrino, Juan Márquez de la Plata y Angioletti. Y en 1868 falleció José María Angioletti, soltero, dejando como único heredero de sus bienes a su hermano Luis.
Antonio y Luis Angioletti y Díaz de la Serna fueron abogados y ejercieron un cierto protagonismo en la vida social y política de Sanlúcar. Por ejemplo, Luis Angioletti fue concejal por elección en 1861 del Cabildo sanluqueño. Por otro lado, vinculado al mundo de la educación y la cultura, Juan José Angioletti formó parte de la Junta Local de Primera Enseñanza, entre 1881 y 1883; y fue muy aficionado a la pintura, presentando varias obras en la exposición de 1858 celebrada en Jerez por la Sociedad Económica, donde obtuvo una mención honorífica por el conjunto de su obra.
Pero las cosas no marcharon bien para los tres hermanos Angioletti respecto a la viña El Charruado. Acuciados por una constante falta de fondos económicos, se vieron obligados a solicitar varios préstamos hipotecarios sobre esta finca, como los facilitados por Francisca Díez de Argüeso (1877, 1879 y 1883); León de Argüeso (1879) sobre el esquilmo de esta viña; y José Hontoria Tezano (1879), además de la anterior hipoteca realizada para garantizar el pago a su hermana María Josefa. Le siguieron varias advertencias de embargo, hasta que en 1899 la finca fue vendida por los tres hermanos Angioletti, en pública subasta, a Miguel Durán Vallejo.


Miguel Durán Vallejo. Foto: Col. Familia Durán García.

Así, desde 1899 El Charruado pasó a ser propiedad de Miguel Durán Vallejo, farmacéutico, que por aquellas fechas ya tenía instalada su botica en la calle Santo Domingo, nº 40 (antiguo), donde hoy la mantienen sus descendientes. Durán Vallejo contrajo matrimonio, en primeras nupcias, con Juana Miler Ambrosy, quien procedía de dos familias con gran tradición vinatera en Sanlúcar. Una vez viudo, volvió a casarse con Carmen Ochoa Ruiz
Desde 1902, Durán Vallejo realizó varias hipotecas sobre esta finca, a favor de Florencio Ridruejo y Barrero (1902), Manuel Miler Ambrosy (1912) e Inocencia Santiago Rodríguez (1923), que fueron canceladas puntualmente; además de una venta con pacto de retro a Juana Ambrosy La Cave, entre 1908 y 1912, en cuyo último año el farmacéutico volvió a adquirir la finca por retroventa.


Miguel Durán Miler. Foto: Col. Familia Durán García.

Al fallecer Durán Vallejo, en 1928, El Charruado quedó dividido en tres partes, legadas a sus dos hijos, Miguel Durán Miler y Luis Durán Ochoa; mientras que un tercer terreno quedó en manos de su segunda esposa y viuda, Carmen Ochoa Ruiz. Las parcelas de estos dos últimos se encuentran integradas en la finca actual, por herencia y compra, respectivamente, de José Rodríguez Fábregas.
Miguel Durán Miler, también farmacéutico, casado con Carmen García de Diego, explotó su finca, donde quedó incluida la casa. Muy integrado en el sector vitivinícola de Sanlúcar, Durán Miler fue miembro de la Asociación de Propietarios y Arrendatarios de Viñas, formando parte de su directiva. A su fallecimiento, en 1969, heredó El Charruado su viuda, en usufructo vitalicio -extinguido por fallecimiento en 1987-, y sus ocho hijos, Durán García, quienes vendieron la finca a José Rodríguez Fábregas en 1988.

B)    La suerte de viña heredada por María de los Ángeles Angioletti y Díaz de la Serna, conformada por una aranzada y ciento cincuenta y ocho estadales, permaneció en manos de sus herederos hasta que en 1988 fue comprada por el actual propietario, José Rodríguez Fábregas, uniéndola a la original hacienda El Charruado.
María de los Ángeles Angioletti contrajo matrimonio con Manuel Márquez de la Plata y García (fallecido en Sevilla, 24.04.1909), quien había casado en primeras nupcias con Gertrudis de Alcocer. Uno de sus hijos, Juan Manuel Márquez de la Plata y Angioletti, nacido en Sevilla, que fue abogado, Caballero de la Orden de Alcántara y Maestrante de Zaragoza, contrajo matrimonio en Sevilla (1904), con su prima, Teresa Pastoriza Caamaño y Márquez de la Plata (Guayaquil, Ecuador, 15.10.1875 – Niza, Francia, 25.08.1931), hija del Presidente de la República de Ecuador y IV Marquesa de Casa Real.
Por haber quedado vacante, el título de Marqués del Pedroso en 1921, por fallecimiento de Félix Siloniz y Colarte, en 1925 los marqueses de Casa Real obtuvieron el título de Marquesa del Pedroso para su hija mayor, descendiente del primer marqués, María Teresa Pastoriza Márquez de la Plata y Caamaño (Madrid, 06.03.1905 – 23.10.1927), IX Marquesa del Pedroso, Terciaria Franciscana y Dama de la Real Maestranza de Caballería de Zaragoza, que falleció muy joven y aún soltera en 1927, por lo que el título pasó en 1930 a su hermana María Josefa Márquez de la Plata y Caamaño (Madrid, 15.12.1909 - ¿?), X Marquesa del Pedroso, la cual cedió el título por sucesión, en 1949 (convalidado en 1953), a su otra hermana, María Ángeles Márquez de la Plata y Caamaño (Madrid, 12.febrero.1907), XI Marquesa del Pedroso, casada con Joaquín de Ena y Urdangarín.
Esta rama de la familia, Márquez de la Plata, procedía de Pedro Adrián Colarte y Lila, uno de los hijos del I marqués del Pedroso, Pedro de Colarte y Dowers, de origen flamenco, nacido en Brujas, y naturalizado en Sanlúcar de Barrameda, que también se distinguió como cargador a Indias en el comercio gaditano y a quien Carlos II otorgó este título en 1690.
Los marqueses de Casa Real y del Pedroso estuvieron muy vinculados a Sanlúcar de Barrameda, donde solían pasar las temporadas veraniegas, en la casona familiar de la calle Luis de Eguílaz, más tarde rehabilitada para pisos. Algunos de sus descendientes aún conservan la costumbre de residir en la ciudad durante la época estival.
Desde finales del siglo XIX y buena parte del XX, la familia Márquez de la Plata-Angioletti mantuvo estrechas relaciones sociales con los duques de Montpensier y sus descendientes, los Infantes de Orleáns y Borbón. Así, los marqueses de Casa Real y del Pedroso no faltaban en las fiestas y eventos organizados por los Montpensier y, luego, por los Orleáns-Borbón; y éstos, en correspondencia, solían asistir a las celebraciones organizadas por la familia Márquez de la Plata, tanto en Madrid como en Sanlúcar. De igual modo, durante los años veinte del siglo XX, los marqueses de Casa Real y sus hijas, las sucesivas marquesas del Pedroso, pertenecieron al selecto círculo aristocrático de los “Caballeros” y “Brazo de Damas” de la Real Maestranza de Caballería de Ronda, la cual se hallaba encabezada por los reyes de España.

C)    La otra suerte de viña constituida, como la anterior, por una aranzada y cincuenta y ocho estadales, fue heredada en 1864 por María Asunción Angioletti y Díaz de la Serna (+Córdoba, 28.11.1909), que contrajo matrimonio con Juan Manuel Espinosa de los Monteros y Espinosa de los Monteros (Cádiz, c. 1800 - Montoro, Córdoba, 03.06.1879), III marqués de Monte Olivar, quien estuvo casado con anterioridad con María del Rosario Izquierdo y Lasaletta; y tenía fijada su residencia en Sanlúcar, de cuyo Ayuntamiento fue Regidor en 1820 y 1823.
Esta pequeña finca fue adjudicada por herencia, en 1910, a una de los ocho hijos habidos del matrimonio: María Asunción Clara Espinosa de los Monteros Aliega y Angioletti,  casada con Juan Manuel Angioletti Almadana. En 1937, ésta vendió la parcela a Mariano Odero Menacho, pero Miguel Durán Miler ejerció su derecho de retracto como convecino, quedándose con la viña aquel mismo año. Heredada por los ocho hijos de Durán Miler, fue vendida por éstos a José Rodríguez Fábregas en 1988.

D)   Por último, la parcela que heredó María Luisa Angioletti y Castelló también fue adquirida a sus herederos por José Rodríguez Fábregas en 1988.

José Rodríguez Fábregas reagrupó todas las partes segregadas de la primitiva finca El Charruado, a las que sumó unas tierras colindantes heredadas, con superficie de 12 aranzadas. Éstas habían pertenecido primero a su abuela, Rosario Batista Bernal, quien las adquirió en 1960; y luego a su padre, Manuel Rodríguez Batista.

La casa de viña

Fachada principal. Foto Ricardo. Web Hacienda El Charruado

La recia casa de la finca El Charruado presenta la tradicional imagen de las casas de viña propias del Marco de Jerez y bajo Guadalquivir. De amplias proporciones y carácter barroco, el caserón ocupa en planta 900 m2.
El exterior ofrece la sobriedad característica de las casas rurales de los siglos XVII y XVIII, sin concesiones decorativas. Sus potentes muros están configurados mediante estructura de carga de ladrillo y ripio de piedra. Revestidas de mampostería, sus fachadas se encuentran limitadas por densos guardacantones piramidales, de raigambre barroca, que flanquean y refuerzan los ángulos del edificio.

La casa está rodeaba de una arboleda, antiguamente más frondosa, que fue plantada por Miguel Durán Vallejo, cuando adquirió la finca en 1899, comenzando por cuatro esbeltas palmeras. Esta masa forestal se hacía más boscosa en el área de acceso a la zona residencial.


Portada de la fachada principal, antes de la rehabilitación (c. 1980).
Foto: Col. Familia Durán García.

En la fachada principal se sitúa la portada de la casa con mayor entidad arquitectónica, que aparece desplazada hacia la derecha. Está configurada por un sencillo hueco de acceso, adintelado y envuelto en amplio moldurón. Este amplio vano de entrada se encuentra coronado por un gran frontón curvo moldurado, sobre el que culminan tres remates piramidales sobre pedestales, a modo de almenas. Antiguamente sobre el central se erguía una cruz de forja, hoy desaparecida. En el tímpano de este frontón se abre un pequeño hueco con arco de medio punto, que alojó una campana, la cual fue derruida por un rayo, conservándose durante algún tiempo en el almacén de la casa. Este coronamiento, de formas clasicistas, estaba exento con anterioridad a las últimas obras, de forma que hoy ha quedado embutido en la estructura de la nueva planta elevada en este frente. 
Patio interior. Estado anterior a las obras. Foto publicada en Cortijos, haciendas y lagares, 2002

Aunque la actual edificación presenta planta casi cuadrangular, de estructura cerrada con patio central –infrecuente en las casas de viña-, parece muy posible que, en origen, este caserío tuviese forma de U, quedando uno de sus lados abierto (lateral derecho), cuya apertura serviría como almijar y facilitaría las labores de la viña y entrada y salida de bestias a las cuadras. Cabría pensar que este lado fuese cerrado a finales del siglo XIX o principios del XX, agregándose una bodega al nuevo volumen. Ello explicaría también la ausencia de galería de arcos hacia el patio que se detecta en este frente de la casa.

Interior. Foto Ricardo. Web Hacienda El Charruado

El edificio se estructura en dos plantas de altura, divididas al exterior por sencilla moldura de imposta. Las cuatro crujías vierten al patio central, en torno al cual se organizan las dependencias. Hacia el patio, en tres de sus frentes, la planta baja se abre mediante arcos de medio punto sobre pilares, mientras que en el piso superior todos los arcos son rebajados. En el centro de este espacio abierto aún se conserva un antiguo brocal del aljibe, de notable factura y planta octogonal, que está construido de fábrica con arco de medio punto y coronado con tres remates de perfil bulboso de raíz barroca, además de una cruz de forja superior.

Patio central. Foto Ana Gómez. Durante las obras.

En cuanto a la distribución, con anterioridad a la última reforma, el edificio contaba con todas las dependencias características de estas construcciones, esencialmente funcionales, dispuestas para servir a las labores de la explotación agrícola. Así, en 1899, la casa estaba “compuesta de piso bajo y principal, con bodega; habitaciones para los dueños, trabajadores, capataz, casero, soberado, cuadra, pajar, cocina, colgadizo, comedor, lavadero, aljibe y corral”. También contó con una capilla, como era habitual en estos cortijos, que más tarde sirvió para almacén. A las funciones religiosas celebradas en la capilla de El Charruado no sólo asistirían los trabajadores de la finca, sino también los vecinos del pago, entonces con población muy dispersa.

Antigua distribución. Croquis publicado en Cortijos, haciendas y lagares, 2002 

Todas estas piezas quedaban organizadas en torno al patio central, en origen empedrado. El piso bajo contenía las estancias propias de las labores de viña y fermentación de mostos, así como las viviendas del capataz, casero y los trabajadores eventuales ("casa de la gente"). 

La planta alta quedaba reservada para habitación de los propietarios, durante las temporadas que pasaban en el campo. Esta zona residencial, que vertía hacia el área boscosa, tenía entrada independiente, cubierta con amplia marquesina, a la que se accedía mediante breve escalinata. Desde las ventanas de estas estancias nobles, orientadas hacia el Atlántico, se disfrutaban hermosas perspectivas del paisaje sanluqueño. Al entrar se accedía a un hall, flanqueado por dos bodegas, que actuaba como distribuidor de las dependencias. En lugar próximo se hallaba la escalera original de acceso a la planta superior, la cual se cubría con una lucernario que ofrecía una curiosa particularidad: sólo el día de San Lucas (18 de octubre) dejaba entrar la luz directa del sol, a la caída de la tarde, iluminando el interior hasta el fondo. Desde esta fachada, un paseo marcado por dos hileras de árboles de laurel guiaba hasta el borde de las viñas.


Fachada posterior. Acceso a zona residencial. Anterior a la rehabilitación (c. 1980).
Foto: Colección Familia Durán García.

A parecer, a principios del siglo XX, Miguel Durán Miler introdujo los lagares de pisa de la uva, que en los años 60 fueron sustituidos por lagares hidráulicos. Aún se conserva en la finca alguna de las antiguas prensas vinícolas.

Foto Web Hacienda El Charruado

En el exterior, frente de la fachada principal, se mantiene una vetusta alberca que comunicaba con el pozo de la finca, llamado de “Doña Elvira”, desde el que, mediante un molino, se trasladaba el agua hasta la alberca, para suministrar agua potable a los trabajadores y residentes en la hacienda. De este mismo pozo también llegó a abastecerse un tiempo la vecina casa de la viña El Maestre.


Fachada principal (c. 1980). Foto: Colección Familia Durán García.

En el reciente Plan de Ordenación del Territorio de la Costa Noroeste de Cádiz (2011), esta casa de El Charruado, junto a sus vecinas de Cuesta Blanca y El Maestre, está considerada, dentro de las “Zonas y elementos de protección” y “Recursos culturales de interés territorial”, como “Edificación rural de interés”. Por otro lado, algunos estudios han puesto de manifiesto la importancia arqueológica de la hacienda de El Charruado como yacimiento de época romana, donde pudo erigirse una villae rústica.

Obras de rehabilitación
En 2012, su actual propietario, José Rodríguez Fábregas, casado con Encarnación Martínez Mellado, ha efectuado obras de rehabilitación en la casa de El Charruado, que llevaba bastantes años en estado ruinoso.
Manteniendo la estructura general de los muros, se han eliminado las tabicaciones interiores del edificio, para liberar los amplios espacios de las naves que circundan al patio central, tanto en planta baja como en la principal, quedando todas sus crujías diáfanas.
Fachada posterior. Foto Ana Gómez. Tomada durante las obras.
La casa ha sido ampliada mediante la elevación de una planta en sus frentes principal y lateral izquierdo, en origen de planta baja. Estos nuevos volúmenes han venido a igualar la altura ya existente en los otros dos frentes de la edificación, que desde antiguo constaban de planta baja y alta. Asimismo, la ubicación de la nueva escalera, en la crujía lateral izquierda, ha dado lugar a la elevación de un pequeño volumen cuadrangular, que sobrevuela sobre los tejados, a modo de mirador.
Interior. Foto Ana Gómez. Durante las obras.
Se han repuesto todos los techos interiores con viguería de madera y tablazón, así como las cubiertas externas, compuestas de teja curva árabe, que mantienen las curvaturas ancestrales en los voladizos, propias de las casonas barrocas.
En los muros exteriores se han equilibrado los vanos, de forma simétrica, abriéndose nuevos huecos de ventanas, todos adintelados, enmarcados en ladrillo visto y cerrados con rejas de forja. Algunos de los antiguos huecos conservan su primitivo tejaroz.
También se han colocado barandillas ornamentales en los arcos superiores que vierten al patio y se han cerrado todos estos vanos interiores con carpintería metálica acristalada. Por último, todos los paramentos han sido enfoscados y pintados; y se han efectuado nuevas acometidas de abastecimiento de agua y electricidad.

Hoy la casona de El Charruado está destinada a la organización de eventos y celebraciones. Su rehabilitación fue inaugurada el 7 de septiembre de 2012.

                       Ana Gómez Díaz-Franzón



Web Hacienda El Charruado: http://haciendaelcharruado.blogspot.com.es/


Fuentes documentales 
A.R.P.S.B. – Archivo del Registro de la Propiedad de Sanlúcar de Barrameda
A.M.S.B. – Archivo Municipal de Sanlúcar de Barrameda

Colección fotográfica de la familia Durán García.

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